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Un nazi por Acevedo

Un nazi por Acevedo

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Fulgencio Fernández | 05/10/2020 A A
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Un nazi por Acevedo
Cultura El leonés Ángel Pajín, natural de Acevedo, ‘trae’ a su tierra la trama de su novela ‘Las claves del dodecaedro’, una historia ambientada en la guerra civil con la caída de un avión nazi en el pueblo y la desaparición misteriosa de su piloto, eje central de una trama cargada de sorpresas e historia
Hablar con Ángel Pajín Álvarez sobre su tierra y su lugar de nacimiento ya ofrece una primera ventaja, no menor, y es que sabes cómo se escribe el nombre de su pueblo, Acevedo, escrito con be en muchos documentos y señalizaciones de carretera. «No tiene ningún sentido, podría explicarlo largo y tendido, lo he estudiado a fondo, y en corto te diría que la defensa y el razonamiento de quienes nos apuestan por Acebedo, de acebo, nos llevaría a la conclusión de que antes de los romanos no tenía nombre, algo sin ninguna lógica».

Tan solo es una anécdota de la implicación de este leonés en la vida de su pueblo, Acevedo, donde vivió hasta los once años y al que regresa con mucha frecuencia. Es uno de esos leoneses universales que jamás quita del retrovisor la imagen de su pueblo. Todo un personaje, licenciado en Filosofía en Roma, realizó estudios de Psicología en Alemania, licenciado en Filosofía y Letras en la Complutense madrileña, en Filología Francesa en la Sorbona, catedrático, editor... en fin, una de esas impresionantes biografías que además suma la condición de escritor.

Y en su última novela, ‘Las claves del dodecaedro’, regresa de alguna manera a su tierra, a Acevedo, a Tarna, a Mampodre, aunque ha variado mínimamente los nombres pues hablamos de ficción, novela: Ceaveda, Taranis, Manus Putare...

Una trama novelesca, con un piloto de la Legión Cóndor, la guerra en el Frente Norte, la época del Consejo Soberano de Asturias y León (1937)... en la que el respeto por los hechos históricos reales es absoluto. «Que existió el Consejo Soberano es tan evidente como que Franco visitó Tarna, que Muñoz Grandes acudió al Frente Norte, que cayeron aviones alemanes de la Legión Cóndor... En la comarca se habla mucho del avión alemán que cayó en Ocejo de la Peña, porque hay incluso una placa que lo recuerda en el monte y se han hecho muchos reportajes, pero paisanos de Acevedo de más de noventa años con los que yo pude hablar recuerdan perfectamente que en Acebedo cayeron otros dos».


Y uno de los pilotos de esos aviones está en el eje de la trama novelesca que nos propone Ángel Pajín en ‘Las claves del dodecaedro’: «La caída del avión y la misteriosa desaparición de su piloto son fundamentales en la trama. Éste, Erik Weber , está durante toda la novela presente en la mente del lector, pero sin su presencia real. Solo al final, en los últimos capítulos de la novela se hace presencial al lector». Esta situación provoca una singular curiosidad en la novela, que el propio Pajín recomienda: «Las claves del dodecaedro se puede decir que tiene dos lecturas, la normal, la habitual de cualquier novela, pero en este caso la especial presencia de Weber puede hacer recomendable comenzar a leer la novela por el epílogo» y afirma convencido su autor que «esta novela podría ser el único relato de ficción de toda la historia de la creación literaria que permitiera e incluso aconsejara que el lector iniciara la lectura de este libro comenzando por el último capítulo: el epílogo, y luego continuar con el primero», pero no quiere ir más allá en las explicaciones «para no desvelar nada que estropee la lectura del libro».

- ¿Y el título, las claves del dodecaedro, también parece un enigma?
- Vaya por delante que son un invento mío. Son las llaves o códigos secretos y encriptados que en la novela usaba la Luftwaffe para desentrañar los mensajes que se remitían entre estamentos muy reducidos. Las combinaciones numéricas que aparecen en el dodecaedro están sacadas de la llamada ‘Serie de Fibonacci’.

Como ha señalado Pajín el piloto desaparece y no reaparece hasta el final, pero quien se mantiene presente a lo largo de toda la trama es Adolfo Camuñas/Corbera, el sátrapa, y el autor quiere destacar también la triste biografía de un personaje secundario, Benito Lirín. «Este personaje quiere ser un símbolo de la destrucción exponencial de un alma atormentada por la vida en su amargo recorrido, ‘Camino hacia el Norte”. Había nacido en ¿Cádiz?, y el final de su viaje había terminado en Ceaveda. Su vida quiere ser un símbolo de la emigración del Sur hacia el Norte. Referido tanto al norte de España como de Europa. Y los términos que mejor le califican son: la tortura, la soledad y el desamor…».

El protagonista, piloto de la Lutwafe es un firme defensor de la paz; enemigo de guerras como las religiosas, pues por ningún reino ha muerto tanta gente como por el reino de Cristo La novela se desarrolla en dos etapas, una en los años 37 y 38, en plena guerra civil, y la segunda en los años 60, cuando un grupo de jóvenes alemanes viajan a España. «Quiero mostrar el contraste tanto cronológico como de las diferentes concepciones éticas y sociales entre los actuantes del año 37/38, que viven la tristeza y oscuridad en los años de plomo de aquella España, y el grupo de los cuatro jóvenes de Alemania, del año 64/65, años de luz, alegría y optimismo final, a lo largo de su convivencia en Alemania y durante su viaje a España».

Y desvela que esa trama de búsqueda del piloto desaparecido desembocan en un final «escatológico, abrupto, imprevisible y sorpresivo. Su reaparición viene acompañada de una historia realmente estrambótica», señala Ángel Pajín Álvarez, quien incide en «las enseñanzas éticas y morales que se pueden percibir en los comportamientos de los protagonistas» y así adelanta que, por ejemplo, «Weber, pese a ser un piloto de la Luftwaffe es un firme defensor de la paz, como se percibe en el hecho de que se hizo el enfermo para no participar en el bombardeo de Guernika. Recordaría que es un piloto alemán hijo de madre judía, también hay varios personajes musulmanes, lo que propicia la convivencia y entendimiento entre naciones y, sobre todo, la tolerancia entre seres diferentes. En este contexto, es digno de resaltar la condena expresa que se intuye contra las guerras por motivos religiosos e ideológicos».

Y remata Pajín: «Por ningún reino ha muerto tanta gente como por el reino de Cristo», como condena evidente a las eternas guerras de componente religioso, que han llegado hasta nuestros días.

Sobre el hecho de que haya traído la trama de la novela a su tierra señala Pajín que, «de una parte conozco más su historia y me interesaba estudiarla aún más;el Frente Norte es evidente que fue uno de los lugares donde la guerra fue más dura y me gustaría que la parte ‘real’ del paisaje —Tarna, Mampodre, los búnker y otros restos— puedan convertirse en un atractivo turístico, como está ocurriendo en otros lugares, como el Principado de Asturias a través de asociaciones como Arama, con la que he estado en contacto y espero poder hacer actividades en este Acevedo nuestro».

Este Acevedo con uve.
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