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Tango... ese hatillo de nostalgias

Tango... ese hatillo de nostalgias

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En la calle, el tango seduce a la vida. Ampliar imagen En la calle, el tango seduce a la vida.
Toño Morala | 16/10/2017 A A
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Tango... ese hatillo de nostalgias
Cultura En León también se baila y toca tango; más de 400 argentinos viven y han traído el mate y el tango, entre otras cosas más. Y también tenemos a dos grandes tanguistas, entre otros , los poetas leoneses Ildefonso Rodríguez y Juan Carlos Pajares
"Acaricia mi ensueño el suave murmullo de tu suspirar, ¡cómo ríe la vida si tus ojos negros me quieren mirar! Y si es mío el amparo de tu risa leve, que es como un cantar, ella aquieta mi herida, ¡todo, todo se olvida!... El día que me quieras, la rosa que engalana, se vestirá de fiesta con su mejor color. Al viento las campanas dirán que ya eres mía y locas, las fontanas me contarán tu amor…" Carlos Gardel la interpretó magistralmente y fue autor de la letra Alfredo Lepera. Comenzamos esta bonita historia invitándoles a escuchar tango y, si les apetece, pues pónganse a bailar, que es lo que van a llevar en nostalgia y sonrisas. Confieso que no sé bailar, ni cantar… pero escucho de vez en cuando un buen montón de músicas para la vida… Bueno, lo dicho, hoy vamos a intentar que les llegue tango bailado y tango cantado… e intentaremos llegarles al corazón desde la memoria y el recuerdo de aquellos años, y los de ahora, que todavía hay tanguistas por nuestras tierras que lo hacen muy bien; luego escribimos sobre ellos.

‘La bicicleta’, de Blanca del Carmen, fue el primer tango grabado en EspañaEl tango se gestó y es característico de algunas ciudades con puertos fluviales de Argentina y Uruguay, que tienen como eje al Río de la Plata, donde se ubican las capitales de ambos países, Buenos Aires y Montevideo, pero que se extiende a otras ciudades con puertos fluviales de la región, entre las que destaca Rosario, ciudad argentina de la Provincia de Santa Fe. La presentación conjunta de Argentina y Uruguay ante la Unesco para el reconocimiento del tango como patrimonio inmaterial de la humanidad, reza: En el origen del tango hubo tres aportes negros decisivos: el originario del Río de la Plata, que es el candombe; el procedente de Cuba, que es la contradanza europea convertida en habanera, y la milonga, oriunda del Brasil, traída por los soldados del ejército de Urquiza, y que con el tiempo llegaría a las orillas de Buenos Aires. Los tres elementos se refundirán en el tango. Luego éste recibirá otros aportes de la inmigración. Buenos Aires era el último puerto del mundo: los artistas y los marinos llegaban a ella con toda la música recogida en los puertos del trayecto. Y la larga estancia de los barcos en cada puerto daba tiempo para el contacto y el intercambio con los habitantes. Oscar Zucchi, principal estudioso del bandoneón en el tango, sostiene que el bandoneón se integró al tango poco antes de 1910. Si bien existen varias constancias de la presencia del bandoneón en el Río de la Plata mucho antes, fue en la primera década del siglo XX donde el bandoneón pasó a ser el instrumento central del tango. Se trata de un instrumento alemán, cuya invención se atribuye a Heinrich Band en 1846. Fabricado en Alemania, fue la firma Alfred Arnold Bandoneón fundada en 1911, fabricante de los famosos ‘AA’ (’doble A’), la que se ganó la preferencia de los músicos rioplatenses.

El ingreso del bandoneón y en segunda medida del piano al tango, modificó radicalmente la integración musical de los conjuntos y orquestas tangueras, que hasta ese momento se componían sobre la base de la flauta, el violín y la guitarra. Con esa integración, el sonido del tango tenía un estilo saltarín y vivaz, que marcaba la flauta. A partir de ese momento la flauta comenzó a desparecer del tango y la guitarra se vio relativamente postergada. Pero además el ingreso del bandoneón influyó sustancialmente en un notable cambio en el sonido tanguero, que conduciría a la Guardia Nueva, a una nueva etapa en la historia del tango. Y uno de los más grandes bandoneistas, fue Astor Piazzola.

