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Un hilo de voz

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| 11/11/2020 A A
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Un hilo de voz
Opinión Por Pablo Campos
Si no fuera entrenador, David Cabello podría ganarse la vida como comercial. Atufados como estamos de discursos sin sustancia, un hilo de voz invade esa otra parte de nuestra vida, la lúdica/deportiva/pasional. Vende el producto, comunica, genera credibilidad, transmite épica su fatigado tono. Serán los hechos, los resultados, quien le juzgue, pero el técnico se ha apuntado el primer tanto, con la sinceridad, la ambición y la autocrítica por bandera.

Desde su voz quebrada ha pisado el albero de la Maestranza de la Segunda B rodeándose de solventes escuderos, veteranos y noveles, ansiosos de puerta grande. Y se arrima al astado, aunque la muleta se le quede corta, a pesar de los primeros jirones en su traje en forma de bajas, derrota y una extraña reorganización de las licencias. En las victorias, la plantilla; en los tropiezos, Cabello.

Podría haber elegido otro camino y tiene coartadas, las que, por otra parte, le abrieron las puertas. Su club ha perdido poder adquisitivo, no dispone de una de las cuatro mejores plantillas, perdió elementos por el camino y, de un día para otro, le cambiaron un delantero por un defensa variando el plan trazado. Sabe que la presión debería vestir la camiseta del Deportivo, Numancia, Racing, Badajoz o Extremadura, los rivales ciertamente a batir, y va de cara con el riesgo de que se la partan, dentro y fuera.

Ha elegido Cabello una manera directa de presentarse en sociedad. Abanderado del juego de toque y ataque que choca con los cánones de la división, quiere dejar huella. Le queda un largo camino por recorrer, un esquema por moldear, estados de forma por alcanzar y piezas claves por rehabilitar, pero el camino está marcado. El liderato, ficticio, le impulsa; la enfermería, creciente, le maniata; las sensaciones, cambiantes, le confunden; el futuro, incierto, le espera. La tierra para quien la trabaja y el éxito, para los valientes. Suban el volumen.
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