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Tengo un dolor aquí…

Tengo un dolor aquí…

OPINIóN IR

24/03/2021 A A
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Tengo un dolor aquí…
El lunes de mañana un mal azar me hizo revisar el enfoque y los primeros renglones de este artículo semanal.

Sí, se me nubló la mañana al saber la muerte del poeta Adam Zagajewski, quien, en su discurso de recepción del Premio Princesa de Asturias de las letras 2017, tanto me alivió en mis neurosis regalándome, si no unidad de ser, sí, al menos, un cierto reajuste de mi personalidad poliédrica, al decir que «debatimos sobre las clases y las capas sociales, pero en el día de cada día no vivimos en la colectividad sino en la soledad». Y digo mal azar, conste, no sin cierta duda, pues, si es que hubiera algún buen día para morir, no debe de ser el más inadecuado para un poeta el 21 de marzo, Día Mundial de la Poesía.

Así que, asqueado del triste espectáculo de mociones de censura, elecciones anticipadas, tránsfugas o coherentes según y cómo, y viendo de qué manera se carga el verbo cual arma fuese. Así, ante mi imposibilidad de ordenar el desarme del lenguaje político e introducir como obligatoria la moción de pública autocrítica de todo representante y gestor público; antes de darme al ansiolítico de turno, busqué saber y consuelo en la poesía.

Y fue la poesía quien me recordó que la cosa viene de antiguo en esta patria nuestra, en esta ‘Triste España sin ventura’ que verseó Juan del Encina. Lo hice, sí, aun acabe su poema con «De tan penosa tristura/ no te esperes consolar».

Mas nada original soy, que acaso sea este nuestro sempiterno sino, pues ya así lo debía de sentir Miguel de Unamuno cuando escribió «¡Ay, triste España de Caín, la roja/ de sangre hermana y por la bilis gualda».

Normal pues que envejezca y cada día descrea más de este «País viejo,/ padrastro ya inmisericorde,/ con delirios (ay, de grandeza, dicen),/ manías y rencores/ de viejo loco» que dejó escrito nuestro Eugenio de Nora. Pues cuando, qué duda cabe, recordando, muchísimos conciudadanos podríamos recitar, no sin orgullo, los versos de Ángela Figuera Aymerich en su poema ‘Seguir’: «Prensé mi corazón/ y procuré una copa/ de sangre nueva y pura/ a tus mermadas venas», hoy también podríamos, acto continuo, declamar los de Blas de Otero en su ‘España’: «Fuere yo de otro sitio. De otro sitio cualquiera./ A veces pienso así,/ y golpeo mi frente/ y rechazo la noche de un manotazo: España».

Sí, amigos, como la poeta uruguaya Cristina Peri Rossi en su exilio español, yo, cada día más extrañado de cualquier fe y esperanza política, también «Tengo un dolor aquí,/ del lado de la patria».

¡Salud!, y cuiden y cuídense.
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