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¿Una piscina de bolas en el ballet de París?

¿Una piscina de bolas en el ballet de París?

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Una imagen de espectáculo de danza ‘Play’ con coreografía de Alexander Ekman. Ampliar imagen Una imagen de espectáculo de danza ‘Play’ con coreografía de Alexander Ekman.
Javier Heras | 17/12/2020 A A
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¿Una piscina de bolas en el ballet de París?
Danza contemporánea Con el estreno mundial de ‘Play’, el coreógrafo sueco Alexander Ekman revoluciona la capital francesa. Su nuevo ballet abstracto en dos actos se exhibe este jueves a las 19:45 horas en Cines Van Gogh con aforo limitado
Del sueco Alexander Ekman siempre cabe esperar sorpresas. En 2014 ya hizo bailar sobre el agua (y salpicar, y chapotear) a los protagonistas de su versión de ‘El lago de los cisnes’. Al año siguiente, emuló una plantación de trigo en ‘Sueño de una noche de verano’. Su debut en el Palais Garnier de París no decepciona: cuerpos suspendidos en el aire, plataformas, simetrías… y una lluvia de pelotas de plástico. Empiezan a caer como si de una tormenta se tratase, mientras los bailarines abren sus paraguas. Así hasta que el escenario, como en un gigantesco parque infantil con su piscina de bolas, se ha llenado de 40.000 pelotas verdes.

Lejos de limitarse al golpe de efecto, todo esto responde a una intención: ‘Play’, su nuevo ballet abstracto en dos actos, trata –como dice el título– del juego. De su importancia, de cómo lo abrazamos en la niñez, de la alegría, la experimentación, el placer de jugar sin filtros. Y del peligro de olvidarnos de él. La primera parte, de color blanco, muestra la diversión de la infancia mediante acrobacias, cuerdas y todo tipo de objetos. En la segundo, el tono cambia: gris, sombrío (también el vestuario), consecuencia de las responsabilidades de la edad adulta; eso incluye el trabajo, la sumisión a la autoridad, la obsesión con los horarios de la sociedad industrial y con lo productivo. Los movimientos, antes fluidos, se vuelven mecánicos, repetitivos, con guiños a Chaplin y sus ‘Tiempos modernos’ o a Tati y su ‘Playtime’.

Esta grabación de invierno de 2017, que agotó entradas de las 25 funciones y asombró a la crítica, se podrá ver en Cines Van Gogh este jueves a las 19:45 horas. En ella, el cuerpo de ballet de la capital francesa, con 37 bailarines, se enfrenta a una propuesta audaz. Por un lado, en su coreografía, mezcla de vocabulario clásico y contemporáneo, enérgica y repleta de ritmo y de síncopas. Por otro, en el decorado (diseñado por el propio Ekman, igual que el vestuario, minimalista), con elementos flotantes, estructuras metálicas, composiciones visuales, perspectivas. Y, desde luego, en la música original de su compatriota Mikael Karlsson (1975). En su octavo proyecto juntos, evita la orquesta estándar y reúne a una formación sorprendente: cuarteto de saxofones, quinteto de cuerdas, percusionista y una cantante gospel, la estadounidense Callie Day. Elevados por encima del foso y del escenario, sorprenden con una partitura rítmica, cruda y hermosa, propia del jazz moderno.

Alexander Ekman (1984) está considerado uno de los nombres esenciales del ballet de este siglo, un agitador de la escena contemporánea. Formado en el Royal Swedish Ballet (1994-2001), bailó en el NDT neerlandés y el Cullberg de Estocolmo hasta que, con apenas 22 años y tras solo un lustro como profesional, se volcó en la creación. Ha elaborado más de 50 trabajos para compañías como Viena, Montecarlo, Goteborg, Berna, Boston o Sydney. Con Cacti aspiró al premio Olivier en 2010, y ha alzado el National Dance Award y el Faust. Siempre innovador, también dirige documentales, es músico y locutor de radio, colabora con Mats Ek o con Alicia Keys y ha creado instalaciones para el Museo de Arte Moderno de Estocolmo.

En la espectacular ‘Play’, que a ratos recuerda a Pina Bausch, evoca la época de la infancia con una coreografía rápida, engarzada con inteligentes transiciones y llena de inventiva, precisión y capacidad de sorpresa. Aparte de entretener, lanza preguntas y reflexiona sobre el significado del juego y de la madurez. Y lo hace sin perder su ironía, sus toques de humor absurdo y hasta cierta excentricidad.
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