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Un invento para escritores, periodistas y secretarias

Un invento para escritores, periodistas y secretarias

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Toño Morala | 06/01/2020 A A
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Un invento para escritores, periodistas y secretarias
Reportajes Las máquinas de escribir también fueron un gran invento, primero para algunos colectivos "de letras" pero también para instituciones, secretarios, ayuntamientos y fábricas de todo tipo... y con el tiempo, para todos
Hoy me voy a meter en un berenjenal de aquí te espero que hay curva, pero como se trata de escribir o, por lo menos intentarlo, sin meter ninguna anécdota, ni nombres de famosos periodistas y escritores que tuvieron un amor- odio a la máquina de escribir, pues ya es sabido que de ahí salieron grandes obras maestras contemporáneas… otras algo más antiguas, pero siempre con el ruido de aquellos teclados de varilla y cintas de tinta con olor a tabaco y alcohol, pero del de curar las heridas, pues servía para todo, tanto para limpiar como para rebajar algo la tinta que se espesaba. Aquí va a pasar algo parecido a lo del mayo del 68, que estuvimos todos; algunos nacieron en el 69, pero estaban dentro del vientre de su madre en aquel París de revoluciones. Muchos de los grandes aprendieron a escribir sus obras con máquinas que apenas funcionaban, o tenían que ingeniárselas para que fueran durando lo máximo posible, pues en aquellos años, las máquinas valían lo suyo, y tanto los reportajes, columnas, artículos, y otros, estaban mal pagados, y no hablemos de escritores y poetas… que la mayoría apenas si ganaban para comer. Bueno, imagino que les llegará a la memoria un buen número de amigos oficinistas de todo tipo desde bancos hasta ayuntamientos, algún recuerdo de comentarios sobre cómo se hacían las octavillas en tiempos de dictadura, aparte de la impresión… pero primero se confeccionaba el texto en una de aquellas máquinas guardadas en la clandestinidad… e imagino, que también, casi todos teníamos a algún conocido con máquina de escribir que nos pasaba apuntes, algún poema para los amados, alguna primera novela o ensayo, y si ya hablamos de seminarios y colegios mayores, para qué contar. La de cintas que se gastaron, y la de papel de calco que también se consumía, por toneladas… y venga a colocar folios derechos y bien aprovechados, y había que ser un máquina para dar unas cuantas pulsaciones por minuto, luego llegaron las famosas academias de mecanografía, y ahí sí que ya la cosa cambió de narices. Las empresas se iban haciendo cada vez más grandes, así como se preparaban oposiciones con el requisito de saber escribir a máquina en muchas de ellas; y en poco tiempo, la cosa se salió de madre, y se vendían máquinas de escribir, tanto de sobre mesa como portátiles.

