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Tambor: "Las discotecas cumplieron el papel de salas de conciertos"

Tambor: "Las discotecas cumplieron el papel de salas de conciertos"

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Luis Miguel Díez, excomponente de Fundición Odessa y actual integrante del dúo Tambor. | TXEMA RAMOS Ampliar imagen Luis Miguel Díez, excomponente de Fundición Odessa y actual integrante del dúo Tambor. | TXEMA RAMOS
Joaquín Revuelta | 19/05/2020 A A
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Tambor: "Las discotecas cumplieron el papel de salas de conciertos"
Música Luis Miguel Díez y Heliodoro Villa acaban de publicar su tercer disco con el título ‘Royal Sigor’s’, donde han querido rendir homenaje a las discotecas de los años 70 y 80 que ya forman parte de la memoria sentimental de varias generaciones de leoneses
Algo más de un lustro ha transcurrido desde la última conversación con Luis Miguel Díez, componente junto con Heliodoro Villa del grupo Tambor, que acaba de publicar un nuevo álbum –autoeditado al igual que los anteriores– con el elocuente título de ‘Royal Sigor’s’ en referencia a la mítica discoteca de La Pola de Gordón, siendo a su vez el tema de más larga duración de los diez que conforman el tercer disco de la banda, tras ‘Philips vs Sanyo’ (2015) y Single (2019), y que hacen referencia a discotecas y salas de fiesta, tanto de la capital como de la provincia, que forman parte de la memoria sentimental de varias generaciones de leoneses, nombres como Pussy Cat, Aston, Mytho’s, Cyrano’s, Hotachy, Discar, Siro’s, Syna’s, Carrusel y muchos otros más.

Luis Miguel Díez, que militó en bandas como Nada Rock, Fundición Odessa o Zumo, y Heliodoro Villa, que hizo lo propio en formaciones como Visiones Ocultas, El Secreto de Wendy e igualmente en Zumo, son dos veteranos músicos leoneses –aunque el segundo lleva años residiendo en Valladolid– que irrumpen en la escena pop-rock leonesa de los años 80. «En Zumo es donde estuvimos juntos, aunque ya nos conocíamos de la época de Fundición Odessa y demás. A estas cosas empiezas de adolescente y en una ciudad tan pequeña como León se cruzan las trayectorias», argumenta Díez, que comenta que su compañero de aventura musical, Heliodoro Villa, se desplazó por motivos de trabajo a Valladolid y desde hace un tiempo lleva residiendo en Cigales. «Él es de La Pola de Gordón y cómo has podido comprobar el nuevo disco lleva por título ‘Royal Sigor’s’ en alusión a la discoteca de su pueblo, un homenaje que también hemos querido hacer extensible a otras discotecas de la capital y la provincia con el resto de los temas que componen el álbum. La discoteca de La Pola sigue allí como un templo en ruinas, una nave aislada que todavía permanece en pie y cuya visión me produce mucha nostalgia».

Luis Miguel Díez recuerda que cuando hicieron el listado de discotecas salieron algo más de treinta, pero  la hora de poner los títulos a los temas se descartaron nombres como Mandrágora o Tropicana, en este último caso porque era muy socorrido. «Todos son sitios que en su momento, en lo que podíamos llamar la era dorada del pop a nivel nacional, que fueron los 80s, se erigieron un poco en templos de la música, ofreciendo muchísimos conciertos y donde también se podía escuchar música enlatada. No todo el tiempo era música específica para discotecas sino que podías escuchar pop o rock & roll, según los horarios, y eran un poco como el epicentro, donde se podía ir a escuchar lo último, las nuevas bandas... Todas programaban y además tenían en mi opinión un aforo ideal de entre 500 y 1.500 personas, con un sonido muy potente y te permitía estar cerca de los grupos, sin olvidar el papel fundamental que tenía la figura del pinchadiscos antes y después del concierto».

