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Teruel existe, León desiste

Teruel existe, León desiste

OPINIóN IR

08/12/2019 A A
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Teruel existe, León desiste
Me parece muy loable, y por ello aplaudo con entusiasmo, el intento del actual alcalde de la capital leonesa, el bueno de José Antonio Díez, de avivar el rescoldo de una autonomía leonesa, uni o triprovincial, si así lo quieren zamoranos y salmantinos. Pero mucho me temo que sea una ‘pasión inútil’ por caer prácticamente de bruces en oídos sordos. ¿Este impulso por sacar lo leonés de su prolongado marasmo ha tenido que ver con lo optado por la mayoría de los turolenses en las últimas elecciones?

Teruel cuenta con una población en 2018 de 134.572 habitantes. De un censo de 102.587, se escrutaron 74.296 votos en las elecciones del 10-N. La formación política Teruel Existe obtuvo 19.696 votos, el 26,7% del total, siendo el partido más votado y por ello logrado un escaño de los tres que en la Cámara de Diputados le corresponden.

León cuenta con una población en 2018 de 463.746 habitantes y un censo de 384.895. Del total de los 263.113 votos escrutados, para estar entre los cuatro escaños que le corresponden, el partido que, en principio, supondría ser el más representativo de los intereses leoneses, la Unión del Pueblo Leonés (UPL), tan sólo consiguió la pobre cuenta de 9.550 votos esto es, el 3,67%. de los escrutados.

Bien es verdad que lo leonés no está solo representado por la UPL. También lo comparten leoneses que han votado a otras formaciones políticas. Pero es gente desengañada, porque antaño puso su fe en una causa de gran empuje que fue utilizada para satisfacer intereses personales por quienes comandaban aquel movimiento ilusionante. Desde mi punto de vista, un León más efectivo que emotivo sólo es alcanzable merced al surgimiento de un santo advenimiento con singular carisma que aproveche la futura reforma de la Constitución –si ésta no se anula antes–, en una nueva autonomía o federación. Pero, hoy por hoy, eso es algo tan hipotético como la llegada de un Mesías redentor.

Los turolenses, acordes con su precaria situación de abandono que ha ocasionado el vacío poblacional, han optado electoralmente en dar mayor prioridad a sus intereses provinciales que a los nacionales. En cambio los leoneses en su mayoría han preferido apostar en el pugilato partidista entre rojos, azules, verdes, morados y naranjas para alcanzar el poder central, desistiendo en aprovechar la oportunidad por trasegar hacia intereses más genuinos.

Para no continuar inmersas en el conglomerado de su unión con Castilla, las aspiraciones de la Región Leonesa a una administración propia, uni o triprovincial, cimentadas en su raigambre histórica, en modo alguno pueden ser tachadas de reaccionarias ni retrógradas, como nos reprochan, no solo gentes ajenas, sino paisanas. El gusano está más bien dentro que no fuera de la manzana. Para unos y otros, un León sin Castilla tiene su único punto de mira en un victimismo retrovisor, siendo la contemporánea configuración autonómica inventada por los señores Martín Villa y Peces Barba –con Mañueco y Puente como sucedáneos– un hecho inapelable y consagrado ‘ab eterno’.

Es evidente que el híper y absurdo cajón de sastre castellano-leonés –con la Fundación Villalar como chiringuito para el enganche y el dispendio– no ha favorecido la economía leonesa. Ahí está el cierre de comercios, industrias y minas, y el abandono de zonas rurales, tanto como el éxodo de los más jóvenes hacia otros pagos más prometedores.

A pesar del vaciado de aldeas, negocios, viviendas... y Castilla, como consuelo aún nos quedaría el Húmedo, la cecina, el botillo y la morcilla.
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