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Toneleros, el oficio olvidado

Toneleros, el oficio olvidado

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Toño Morala | 30/10/2017 A A
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Toneleros, el oficio olvidado
Reportaje El de tonelero es un oficio con mucha historia detrás, mucha madera trabajada y muchas manos sabias inventando herramientas especiales para diversas labores y funciones
Hay oficios que tienen mucha historia detrás, mucha madera trabajada y, muchas manos sabias inventando herramientas especiales para diversas labores y diversas funciones. Oficios que poco o casi nada se escribe sobre ellos. Oficios, que a la vez de trabajar un material tan noble como la madera, tienen que trabajar otros componentes y dar forma de extensas maneras con ayuda de elementos tan difíciles de domar como el fuego… «El fuego, el alma que en el pecho encierra…», de Calderón de la Barca. Cuando se juntan elementos tan dispares como el aire, el fuego y, de la tierra, la madera bien trabajada, el fruto de esa combinación a través de la inteligencia natural y la sabiduría del maestro, es casi siempre, una obra de arte y con múltiples funciones para ayudar en la dura sobrevivencia. Aquí comienza una historia llena de trabajo y, llena de pasos lentos y concisos para sacar adelante un tonel o cuba, un barril, barrica… si hubo algo trascendental en aquellos años, entre otras cosas más, ha sido este invento para meter líquidos y sólidos en toneles, tanto para su conservación, como para el transporte; y de ahí nació este fascinante oficio, que toma las formas redondas y abombadas para facilitar el trasiego. Toneleros, cuberos, maestros de las duelas; esas láminas de madera bien conjuntadas para dar forma a una barrica para guarecer los buenos vinos, los pescados, agua, frutas, cereales, fermentados, alcoholes diversos, aceite… salazones, incluso, clavos, y un largo etcétera. Si se piensa detenidamente, quizás el barril, ha sido uno de los inventos que ayudó a la humanidad a solventar un montón de problemas; no hablemos si se trata de aquellos largos viajes allende los mares; qué hubiera sido de los nuevos descubrimientos de la tierra sin estos envases tan importantes; un producto trabajado a mano desde tiempos inmemoriales, y que pasa, casi inadvertido en la historia de la humanidad. Casi siempre hay algo que no cuadra en el inmenso mundo de la sobrevivencia, y se quedan grandes inventos fuera de la importancia cotidiana en aquellos años. Los barriles, conocidos desde muy antiguo, ya los cita Herodoto. 

Parecería lógico pensar que esa invención, la barrica, hubiera tenido lugar en la cuenca mediterránea, habida cuenta de la importancia del comercio del vino y otros productos. Sin embargo, no fue así. La barrica la inventó un pueblo distinto, el Celta, asentado en Europa en su zona central, fría, húmeda y con gran cantidad de bosques. A partir de su perfección en el trabajo con la madera construyeron recipientes, no solamente para transportar, sino también para almacenar y para elaborar su bebida tradicional, la cerveza. El comercio del vino, descrito desde unos 2.000 años antes de Cristo y dominado por griegos y romanos, se llevó a cabo en jarras y ánforas con asa para poder desplazarlas fácilmente. Los celtas construyeron los recipientes antecesores de las barricas, simplemente ahuecando el interior de trozos de troncos y poniéndoles una tapa. Posteriormente consiguieron una perfecta estanquidad jugando con la forma de las piezas (duelas) y empleando como únicos elementos auxiliares, aros de mimbre o de madera. De cualquier forma, los términos «barrica» y «tonel» para designar los recipientes de transporte no aparecen hasta el siglo V y por esta razón, para el estudio en la evolución de las barricas, es preferible recurrir a la iconografía donde son numerosos los ejemplos de cubas dedicadas casi siempre al almacenaje. Son célebres, por ejemplo, el bajorrelieve de Langrés, el monumento de Neumangen y las columnas de Trajano y Aureliano en las que hay toneles representados. En España no existen muchos testimonios, aunque hay dos dignos de mención. Una estela funeraria del Museo de Mérida, en la que un personaje vestido con una túnica larga llena una copa de vino abriendo la espita de un tonel, estela datada a finales del siglo I. Otra es una copa de plata, también del siglo I, en cuyo interior se ve a un personaje apoyado sobre un gran tonel.

