Un secreto a voces

Un secreto a voces

OPINIóN IR

11/05/2022 A A
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Un secreto a voces
El primer caso de espionaje registrado en el entorno del gobierno fue el robo del móvil a Dina Bousselham por Pablo Iglesias, para fisgar en su vida privada. Luego vendrían más, pero lo que nos inquieta es la sustracción de información para la seguridad del Estado.

Los responsables se sienten desbordados y aducen excusas absurdas. Margarita Robles, obligada por su cargo, habla de «seriedad», pero solo aporta meras evasivas. Algo parecido, lo de la mujer opaca, Paz Esteban, que habla de «compromiso con la legalidad». Ella sabrá lo que quiere decir, salvo que hable en código cifrado.

Ridículo total, el victimismo de Sánchez y Margarita, diciendo que ellos también fueron investigados. Unas palabras que suenan a patio de colegio y no son nada tranquilizadoras. Porque Marruecos no descansa. El neófito Bolaños, dice que «es algo muy grave» pero no sabe el qué, ni el porqué. Enviado al ojo del huracán, no convence a los separatistas que piden la cabeza de Esteban, de Robles y ponen en un brete a Sánchez. Sin que sirva de precedente, coincido con ellos en que alguien tiene que pagar los daños.

Los etarras de Bildu, dicen «que hay que espiar a los demás centros de espionaje» –empezando por ellos, digo yo–. Y el PNV repara en «el mal olor del asunto». Por mal que les haya sentado esta jornada de ‘puertas abiertas’ sacarán tajada, porque el daño se cura recibiendo más fondos del Estado y privilegios. Como en León, pero a la inversa: perder y no recibir nada (como saben los ciudadanos de La Robla).

El descrédito de Sánchez no depende tanto de la oposición, como de sus socios bastardos, enfrentados con su política: Desde lo de la ‘democracia’ cubana; el caso Ghali; la postura soviética en la guerra en Ucrania; el chavismo y este último episodio, son una afrenta constante. Una crisis que debería llevar al jefe de gobierno a ejercer una buena purga o convocar elecciones.

Hablando de espionaje, no puedo obviar a un especialista en serio. Julian Assange, un hacker cuya labor investigadora le valió la desgracia y la miseria de una vida errabunda. Entre otras cosas, extrajo información del Pentágono, que pudiera haber evitado una guerra o una invasión, como acostumbra EEUU. En el mundo occidental de las democracias y libertades, fue sentenciado a muerte por supuestos amigos, periodistas y políticos. El propio Trump dijo: «Assange debe ser eliminado». Lo que Jomeini hizo con Salman Rushdie, lo quieren replicar en Assange. No pedimos tanta pericia a los hackers del gobierno, pero, al menos, que se tomen en serio su trabajo.
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