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Todos los días son pocos

Todos los días son pocos

OPINIóN IR

11/11/2019 A A
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Todos los días son pocos
Ya que en nuestra tierra no abundan cosas que celebrar, aprovecha el cronista para hacerlo hoy con otro leonés, escritor, que nos acaba de entregar su primera novela, que demuestra que Emilio Gancedo (León 1977) opta al ingreso en ese club de los grandes narradores patrios, cuyo elenco no se explícita aquí por ser de todos conocido. La novela se titula ‘Brigada 22’ y cuenta la aparición de un grupo residual de maquis emboscados y aislados hasta después de Franco muerto.

Hay dos aspectos muy positivos a resaltar en esta novela: La originalidad del planteamiento, y la magnífica escritura. El primero de ellos llega a sorprender tanto que el lector duda si ha sido engañado por el título, pues los ‘brigadistas’ no aparecen hasta el final. Y el segundo es ese tipo de escritura que se recrea en el paisaje y en los pensamientos y sentimientos de los protagonistas, que no son los emboscados precisamente, sino otros de esos personajes atrabiliarios a los que nos tienen malacostumbrados nuestros narradores leoneses, de los cuales (narradores) el mayor exponente podría ser Luis Mateo Díez.

«Se mire por donde se mire, la realidad tiene siempre algo de fraude». Eso le contesta uno de los ancianos escondidos, que acabo de ser rescatado de las fauces del olvido por un aprendiz de periodista que les informa de que Franco ha muerto y de que España vive en una democracia presidida por un Rey y que lo de la república por la que ellos dicen seguir luchando es una entelequia perdida en el tiempo. El diálogo entre los dos podría ser el paradigma de la enjundia del libro. «– ¿Y no tienen miedo de morir aquí, tan solos?. – Todo el mundo tiene miedo. Hasta los muertos temen el día en que vuelvan a amanecer a la vida. – Llevan demasiados días de lucha. – Todos los días son pocos».

Después de ‘Palabras mayores’, Gancedo nos entrega esta novela, cuya llegada podríamos saludar sin miedo a equivocarnos, pues todo apunta a que nuestra ya larga nómina de novelistas se prolonga, lo cual es una buena noticia para una tierra que tan poco abunda en ellas y en la que tan solo parece existir el vacío rural y el abandono. Paquito Munera y su madre, dos inmensos personajes muy nuestros, forman parte de todo ese personal disparatado y ‘tan literario’ que va conformando un submundo reconocible fuera, digno de ir siendo estudiado ya por los expertos como algo que nos pertenece a todos los leoneses. Tampoco falta un guiño al ‘periódico local’ y provinciano, del cual forma parte el autor, y cuyo ambiente glosa primorosamente.
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