Cinchos de soga, madera y hierro, flejes… duelas, juntas, tapas, testa, barriga, argallo, tapón… y las manos y el martillo de uña y, el tostado profundo a fuego limpio y sabiduría. Y herramientas como la azuela de vaciado, diversas prensas de cubero, barrenas diversas… y un montón de herramientas fabricadas por los toneleros y que cada uno, cada maestro, guarda con celo para pasárselas a su hijos; no hay que olvidar que el oficio de tonelero, se pasaba de generación en generación durante siglos. Es fundamental su uso en la historia del Vino, en la época de Carlo Magno, su empleo era generalizado en Europa. En el siglo XV en Jerez, el oficio de la tonelería se desarrolló con gran fuerza por el intercambio comercial con los ingleses, el diseño respondía a la necesidad de desplazamiento, su forma panzuda permitía el rodamiento, contenía hasta 500 litros. La barrica bordelesa disminuye su capacidad hasta 225 litros, el cual se fija por decreto en 1.886; cuanto más nueva la barrica, mas transmitirá sus caracteres al vino. En otro orden de cosas, y en nuestra tierra, enormes cubas y bocoyes fueron fabricadas por los maestros toneleros, duela a duela, en el interior de las bodegas, y uno de los últimos toneleros fue Tomás Otero, de La Bañeza. Los toneleros también fabricaban, aparte de barricas y toneles, cubas, tinas, mantequeras, tubos y un montón de recipientes parecidos. Pero los barriles que contenían líquidos necesitaban un sistema para extraer su contenido sin destruirlos, por lo que también desde antiguo se desarrolló la llamada espita, una especie de canilla o pico vertedor simple. Cuando dejaba de usarse se colocaba un tapón de madera que hacía que el barril sirviera nuevamente.

Y la técnica para fabricar los toneles o barricas tenía su intríngulis; no era fácil… Confeccionadas las duelas, el artesano pasa a montarlas, hábilmente, teniendo como base de la operación una pieza circular que recibe la denominación de fleje de izado, en cuyo interior se disponen cada una de las duelas. Los flejes son tiras de chapa metálica u otro material que, remachadas por sus extremos, forman los aros con que se aseguran las duelas de un tonel. Montada la barrica, se asegura la estabilidad de las duelas con una serie de flejes de una madera flexible, como lo es la de avellano, colocados en un único extremo, se humedece el conjunto y se calienta colocando el tonel sobre una hoguera a fin de que los tablones se curven y adquiera mayor flexibilidad. Habiendo tomado, las duelas una forma curva, se retira el tonel del fuego y con ayuda de una cuerda o gato tonelero se cierran las duelas y se las fija con un fleje, esta vez metálico al ser ya definitivo… entre otros trabajos, por último, se labra un surco (gárgol o jable) en el extremo interior de ambos lados de la pieza que servirá para encajar las tablas biseladas, unidas entre sí por un sistema de caja. Dispuestas las tablas, no antes, se aprieta la estructura haciendo descender los flejes definitivos hacia el centro, más ancho del tonel. Sólo resta realizar las perforaciones convenientes para el llenado, en una de las duelas laterales y la disposición de un grifo o espita en una de las tapas. El tonel está listo para su utilización. Debemos tener en cuenta que las duelas, además de enaltecer el vino desde el punto de vista natural, también pueden dar lugar a la aparición de importantes problemas cuando su higiene y cuidado no son los adecuados. Para preparar una barrica nueva, será necesario disponer de un local seco donde almacenarla hasta el momento de su primer uso. Una vez se proceda al llenado, habrá que lavarla previamente con agua para eliminar el posible polvo de su fabricación en la tonelería y humedecer la madera. Tras escurrirla, se quemará una mecha de 10 gr. de azufre y esperaremos a que finalice su combustión. De esta forma, tendremos las barricas preparadas para recibir a su primer vino. Y tendríamos que escribir sobre el tostado de la madera, pero lo dejamos para otra ocasión, ya que es muy extenso e interesante… y hay que cuidar esa barricas de nuestras bodegas de toda la vida.
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