Publicidad
Una maravillosa matrioska abandonada

Una maravillosa matrioska abandonada

CULTURAS IR

La periodista y escritora gordonesa Noemí Sabugal con la publicación. | CÉSAR SÁNCHEZ (ICAL) Ampliar imagen La periodista y escritora gordonesa Noemí Sabugal con la publicación. | CÉSAR SÁNCHEZ (ICAL)
José Ignacio García | 17/10/2020 A A
Imprimir
Una maravillosa matrioska abandonada
Literatura José Ignacio García realiza la reseña del último libro de Noemí Sabugal 'Hijos del carbón'
‘Hijos del carbón’
Noemí Sabugal
Alfaguara
Ensayo literario
336 páginas
18,90 euros


Llega este libro al mercado precedido y avalado por un ruido mediático atronador. "Una obra única y emocionante", reza en su fajín; y algunas de las voces más preclaras de la literatura actual lo califican en su solapa como uno de esos libros necesarios que todo el mundo estaba esperando, como un colosal cortafuegos contra el olvido o como la crónica impresionante de la verdadera España negra que nadie había escrito aún.

Por supuesto que el respaldo de la editorial Alfaguara y la ya contrastada categoría literaria y periodística de Noemí Sabugal deberían ser aval más que suficiente para dar crédito a todas esas afirmaciones. Pero uno que, a fuerza de recoger los cristales rotos de demasiadas expectativas defraudadas, peca con frecuencia tanto como el santo aquel, y que necesita leer para creer, quería ver con sus propios ojos lo que otros enaltecían con sus particulares miradas.

Pero me ha bastado con asomarme a ese pórtico evocador que la autora dedica a sus abuelos para notar el cosquilleo del flechazo y sentir el enamoramiento que merecen a primera vista los libros que nunca se pueden olvidar.

Asegura la escritora en las postrimerías que "las cosas que deslumbran no siempre son las que brillan". Y tiene razón. Nada puede haber más sucio, opaco y subterráneo que el carbón. Nada, pese a ser fundamental durante décadas, se ha podido olvidar con más facilidad, con el simple relevo de las cocinas bilbaínas por las placas de inducción vitrocerámica. Pero para poner las cosas en su sitio, estaba ella, nieta e hija de mineros que lleva el carbón en la masa de su sangre; porque, como vaticinó Julio Llamazares, Noemí Sabugal estaba condenada a escribir este libro.

‘Hijos del carbón’ es, aparentemente, un ensayo. Pero en realidad es mucho más que eso. Es un libro de libros, algo así como una de esas maravillosas matrioskas rusas que al abrirse muestran una muñeca y luego otra y otra y otra. Tras el envoltorio de un ensayo concienzudo se esconde un diario escrito en primera persona por la protagonista, y un cuaderno de viajes por las diferentes cuencas mineras de la geografía española, y una guía turística, demográfica, cultural, gastronómica, botánica y zoológica, abigarrada de testimonios conmovedores, de conversaciones entrañables, de recuerdos y añoranzas de personas que sufrieron la extinción de un sector industrial que acumuló centenares de víctimas y que raramente fue justa con aquellos que lo hicieron posible: mutilados algunos, silicóticos prejubilados muchos, huérfanos y viudas bastantes, y todos con la sensación de que el futuro para los supervivientes del carbón es casi tan negro como su pasado.

En ‘Hijos del carbón’ hay mucha documentación, mucho kilometraje, muchas maletas de viaje preparadas con la impedimenta imprescindible; pero también hay mucha ternura, mucha pasión, mucha nostalgia, mucha reivindicación de derechos y una literatura prodigiosa, culminada en muchos de sus párrafos por frases dignas de conservar, en las que unas veces la poesía y otras el sarcasmo más punzante dejan una huella tan honda como la herida de un barreno en un pozo de lignito.

Dice Noemí Sabugal que los libros no se terminan, sino que se abandonan. Pues este es un libro magníficamente abandonado, un homenaje a la memoria de miles de mineros que durante un par de siglos escribieron con sudor y antracita la historia reciente de este país.

Y digo yo que –ahora que se acercan las navidades– no se olviden de pedir a los Reyes Magos que les traigan –esta vez sí– carbón literario. Si es que la impaciencia lectora les deja aguardar hasta entonces.
Volver arriba
Newsletter