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Treinta y ocho años

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03/06/2018 A A
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Treinta y ocho años
En mayo de 1980 el Partido Socialista presentó contra el Gobierno de Adolfo Suárez la primera moción de censura desde la entrada en vigor de la Constitución de 1978. Por entonces era ministro adjunto a la Presidencia y diputado de UCD Joaquín Garrigues Walker, pero no asistió al debate de la moción por encontrarse hospitalizado víctima de una leucemia terminal. Moriría sólo dos meses después. La moción estaba perdida de antemano, Adolfo Suárez contaba con los escaños necesarios para que fracasase, pero aunque no fuera necesario, Joaquín Garrigues abandonó el hospital durante unas horas para estar presente en el Congreso de los Diputados en el momento de la votación. Cuando hizo entrada en la Cámara, sosteniéndose con unas muletas, fue recibido con una ovación unánime, y Felipe González, que en aquel momento defendía su candidatura desde la tribuna de oradores, le abrazó en el centro del hemiciclo. Su hermano Antonio Garrigues Walker recuerda este momento en su biografía como uno de los más emocionantes de su vida.

El pasado jueves, mientras se debatía la última moción de censura contra el Gobierno de Mariano Rajoy, el Presidente no consideró necesario estar presente, y decidió pasar ocho horas comiendo y tomando copas, en un último gesto de irresponsabilidad y de desprecio a los votantes que sostienen sus 137 diputados.

Entre ambas anécdotas hay treinta y ocho años de envilecimiento de la vida política española, un lento y doloroso proceso de desintegración moral en el que la partidocracia ha arrasado todo sentido de estado, en el que los enanos han terminado por devorar lo que quedaba de la raza de los gigantes. La culminación de este proceso es un Gobierno socialista liderado por un Presidente que no ha sido elegido en las urnas y al que sostienen comunistas, separatistas, golpistas y proetarras.

Hay que dar la razón a quienes anunciaron en los debates de la Ley de Reforma Política y de la propia Constitución que este era el destino del régimen constitucional, pero también hay que reconocer a los que lo defendieron en aquel momento tan difícil que las cosas no tenían por qué haber sido así.

En España sigue habiendo, como entonces, una holgada mayoría social alrededor de la nación, de la Constitución, de la estabilidad y de la paz, que aborrece por igual la idea de la balcanización de España como de que se convierta en la Venezuela que defiende Zapatero. Sólo tiene que poder votar, entre tanto estamos, quizá más que nunca, en la hora de los enanos.
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