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Una montaña de tradición

Una montaña de tradición

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La güeste de los muertos recorrió las oscuras calles de Riaño, sólo iluminadas por las antorchas de la Santa Compaña riañesa. | ANTÓN GONZALEZ Ampliar imagen La güeste de los muertos recorrió las oscuras calles de Riaño, sólo iluminadas por las antorchas de la Santa Compaña riañesa. | ANTÓN GONZALEZ
Fulgencio Fernández | 04/11/2019 A A
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Una montaña de tradición
Cultura La güeste de los muertes y la recreación de La Vieja del Monte marcaron las actividades del puente de los Santos en dos pueblos de la comarca de Riaño, la propia localidad de Riaño y la vecina Carande. Tradición en estado puro
Cierto que las calles de la mayoría de las localidades se llenaron de sangre y disfraces propios de las celebraciones de halloween, que han irrumpido en nuestras fiestas con la fuerza de quienes llegan empujadas por las modas, el comercio y las ganas de diversión de los más jóvenes «con lo que sea» para uno de los puentes más tradicionales del calendario, el de Todos los Santos, que este año coincidía ‘bien’ al ser la celebración central el viernes.

Pero también es cierto que van «creciendo» celebraciones que se alejan de la invasión halloween y apuestan por las tradiciones de sus propias comarcas. Las más significativas han sido este años dos procesiones de la güeste, en dos pueblos de la montaña, la recreación de la leyenda de La Vieja del Monte, en Carande; y numerosos magostos, entre los que se podría recordar el celebrado en Murias de Ponjos para conmemorar la reconstrucción de la Casa Forno, el viejo horno comunero de la localidad.

Las más llamativas, impresionantes por momentos, han sido los regresos de esa Santa Compaña que allí llaman la güeste. Villalfeide, que fue la primera en celebrarlo hace tres años, y Riaño, han sido quienes han apadrinado el regreso de los muertos vivientes a sus calles.

Ya se ha escrito en estas páginas de Villalfeide y en Riaño aún se recuerda con el corazón encogido esta procesión de catorce almas en pena que tomaron las calles con sus antorchas cuando la noche se hizo más oscura. Se apagó el alumbrado eléctrico y así la localidad del pantano quedó sumida en una oscuridad en la que la luz sólo se rompía con los resplandores de las antorchas que dibujaban difuminadas y siniestras siluetas; el silencio sólo se rompía por la esquila de la güeste, que anunciaba la llegada de personajes que invitaban con sus vestidos y máscaras más al miedo que a la fiesta.

Dejó una extraña sensación agradable mezclada con miedo esta güeste que, a buen seguro, regresará a las calles de Riaño; como también lo hará a las de Villalfeide.
No fue menos entrañable, aunque diferente, la celebración de la cercana localidad de Carande, donde se recreó otra vieja leyenda de la Montaña, la de La Vieja del Monte.
Contaron en la localidad con una ‘vieja’ de excepción, la actriz leonesa Inés Diago, irreconocible en su caracterización de la anciana bondadosa que enviaba regalos a los niños.
La propia Diago señalaba su alegría por haber podido participar en la recreación con los vecinos de Carande: «¡Pero qué feliz me ha hecho hoy la Vieja’el Monte! Contando las historias de Marcelino, Dolores o Federico y abriendo la caja que escondía el secreto más maravilloso, único e irrepetible del mundo. Y cuánto rapaz se juntó en Carande al abrigo de la tradición y la leyenda!».

Sería un regalo de La vieja.
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