Una Victoria del año 1913 es posiblemente la primera máquina de escribir ‘made in Spain’  Y hay que nombrar a los escribanos que estaban por esquinas o soportales con su mesa, su máquina de escribir y una silla, y a ellos llegaban todas las buenas gentes para que les escribieran algunas peticiones, ruegos, cartas de presentación, y todo lo que se le pueda ocurrir a la gente; muchos, en aquellos años, no sabían leer ni escribir, y aprovechaban, eso sí, pagando, las dotes de estos profesionales mecanógrafos callejeros. Qué tiempos de bohemia y de juergas hasta el amanecer –no todos, claro está- y llegar a la pensión o piso y ponerse a escribir hasta que la cabeza decía basta, y se caía encima de la mesa soñando con un buen colchón de lana. La de cosas que se podrían escribir sobre estas vivencias, pero al principio, me he propuesto no nombrar y voy a generalizar; a ver qué sale. Como iba escribiendo, las máquinas de escribir fueron de una gran ayuda; uno recuerda que en alguna clase, el profesor tenía una máquina de escribir fija, y cuando se ausentaba, a por ella, esto de ser medio niños era terrible, se amontonaban las varillas… llegaba el profesor y tela. Pero ni dios abría la boca, todos al patio con las manos en cruz hasta que le diera la gana al buen hombre, que sí es cierto que jamás le puso la mano encima a nadie. Pero es que la máquina se las traía, era tan llamativa a los ojos de los chavales, que era casi imposible no andar husmeando alrededor de ella. Y la historia de este gran invento… Todas las tentativas para construir una máquina de escribir habían sido rotundos fracasos e intentos fallidos, pues el resultado conseguido eran muy imperfectos y su manera de escribir era algo lenta e incómoda, pero llegó uno de los genios que había por aquellos años y, sonó la tecla en las manos del norteamericano Cristopher Sholes; fue él quien concibió la primera máquina de escribir digna de este nombre. Se basaba en un sistema de pequeños martillos, los cuales golpeaban el papel blanco a través de otra hoja de papel impregnada de un producto graso, el papel carbón, que reproducía la letra grabada en relieve sobre el martillito. Vaya cabeza, y además, durante años, el inventor trabajo noche y día y fabricó más de quinientos modelos distintos… la ruina ya estaba en sus menguados bolsos, y en ese momento justo, apareció el cuál al momento de conocer el invento, la máquina de escribir, se encontró seducido y atraído hacia él; por eso tomó la decisión de ayudar económicamente e invertir una parte económica para el inventor; su nombre era Densmose, a Sholes se le abrieron las ideas, y durante 16 horas al día trabajaba apenas sin descanso; un bocadillo y alguna manzana le mantenían en pie… Después de incluir numerosos perfeccionamientos, la máquina de escribir parecía estar a punto por lo que se creyó que el momento de lanzarla al mercado había llegado; sin embargo, existía el temor de asumir el riesgo de introducir un aparato de tal magnitud e innovación en las oficinas; pero finalmente, la industria Remington, la cual fabricaba máquinas de coser, empezó a interesarse por el asunto de la máquina de escribir. El 6 de maro de 1873 se firma un contrato por el que se comprometía a realizar la fabricación de mil máquinas de escribir durante un año. Y ahí comenzó una nueva era en la industria y en todos los servicios donde se precisara una máquina de escribir.

Hispano Olivetti, Junior, Regia, Talbos, Andina, Iberia, Patria o Windsor son algunas de las marcas  Y aquí en nuestro país, no nos quedamos atrás. Además de la factoría Olivetti de Barcelona, instalada en 1929, y en producción hasta la década de los años setenta del siglo pasado, hay constancia de los siguientes fabricantes y modelos: La denominada Victoria, de 1913, es posiblemente la primera máquina de escribir made in Spain. Con el ya «moderno» sistema de impresión frontal se fabricaban varios modelos en Valencia. ‘Talleres Alonso’ lanzó al mercado una máquina portátil en torno a 1945: la llamada Regia. Esta misma empresa fabricó posteriormente las portátiles Talbos, Andina y la llamada Junior, también conocida como Windsor. La Iberia fue una máquina de oficina producida en Barcelona desde la década de los años 30 del siglo pasado, impresionante máquina de escribir. También en la capital catalana se fabricó desde 1945 la Remer; era de mesa, fija, para entendernos. Otra de las grandes fue la Patria, que se fabricaba en la guipuzcoana población de Eibar; fue presentada hacia 1947 y se basaba en otra suiza. ¡Ay, la nostalgia y su corazón! Algunas cintas estaban divididas en dos mitades, una roja y otra negra, a todo lo largo, contando la mayoría de las máquinas con una palanca que permitía cambiar entre los colores al escribir, lo que estaba especialmente ideado para los libros de contabilidad, donde las cantidades negativas tenían que figurar en rojo como número negativo. En los años 1940 se comercializó una máquina de escribir silenciosa que resultó ser un fracaso, lo que llevó a algunos observadores a la conclusión de que el cliqueteo de las máquinas de escribir convencionales era del gusto de los consumidores. Uno, -lo confieso públicamente-, ya compré de rebajas, allá por principios de los 80, una eléctrica marca AEG con bola, cinta que duraba mucho y la cinta de borrar blanca… ¡Qué maravilla!
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