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Un artista que hizo de lo sencillo lenguaje universal

Un artista que hizo de lo sencillo lenguaje universal

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Adolfo Alonso Ares y Luis García ante una de las obras que conforman la muestra retrospectiva del pintor berciano Andrés Viloria. | MAURICIO PEÑA Ampliar imagen Adolfo Alonso Ares y Luis García ante una de las obras que conforman la muestra retrospectiva del pintor berciano Andrés Viloria. | MAURICIO PEÑA
Joaquín Revuelta | 17/11/2018 A A
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Un artista que hizo de lo sencillo lenguaje universal
Arte contemporáneo El pintor berciano Andrés Viloria es objeto de una retrospectiva de su obra en la sala Provincia de la Diputación comisariada por Luis García
La sala Provincia de la Diputación acoge desde este viernes y hasta el 27 de enero de 2019 la exposición retrospectiva del artista berciano Andrés Viloria (1919-2007), organizada por la institución provincial para conmemorar el centenario de su nacimiento.

La muestra reúne 53 obras pertenecientes a una colección privada, entre las que se encuentran 28 pinturas sobre madera, 8 sobre papel y 17 dibujos y grafismos. La muestra abarca un periodo que va desde mediados de los años 60 hasta finales del siglo XX. Se trata de una exposición itinerante que recorrerá diversos lugares de la provincia, como Bembibre, Fabero, Gordoncillo, Astorga, La Bañeza, Villafranca del Bierzo, Villablino y Murias de Paredes.

Al acto de presentación acudieron el asesor en materia cultural de la Diputación de León, Adolfo Alonso Ares, y el responsable del Departamento de Exposiciones y Publicaciones del ILC, Luis García, que además es el comisario de la muestra dedicada a Viloria.
 
Natural de la pequeña población minera de Torre del Bierzo, «su origen marcó, sin duda, la forma de mirar, aprehender, sentir y expresarse de este artista singular, una personalidad poliédrica, sensible y creativa de gran interés», destacó García.

Para Adolfo Alonso Ares, Andrés Viloria fue «un prolífico artista que confabuló un tiempo y además fue uno de los que trajo la vanguardia a León».

Según Alonso Ares, Viloria se inspiró en la arqueología y en lo minucioso del hombre que laboraba en el campo. «Pero Andrés se reveló como un autodidacta que también evocó las condiciones de otros autores. Él se inspiró también en lo que se hacía en Europa. En aquel tiempo Viloria expuso en la galería Juana Mordó, pero se retiró del mundo porque era un poco anacoreta. Andrés no quería vender su obra y cuando Mordó le comentó la necesidad de vender éste le dijo que con él no contara. Por eso su obra permanece intacta», comenta Alonso Ares, que recuerda que en la Sala Provincia el artista berciano fue presentando sus colecciones. «Andrés Viloria creó un submundo interior e intenso. Porque él también era un poeta, era un pensador y una persona que reflexionaba con lo sencillo y reflexionaba sobre todo con el Bierzo, pero universalizándolo y no quedándose en el Bierzo mentalmente».

La muestra se plantea a partir de un enfoque retrospectivo de la evolución artística de Andrés Viloria. Arranca en la década de los 60, momento en el cual, destaca el comisario de la exposición Luis García, «sus aportaciones plásticas se hacen significativas según los analistas de su obra y transcurre por un recorrido estructural, esquemático y muy didáctico, que nos facilita una lectura coherente y dinámica de las diferentes fases de la obra del pintor, hasta su fallecimiento en Ponferrada en el 2007, a los 89 años».

La primera etapa transcurre desde mediados de los sesenta hasta los inicios de los setenta. «Se caracteriza por la utilización de las texturas matéricas superpuestas a la superficie pictórica y también de texturas visuales por medio de modulaciones tonales. En ocasiones mantiene el lienzo tradicional como soporte, pero utiliza en muchos casos la tabla industrial rígida de aglomerado», sostiene García, para quien el espectador «se introduce en un espacio de tinieblas, inconcreto, desconocido, asfixiante e incluso trágico en algunos momentos, en consonancia con ciertas propuestas del informalismo español», asegura el comisario.

La segunda fase estructural se desarrolla y delimita temporalmente entre la década de los setenta hasta los inicios de la correspondiente a los ochenta. «Aquí introduce cambios fundamentales que suponen un giro muy significativo, comenzando los primeros pasos hacia la negación o destrucción de la pintura en sí misma, un camino que en cierto modo matiza el teórico ámbito del ‘informalismo matérico’, en el que sitúan sus propuestas normalmente algunos críticos como Javier Hernando o Rosa María Olmos».

La tercera etapa se desarrolla en la década de los ochenta e inicios de los noventa. «Un nuevo giro estructural en su obra marcado por varios cambios substanciales», en opinión de García. «El protagonismo de la obra se traslada al material con el cual la formaliza, maderas de calidad, muchas procedentes de la reutilización de muebles antiguos de nogal, hecho singular que incorpora dos cuestiones de interés a la obra; la primera la transformación icónica y simbólica de un material con memoria histórica y la segunda la singular importancia que concede Viloria a la materialidad como clave esencial de la obra artística. Por otro lado, abandona el color, exceptuando algunos casos, utilizando generalmente barniz transparente y nogalina, planteamiento que supone en cierto sentido una negación de la pintura en sí misma, el material y el gesto formal tallado con gubias se convierten en las claves de su obra», sostiene el comisario.

La última fase de la retrospectiva que le brinda la Diputación a un artista estrechamente vinculado al ILC hasta el momento de su muerte, se distribuye desde los inicios de los años noventa hasta los primeros años del nuevo siglo. «Como no podía ser menos en un creador de su talante, nos asalta por sorpresa y nos deja anonadados con un nuevo cambio estructural. Lo liviano y delicado, el papel, sustituye a la materia densa, rígida y consistente de la madera; la materialidad y la negación del color dan paso a una intensa y enérgica gestualidad del color que parece liberar energías interiores ancestrales. El dibujo, el trazo gestual y sígnico se convierten en los protagonistas esenciales de un paisaje imaginario lleno de energía y tensión, que toma como referentes al hombre y la naturaleza», concluye .
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