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54 días de miedo, dolor y desesperanza

54 días de miedo, dolor y desesperanza

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Leticia Santos | 12/05/2020 A A
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54 días de miedo, dolor y desesperanza
Tribuna La joven leonesa Leticia Santos relata en primera persona su enfermedad y su ingreso en el hospital para que la gente "tome conciencia de la gravedad de la situación"
Ninguno sabíamos lo que este virus era realmente. Algo novedoso que viene para quedarse un tiempo y que pone en cuestión todo lo que hasta ese momento dábamos por sentado.

El día 20 de Marzo me desperté con intensos dolores de espalda, en una situación normal lo hubiera achacado a una mala noche, sin embargo en mi familia ya estábamos pendientes de cualquier síntoma, pues en mi casa ya había entrado el virus. No teníamos pruebas reales de ello porque a mis familiares no se les realizó en ningún momento la PCR, pero sabíamos que eso no era una gripe más, algo que conociéramos. Los días iban pasando y los síntomas iban en aumento, cefaleas, dolores musculares, fiebre alta. Desde el primer momento se lo hicimos saber al médico de cabecera y a partir de ahí empezó mi seguimiento telefónico, aunque eso de seguimiento es bastante relativo, dado que cada llamada la realizaban diferentes médicos, por lo que a cada uno de ellos tenía que contarles por primera vez mi historia, mis síntomas y vuelta a empezar. Al cabo de dos días el malestar era tal que tuve que llamar al teléfono que habilitaron para urgencias del Covid. Tras un largo rato de espera volví a contar nuevamente mis síntomas, ese día ya cambiaron, pues tenía fuertes dolores de pecho, disnea, taquicardias y fiebre alta. Su diagnóstico final fue una crisis de ansiedad, recetándome orfidal, un relajante muscular.

Pasaron dos días y mi situación iba a peor, se lo hago saber al médico que ese día me llamó, aconsejándome esperar y en caso de no mejorar subir a urgencias hospitalarias, ya que las urgencias ambulatorias no estaban abiertas.

Sin esperar más decidí subir al hospital. Ahí te das cuenta de la verdadera batalla que se está luchando, y que la gran mayoría desconoce. Ese día estuve más cerca de personas desconocidas que de mi propia familia. En una sala de 12 metros cuadrados estuvimos 20 personas durante más de 6 horas. Allí no había distancia de seguridad. Prácticamente todos teníamos un cuadro clínico similar, todos estábamos para ingresar. El día 25 de Marzo quedé ingresada con positivo en Covid-19 y con neumonía. Los 7 días siguientes permanecí aislada en una habitación de hospital donde el único contacto que tenía era con el personal sanitario en esos cinco minutos que entraban. No estaba bien, pero ver lo que allí se vive te hace darte cuenta que hay gente mucho peor, incluso a ratos tienes un sentimiento de culpabilidad porque esa cama, esa medicación, y esos sanitarios podían estar atendiendo a alguien que estuviera más grave que tú. Después de tres días sin fiebre alta, a pesar de otra PCR positiva, vuelvo a casa, 15 días aislada y en los que noto una cierta mejoría. A los 17 días de haber vuelto a casa tengo una recaída importante, vuelven los dolores, el cansancio extremo, sigo sin olfato y sin gusto, con mareos, diarrea, con poco apetito y picor en la piel. Los días de atrás había hecho una lista de todos los síntomas que había tenido, un total de 33, y aunque parecía que los había tachado volvían a aparecer de nuevo. Este virus afecta a prácticamente todo el cuerpo, como si pudieras tener a la vez todos los males juntos. Ni la gripe más fuerte.

El hospital terminó por convertirse en un infierno para mí, y después de 34 días con el virus por fin me comunican que ya he dado negativo en la tercera PCR. Algo que no entendía porque mis dolores iban en aumento, no notaba ninguna mejoría, y tenía incluso dolores nuevos, tales que me paralizaban el cuerpo y no podía ni siquiera moverme ni caminar. Yo me preguntaba continuamente cómo podía seguir con febrícula, con opresión en el pecho, con disnea y taquicardias, si ya era negativo. La incertidumbre es tal que el miedo se apodera de ti. Tener que pasar esta enfermedad sola, sin contacto alguno, y con la única esperanza de que al día siguiente sientas un poco menos el dolor. Nadie sabe nada, los médicos no son capaces de responder a mi pregunta de si eso es normal. Las noticias solo hablan de curados. ¿De veras tenía que resignarme a pensar que estos dolores, esta falta de aire solo estaban en mi cabeza? Así me lo hacían creer algunos. ¿Tenía que pensar que no había nadie más así? Las noticias no, pero las redes sociales me hicieron ver que esto mismo le ocurría a más gente. Algo que en parte alivia, aunque sigues sin saber si es lógico que ocurra, o es porque detrás de esto hay algo más, algo que ahora igual no lo sepamos ver.

47 días desde el inicio participé en el estudio serológico que hacen por provincias. Ahí encontré las respuestas a alguna de mis preguntas, la PCR era positiva, por lo que me planteo que la anterior era un falso negativo. Llevo 54 días mala, a la espera de otra PCR que por fin confirme que ya no contagio. Sigo aislada dentro de mi propia casa, sin poder salir a la calle.

Tengo 24 años, sin patologías previas y con una vida saludable. Este virus nos afecta a todos, a jóvenes y mayores, y no, no es una gripe más. Aún sigo con malestar y sin saber si estas secuelas permanecerán durante mucho tiempo.

Que esto sirva para que la gente tome conciencia de la gravedad de la situación, el virus sigue estando aquí y es de muy fácil contagio, yo tomé todas las precauciones y sin embargo no lo pude evitar.
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