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Te canto una ranchera

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15/04/2018 A A
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Te canto una ranchera
No le falta razón a Jorge, El Tío Vinagres, cuando esta semana nos recomendaba en su columna que hay que viajar, aunque él se lo toma todo en serio y marchó para la Corea buena. Hombre, «tampoco ye pa ponese así», que dicen los asturianos cuando los detiene la Guardia Civil por cantar ‘Asturias Patria Querida’, que nunca supe si es por cantarlo o por cantarlo en asturiano, es decir, muy alto, que ya decía un bar de Oviedo: «No es que se prohíba cantar en este local, pero la verdad es que tiene muy mala acústica».

Las paredes de los bares son muy sabias. Ayer estuve en uno que tenía este cartel: «Para tener derecho a tapa, el vino tiene que ser presencial... y pagarlo también». Ome coño.

Vuelvo al suco, que ya me esnorté y todavía no arranqué. La cosa estaba en lo tocante a viajar; y yo, por no hacerle un feo al rapáz, pues me puse a viajar pero acorde a los idiomas que domino, que son los mismos que premios me dio Caja España cuando existía, uno o ninguno más bien tirando a lo segundo. Pues cogí y marché para Cabrera, que entiendo a la gente, y no paré hasta Pombriego, con la mala suerte de que lo primero que encontré es que se mueren los que no tienen que morirse. Y le había pasado a Julio el del bar, un tipo irrepetible. Bien es cierto que se murió porque le dio la gana a él, que tenía más azúcar que la azucarera de La Bañeza y llevaba una dieta basada en su lógica, que nada tiene que ver con la lógica médica.

- ¿Qué comiste Julio?

- Callos.

- Pero hombre, según tienes el azúcar.

- ¿Y qué tienen que ver los callos con el azúcar, ¿dónde llevan azúcar?

Argumento que le servía para beber vino o hacer lo que le viniera en gana.

Cantante de rancheras, irrepetible aquel pasaje cuando volvía de Brasil de buscar novia y ya no le quedaba ni un duro. Pidió un bocadillo en el bar del aeropuerto y se ofreció a pagarlo cantando unas rancheras.

- A los dos minutos ya estaban allí los camareros con el bocadillo.

- ¿De lo bien que cantabas?

- O para que me callara la boca.

La lógica de Julio, que se apagó. Me dan ganas de cantarle una ranchera.
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