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Todos los mares de Busdongo

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Tere y Juan con dos de los frascos con arena de playa, más de 1.100 de todo el mundo pueden verse en El Maragato de Busdongo. | MAURICIO PEÑA Ampliar imagen Tere y Juan con dos de los frascos con arena de playa, más de 1.100 de todo el mundo pueden verse en El Maragato de Busdongo. | MAURICIO PEÑA
Fulgencio Fernández | 02/02/2020 A A
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Todos los mares de Busdongo
LNC Domingo Arena de más de 1.100 playas del mundo recubre las paredes del comedor de Casa Maragato de Busdongo, una de las históricas ventas más antiguas de la provincia. Y la lista sigue creciendo, hay que ampliar las estanterías
Todo empezó como una broma. Un cliente apareció con un puñado de arena de una playa gallega «para dar envidia» y se la dejó a Tere del Campo, de Casa Maragato de Busdongo. Ella respondió regresando de unas vacaciones en Cantabria con arena de tres playas y uno de los habituales de la casa, en la puerta de Asturias, se sintió ‘ofendido’ y un buen día apareció con arenas de todas las playas de Gijón y cercanías. «Sólo faltaba que en Busdongo no haya arena de Gijón, que es donde van todos los cazurros de excursión».

Acababa de nacer la que seguramente es una de las colecciones más numerosa de arena de playas del mundo, la de Casa Maragato, una de aquellas históricas ventas que era almacén, tienda de ultramarinos y memoria viva de cuando este pueblo era una capital ferroviaria, con más de 100 trabajadores, y ya no les voy a contar que uno de ellos era el padre de Amancio Ortega, pues se ha repetido hasta la saciedad. Los documentos que conservan en la casa cita al Maragato en la crónica de una visita real en 1847.

Tere habla de su padre Pepe, éste lo hacía de su abuelo y así se extiende lo que Tere llama «16 apellidos maragatos» pues el lugar siempre fue de la familia, el origen está en los arrieros maragatos y todas las generaciones reciben la misma herencia: «No cambies nada». Y así todo huele a historia, a historias que están encerradas en las fotos de la pared y en los botes de arena pues cada uno tiene una corta leyenda de explicación y una larga historia de conversación.

- ¿Y esta arena negra?
- Es que lleva chapopote del Nunca Mais. Mira ésa nos la robaron, pues la robaron, y a los 8 meses aparece un chaval con el bote: La robamos, muy mamaos, y quedó en mi coche. Pero nos tratasteis tan bien que me dio cargo de conciencia».

Y sigue creciendo la colección, toda de recuerdos, nada es comprado. En los últimos años vienen manteniendo una curiosa y amistosa pugna con un coleccionista de arena de Valencia de Don Juan, Chuso. En 2017 el coyantino tenía alguna más. «No sé cómo andará ahora la cosa pues no hay competición, cuando pasa para Asturias para por aquí y nos cambiamos botes».

Y las nuevas arenas es lo único que cambia pues Tere y Juan son fieles al encargo de Pepe, siguen despachando buen embutido, mejores quesos, impagable conversación sobre las historias de nieve y frontera, de trenes y estraperlo en la posguerra, y haciendo las cuentas a lapicero sobre el papel. Y Juan protestando: «¿Y no decís nada de Felechas? Habláis de Boñar, que es un barrio de mi pueblo y...».
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