Y en esta España nuestra, también hubo grandes intérpretes de tango. Corría 1903 cuando la señorita Blanca del Carmen, que frecuentó diversos géneros musicales, efectuó, con el sello Gramófono, la primera grabación de un tango en España, ‘La bicicleta’, que, como es sabido, es más un cuplé que otra cosa. En marzo del año siguiente, 1904, fue el gran barítono aragonés Marino Aineto quien grabó un viejo tango zarzuelero, ‘Entre mi mujer y el negro’ que, pese a haber sido estrenado en el lejano 1859, alcanzaría a tener otras versiones. Nombres como Resurrección Quijano, Teresita Maravall (La Zazá), Paquita Escribano, Jesusilla Unamuno y La Goya, que popularizará ‘Maldito tango’ del chileno Osmán Pérez Freire. Otras grandes damas del tango españolas, fueron Ofelia de Aragón, Mercedes Serós, La Goyita, Elvira de Amaya, Inesita Pena, Nena Rubens, Luisita Esteso, Encarnita Marzal, La Bella Dorita y Ramoncita Rovira, que estrenó el tan famoso ‘Fumando espero’, pero que apenas logró otros éxitos. Durante los cincuenta decaerá el tango aunque el éxito de ‘Fumando espero’, cantado por Sarita Montiel en la película más taquillera del cine español durante mucho tiempo, ‘El último cuplé’, de Juan de Orduña en 1957, le dio más auge a este género musical.

Y en nuestro León, también se baila y toca tango; más de 400 argentinos viven y han traído el mate y el tango, entre otras cosas más. Y también tenemos a dos grandes tanguistas, entre otros, los poetas leoneses Ildefonso Rodríguez y Juan Carlos Pajares, que se han juntado para mostrar la gran melancolía del tango, su romanticismo, esa rebeldía mestiza y urbana, y alguna vez, Mónica Jorquera también se anima a sumarse con su violonchelo al gran escenario de aquellos inolvidables tangos… Los tres se complementan de maravilla. Comenta Ildefonso… «Recordaba aquellas horas de garufa cuando minga de laburo se pasaba, meta punga, al codillo escolaseaba y en los burros se ligaba un metejón…» (El ciruja, tango con música de Alfredo Marino y Ernesto de la Cruz)… Se viene de donde se sueña. Juan Carlos Pajares, también ha dejado su impronta literaria al respecto en Tamtampress… Afina por aquí…

–¡No estuve en los bulines ni en las academias donde las minas socavan el corazón de los malevos, tampoco en los conventillos donde, aún con el humo del llano y el llanto de la indiada en la ropa, desensillan los gauchos y los gringos, y mutatis-mutandis remansan en aluvión de guapos, compadritos y algún gil. No asistí, en los peringundines arrabaleros, al baile rítmico y etílico perfumado de candombe…

Piazzola soñó un hatillo de nostalgias… y se lo regaló a un tangoTienen más escrito, y exquisito, pero el sitio, es el sitio. Y para ir acabando, un micro-relato de la casa: En las cosas del desencanto, mejor no meterse; uno tiene que observar la jugada desde afuera, sonreír levemente, y contar lo que uno quiera… fingir. A aquel sombrero le quedaba bien aquella afilada cara, aquellas cejas blancas de tanta soledad y paso del tiempo. Las arrugas dignas denotaban algo de cansancio, mientras la mirada larga hacia la nada, dejaba entrever una tristeza que rulaba libre entre las hojas.

Eran los tiempos de los parques en blanco y negro, de bancos ocupados por hombres y mujeres solitarios… de farolas de luz tenue y blanda. La tarde noche olía a desesperanza, ese olor que solo lo huelen los maestros del silencio. Los pájaros terminaban la hora de la ceba, mientras el parque se iba quedando solitario; al cabo de unos minutos, la melancolía se adueñó de aquel hombre, y sentado empezó a susurrar algo parecido a una vieja canción… dejó de musitar, y comenzó a recitar con voz clara y concisa:
–¡Se te embroca desde lejos, pelandruna abacanada, que has nacido en la miseria de un convento de arrabal... Porque hay algo que te vende… yo no sé si es la mirada, la manera de sentarte, de estar parada, o ese cuerpo acostumbrado a las pilchas de percal…! A su lado, a la par, una mujer ya mayor, pero de muy buen porte, y que guardaba toda su belleza singular, se puso a bailar sutilmente, sola, ocupando un espacio lleno de movimientos certeros y con una clase magistral… seguía recitando el hombre de traje y pañuelo, de corbata a lunares, de camisa negra, y el sombrero esquinado sobre la frente, mientras unas lágrimas le asomaban por aquellos ojos… y rodaban por la añoranza de sus arrugadas mejillas. Piazzola, acurrucado sobre su bandoneón, soñó un hatillo de nostalgias… y se lo regaló a un tango.
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