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Temporal y meritocracia

Temporal y meritocracia

OPINIóN IR

27/12/2019 A A
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Temporal y meritocracia
A veces el poeta quiere cantar y así lo hace. La canción, algo reconocido por todos desde antiguo, es buena, incluso, para la salud (el que canta su mal espanta) sin diferir en ello la misma creencia católica (el que canta reza dos veces). El poeta canta, a veces, alegre o triste. En realidad lo que hace casi siempre es escribir, en ocasiones motivado por la tristeza a cántaros o desesperación como hace Pablo Neruda en su maravillosa ‘Canción desesperada’: «Puedo escribir los versos más tristes esta noche».

Yo hoy también escribo, enganchada a la noche, aunque mas distante de la poeta que por momentos me azuza o, mejor, me impele. Eso me parece. Lo cierto es que en estas fechas navideñas la imagen de mi padre que no escribía versos, según he aseverado en otra ocasión, sino que durante algún tiempo “teitaba” casas de paja, hórreos y pallozas alternando con el cuido esmerado de los prados y la atención montañesa de una cantina mínima ayudado por mi madre, previo a horadar la antracita, la imagen paterna viene a mi pensamiento con enorme tristeza. Pues mi padre murió en Nochebuena siendo enterrado en Navidad un día que llovía a cántaros (más que cuando enterraron a Zafra, solía comentar él; puede que hasta cuando enterraron al propio César Vallejo).

Dicha Navidad me recuerda bastante a estos días pasados por la lluvia con ferocidad en casi toda España, sobre todo en Galicia. Ese temporal, por fortuna desaparecido, debido a las borrascas Elsa y Fabián (o Fabien) , sin piedad ha provocado enormes pérdidas de toda índole. Campo, mar, ríos, animales, enseres, entronizados árboles y personas han sido malheridos o aniquilados por él. Menos mal que este mar desbocado , tales precipitaciones violentas, tales ríos desbordados, estos vientos huracanados han remitido. Algunas pérdidas podrán olvidarse en un tiempo más o menos cercano, pero las víctimas humanas, superior a seis, costará más, mucho más. Sus seres queridos seguirán buscándolas en una dulzura sin término.

Previo a concluir deseo agregar que el mar que engulló al pacífico pescador gerundense no tiene nada que ver con el de aquellos navegantes primitivos que en su velero recogían agua de lluvia, comían lo que pescaban sin saber cuándo iban a regresar, Esos marineros sobre los cuales me habla el doctor Jesús Viñuela en su correo electrónico ‘Meritocracia’.

Similarmente el río condadés, el Porma, desbordado, inclemente dejó de ser el río calmo, amistoso, probablemente bendecido otrora por el tractorista muerto en Vegas del Condado.

Conviene comentar, también en semejante dirección, para cerrar esta columna, aunque sea poco, algo sobre la ya conocida como ‘riada negra’, denunciada por los ecologistas al Seprona cuyo origen consiste en un antaño cielo abierto ubicado en Santa Lucía de Gordón , la cual se extendió por la Robla tiñéndola de negro. Sin duda las consecuencias del temporal en cuestión serían menos graves si las alcantarillas se limpiasen e igualmente los ríos, que caso curioso, referente a los leoneses, mientras la Confederación Hidrográfica del Norte olvida tal misión contrariamente no autoriza a los municipios que solicitan hacerlo. Con todo esto vengo a decir que sí, el temporal es el factor principal en esta penosa realidad, en efecto, sin embargo no se pueden abandonar otros con aparente menor importancia. Tan sólo aparente.

En fin, el presente comentario da para mucho. Queda por ello incompleto. Así pues, me resta desearos a todos, lectores atentos, un año 2020 hecho a vuestra medida.
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