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Túnica, capillo y chupete

Túnica, capillo y chupete

SEMANA SANTA IR

C. Centeno | 07/04/2017 A A
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Túnica, capillo y chupete
Curiosidades Una de las imágenes más entrañables de la Semana Santa son los niños que procesionan desde bebés
Almudena tenía 9 años cuando llegó a León desde la capital de España junto a sus padres. Se instaló en el barrio de Santa Ana y tuvo tres deseos: tener un hermano, un pueblo y pertenecer a una cofradía, algo que veía «a todo el mundo». Tan sólo no cumplió con la segunda de sus peticiones. Pronto llegó su hermana y sus padres la inscribieron en la Real Hermandad de Jesús Divino Obrero, en la que hoy en día continúa procesionando.

Ahora, Almudena es madre de tres niños: Paloma, de 10 años, Lorena, de 7, y Marcos, que con algo más de un año ya está preparado para vivir por segunda vez la Semana Santa. Desde que se hizo hermana de Jesús Divino Obrero, no ha dejado de salir, ni siquiera durante sus embarazos. Es bracera del paso de San Juan Evangelista, aunque con sus tres pequeños en la barriga tuvo que descansar porque «no es aconsejable», pero «iba de suplente» y la permitían pujar alguna tirada, algo que servía «para quitar el gusanillo».

Por eso Paloma, Lorena y Marcos llevan en la sangre la Semana Santa. Desde que eran bebés, salieron en brazos de su madre. Ahora, la mayor ya cuenta los años que le quedan para que la permitan pujar. «Es algo que se lleva dentro», asegura su madre.

Hay una edad mínima para que puedan pujar un paso por primera vez, lo que todos desean hacer Los cientos de niños que participan, como Paloma, Lorena y Marcos, en la Semana Santa leonesa, dejan las imágenes más entrañables de cuantas procesiones se celebran en la ciudad durante los diez días que van desde el Viernes de Dolores al Domingo de Resurrección. Tan sólo en la Real Hermandad de Jesús Divino Obrero, hay 74 hermanos menores de diez años –aunque con la proximidad de la Semana Santa la cifra puede haber variado por las inscripciones de última hora–, de los que 30 son niños y 44, niñas. La abad presidente, María Teresa Liébana, explica que hacen labores de lo más variadas. Por ejemplo, dos de las niñas están apuntadas en la agrupación musical y siete son portadores de enseres en las procesiones. En cuanto a los niños, también hay uno en la banda de cornetas y tambores y cuatro portan enseres. Además, uno de ellos está apuntado ya como bracero del paso de Las Tres Marías, «aunque hasta que no cumpla con la edad reglamentaria no podrá ejercer como tal», explica Liébana. El resto, salen en las filas con su cruz o acompañando a sus padres en los pasos, muchos de la mano de los braceros.

Las dieciséis cofradías y hermandades con las que cuenta la ciudad tienen entre sus miembros a niños menores de diez años, la gran mayoría hijos o nietos de leoneses que llevan toda la vida en ellas. En la cofradía del Santo Cristo del Perdón, por ejemplo, desde la última Semana Santa no se ha inscrito ningún recién nacido, pero en sus filas procesionan entre 70 y 80 niños. Su abad, José Luis Cabada, reconoce que son generalmente los abuelos, «a los que se les cae la baba con los nietos», los que inscriben a los niños en la cofradía de los que ellos han formado parte toda la vida, «algunos el mismo día que nacen», explica. Eso sí, todas ellas tienen el requisito de estar bautizado para inscribirse, por lo que no son miembros ‘oficiales’ hasta que no reciben el primer sacramento.

Existe la norma de que no se puedan inscribir recién nacidos antes de recibir el bautismo Otros de los pequeños que se dejarán ver este año en varias procesiones son Rodrigo y Mateo Álvarez, de tres y cinco años, que una semana antes del comienzo de los actos ya tenían a punto sus túnicas y capillos. Para el primero será su primera Semana Santa –aunque el año pasado ya fue en brazos–, el mayor ya lleva dos años procesionando y es de tres cofradías: Nuestro Señor Jesús de la Redención, Angustias y Soledad y Minerva y Veracruz.

A ellos, la pasión por la Semana Santa les viene por parte de padre y de tío, el que empezó a inculcarla en la familia. Son dos auténticos terremotos, pero su padre, Sergio Álvarez, presume de que cuando procesionan se formalizan. «Les gusta mucho oír las marchas, los tambores...», explica.

Rodri y Mateo saldrán en tres procesiones este año, para las que ya lo tienen todo preparado. La primera será el Domingo de Ramos, donde saldrán en la procesión de Nuestro Señor Jesús de la Redención acompañando a las manolas. La segunda, el día de Martes Santo, en la procesión Dolor de Nuestra Madre que organiza la cofradía de Angustias y Soledad, aquí acompañarán junto a su padre a la Virgen de la Soledad. Con sólo dos días de descanso, llegará la tercera y última procesión para estos dos ‘peques’, participarán en la del Santo Entierro que este año organiza la cofradía de Minerva y Veracruz acompañando al Santo Sepulcro desde las Carbajalas. Eso sí, en su casa optimizan túnicas para que los gastos no sean excesivos. En las tres cofradías en las que están utilizan la túnica negra, por lo que la aprovechan para las tres procesiones, y cambian pequeños detalles o la insignia. En este aspecto, muchas veces, las túnicas que por cuestión de crecimiento cambian cada año se dejan entre los propios compañeros de la cofradía y algunas cuentan incluso con su propio banco de túnicas para que las familias no tengan que afrontar el gasto de comprarlas nuevas.

Solo en la cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno, hay cerca de 400 menos de 10 años Rodri y Mateo salen acompañados de su familia pero también de decenas de niños de su edad. En la cofradía de la Redención, por ejemplo, este año no se ha inscrito ningún bebé, pero hay decenas de niños. Pero en las otras dos penitenciales de las que son cofrades, ambas de las tres históricas de la ciudad, los menores se suman por centenas. Sólo desde la pasada Semana Santa, en Angustias y Soledad se inscribieron 111 personas, de las que 38 eran niños menores de diez años y trece tenían dos o menos años en el momento de darse de alta en la cofradía. En Minerva y Veracruz, según las bases de datos de la propia cofradía, hay 148 niños con menos de diez y 20 no han cumplido todavía los doce meses de vida y ya forman parte de la cofradía. Sólo la cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno contabiliza en sus filas a un total de 385 niños menores de diez años.

Cifras que ponen de manifiesto que la tradición existente en las penitenciales leoneses se transmite de generación en generación y que cada vez los niños entran a formar parte de las cofradías desde más corta edad.

En brazos, algunos incluso prendidos a su chupete, portando cruces o enseres –como incensarios– o de la mano de los braceros que pujan por cada uno de los pasos que desde hoy comenzarán a recorrer las calles de la capital leonesa irán ellos, atrayendo las miradas de todos los que disfruten de la Semana Santa desde fuera y mostrando a los que van dentro que el futuro de la Pasión leonesa está en ellos.
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