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Una vergüenza

Una vergüenza

OPINIóN IR

01/09/2015 A A
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Una vergüenza
A veces pensamos, ingenuamente, que a medida que avanzan los tiempos el mundo va progresando, que la gente es más buena, más educada, más civilizada, más libre, más auténtica… Ciertamente, si miramos hacia atrás y nos comparamos con otras épocas veremos que se ha avanzado mucho, en líneas generales o a nivel teórico, en principios. Pero, en la práctica, resulta vergonzoso y escandaloso el comportamiento de los seres humanos en pleno siglo XXI. Como muy bien dijo el Papa, refiriéndose al tema de la inmigración, es una vergüenza. En efecto el ver, como hemos visto a lo largo de este verano, cómo la presuntamente civilizada y cristiana Europa está mirando para otra parte, con una indiferencia que clama al cielo, resulta indignante.

Todos los seres humanos, sea cual sea el color de su piel, su religión, sus posibilidades económicas, su país de origen, son iguales en dignidad. Nadie es más que nadie. Cuando estamos viendo cómo cada día se está traficando con seres humanos, cómo el mar Mediterráneo se está convirtiendo en un cementerio o se asfixian en las bodegas de los barcos en los camiones sin hacer nada para evitarlo, es porque nuestra sociedad está gravemente enferma. ¿Qué pintan nuestros políticos? ¿Para qué sirve la autoridad internacional?¿A qué dedican el tiempo los tan bien remunerados eurodiputados o los representantes de la Organización de Naciones Unidas? Da la impresión de que lo único que les preocupa es el llegar a fin de mes para cobrar sus suculentos sueldos?

Probablemente muchos hombres y mujeres de buena voluntad, incluidos cristianos, estarían dispuestos a colaborar para que estas situaciones se terminaran, pero faltan verdaderos líderes. Dígase otro tanto de la indiferencia con que parece afrontarse el tema del terrorismo, como en el caso del mal llamado Estado Islámico. Ya sabemos que las guerras no suelen ser la mejor solución a los problemas, pero a veces pueden ser justas y necesarias, sobre todo cuando algunos no entienden de diálogo ni de razonamientos de ningún tipo. No se trata de solucionar los problemas mediante la violencia, pero sí de evitar males mayores.
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