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Un nuevo Gamonal: el Waterloo de Igea y Mañueco

Un nuevo Gamonal: el Waterloo de Igea y Mañueco

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| 17/06/2019 A A
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Un nuevo Gamonal: el Waterloo de Igea y Mañueco
Lo pequeño es hermoso Por Valentín Carrera
Hoy se abre en muchos ayuntamientos de España un tiempo nuevo; en otros tendrán que seguir remando los mismos condenados a galeras. En mi ciudad, Ponferrada, acabó por fin el Cuatrienio Negro, que pasará a los archivos sin pena ni gloria. Es tiempo de pasar página, olvidar lo negativo y apostar por la esperanza. Es tiempo de resetear la política.
Espero que la nueva corporación municipal de Ponferrada acabe con la costumbre pastosa de algunos concejales, de iniciar sus intervenciones en el pleno con la fórmula «Con la venia», e incluso pudo oírse muchas veces «Con la venia de su señoría».

La muletilla es tan ridícula e impertinente —en el sentido literal de no pertinente, impropia— que solo puede ser motivo de risa, salvo que haya algo más grave detrás del postureo: la verdadera ausencia de talante democrático.

«Con la venia» es una fórmula de cortesía y sumisión, feudal y viejuna, cada vez más en desuso, exclusivamente jurídica, que emplean el abogado o el fiscal al comienzo de un alegato ante el juez. He seguido como cronista parlamentario cientos de plenos en las Cortes, en el Parlamento Gallego o en capitales no menos importantes que Ponferrada, y jamás escuché a ningún portavoz iniciar su discurso con semejante extravagancia.

¿Por qué? Porque es una costumbre reservada al foro, donde el juez o el tribunal representan al poder judicial; por el contrario, en los plenos municipales todos los concejales y concejalas representan por igual la voluntad popular; y todos los diputados y parlamentarios comparten alícuotamente la soberanía popular.

«Venia», del latín venia-ae, significa favor, indulgencia, permiso. En un parlamento o en una corporación democrática, los representantes elegidos no piden permiso ni favor, hablan porque es su derecho, que emana de los votos, no del señor alcalde. La función del alcalde o alcaldesa es presidir y organizar el debate, sin que ningún concejal le rinda pleitesía.

En el caso de Ponferrada, la ausencia de sentido democrático durante el Cuatrienio Negro convirtió la excentricidad en norma; y así, con apariencia de buenas formas —solo apariencia, porque cruzaban el aire cuchillos afilados— se tapó y frustró el verdadero debate.

El verdadero debate democrático es la discusión educada y respetuosa con el adversario, la confrontación de pareceres y opiniones; leer, estudiar y compartir la información, facilitar la transparencia, escuchar y aprender; en definitiva, cooperar entre todos los miembros de una corporación a la formación de criterio, a la construcción de consensos y a la toma de decisiones positivas para la ciudadanía.

Cuando todo esto falta y se sustituye el diálogo por el monólogo y las razones por los insultos, el ágora se convierte en un espectáculo en el que se prodigan compraventas, descalificaciones, venias, halagos y empalagos.

La degradación de la política y el desprestigio de la democracia es el caldo de cultivo infecto que conviene a los feriantes de la política, a los tratantes de votos, a cuyo chalaneo hemos asistido en las últimas semanas, y lo que te rondaré, morena, hasta que Igea, con su nueva mochila cargada con las piedras de décadas de corrupción, caiga del guindo...

La feria de los mercaderes de votos —te cambio Castilla y León por las alcaldías de Burgos y Palencia y dos diputaciones de esas que vamos a suprimir— ha alcanzado tal grado de sinvergüenza que la indignación de la ciudadanía acabará reventando contra los vendepatrias atrapados en la Enredadera de sus acuerdos ocultos y sus contratos bastardos.

No se sorprendan, y quede aquí escrito para las hemerotecas, si estalla un nuevo Gamonal en Burgos y otro en Palencia, y un nuevo 15M de cabreo y desobediencia civil en toda Castilla y León, un Gamonal II que será el Waterloo de la pareja de moda, Igea y Mañueco.

La necesidad de regenerar la democracia nos interpela a todos, pero directamente a los recién elegidos representantes municipales, provinciales, autonómicos, estatales y europeos. Necesitamos limpieza y regeneración en todas las instancias políticas, empezando por las viejas corporaciones municipales y autonómicas, perforadas por la carcoma de la corrupción.
Necesitamos la confrontación de ideas, y te escucho con respeto y me sumo a tu propuesta si me convences y me haces ver con argumentos que es mejor que la mía, y que es buena y beneficiosa para la ciudad. La democracia no consiste en vencer, sino en convencer con educación democrática y de la otra, la que se aprende en casa y en la escuela.

Nos jugamos mucho en la limpieza, la transparencia, las buenas maneras democráticas y el respeto mutuo, ahora que la extrema derecha asoma las pezuñas del neofascismo en España y en toda Europa. Nos jugamos la igualdad, la justicia y la libertad. Por todo ello, por esa democracia cautiva y en peligro, no me cansaré una y otra vez de decir «Hablemos» (fue el título de mi serie documental, Linatakalam, patrocinada en 2006 por la Alianza de Civilizaciones, de la que estoy muy orgulloso). «Dialoguemos. Parlem». Escúchame con respeto y con respeto te escucho. Sin la venia.
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