A juicio del excomponente de Fundición Odessa, la edad dorada de las discotecas a nivel mundial fueron los años setenta con la irrupción de la música disco y la influencia que ejercieron locales como el legendario Studio 54 de Nueva York. «En España y sobre todo en provincias, las discotecas como catalizador y sintetizador de lo que era la música pop se dieron en los 80, porque empezaron a programar conciertos. No eran salas de concierto específicas, cosa que sí había en el mundo anglosajón, pero sí cumplieron ese papel», argumenta Díez, que recuerda eran un punto de encuentro y en ellas había diferentes ambientes en función de las horas. «El ejercicio de memoria, de nostalgia si quieres, que estamos haciendo tanto Heliodoro como yo con los títulos de este disco está más centrado en su relación con los conciertos. En este sentido yo recuerdo perfectamente un concierto en Royal Sigor’s de Radio Futura, que además en aquella época podías hablar con Auserón un rato después de la actuación, era otra cosa. Esa es la memoria que nosotros queremos traer con este disco, no de la discoteca donde, entre otras cosas, se iba a ligar, o donde nos reuníamos, que para eso ya estaban los llamados pubs, que es una figura que también ha desaparecido, porque el pub, como se concibió en los 80s, ya no existe», argumenta Díez, que insiste en la idea de las distotecas como «templos y epicentros donde nos reuníamos para ver a los grupos de rock. Todos los grupos de la llamada Movida pasaron por las discotecas. En La Mandrágora hubo una programación tremenda hasta los años 90. La Estrella de Mansilla de las Mulas también programaba mucho, así como Discar en Carrizo, Hotachy en La Bañeza, etc».

Preguntado por el proceso de identificación de cada canción del disco con el lugar al que hace referencia, Luis Miguel Díez quiere aclarar que en principio la idea era hacer un disco normal en el que cada canción tenía una temática determinada. «Nosotros hemos hecho un disco a la antigua usanza, que es un disco para ser escuchado de principio a fin. De hecho el disco tiene una intra-evolución porque comienza con un aire bastante industrial, electrónico, y termina de la forma más orgánica posible. Digamos que empieza con sonidos artificiales y termina tocado de forma más natural, con guitarras acústicas, con las voces más cálidas... Lo que hace el disco es ir de delante hacia atrás, por lo del ejercicio de memoria, pero en realidad solo dos canciones tienen el título vinculado a la letra, que son las dos canciones que llevan el nombre de discotecas de la cuenca minera donde nació Heliodoro Villa, como son Royal Sigor’s y Syna’s, que estaban ubicadas en La Pola y en Ciñera, y separadas ambas por un par de kilómetros», comenta Díez, para quien en ‘Syna’s’ sí que hay un ejercicio de nostalgia de un tiempo en el que las discotecas tenían lentos o baladas que se programaban en momentos determinados de la velada. «El resto de los temas no tienen ese vínculo, pero nos pareció bien ponerles títulos de discotecas en homenaje a todas ellas. El Pussy Cat está incluido porque me parece un local mítico y tiene un nombre que cacofónicamente funciona muy bien y además es muy sugerente», sostiene Díez, que reconoce que el Toisón también estuvo en las quinielas pero se cayó «porque vinculándolo a la música rock es propiedad de Los Cardiacos».

Tanto para Heliodoro Villa como para Luis Miguel Díez la provincia ocupa un lugar de privilegio y son varias discotecas provinciales que están presentes en el disco. «Podrían haber entrado algunas más. Para mí fue un ejercicio muy bonito rastrear por Internet. Varias de ellas llevaban el famoso apóstrofo con la s final, una influencia anglosajona», destaca el músico leonés, que recuerda que en Mytho’s se celebró dos ediciones de un concurso de rock pionero y muy bien organizado donde se hacía una preselección en el local de León y la final se desarrolló en su homólogo de Villamañán, donde Fundición Odessa se alzó como ganador de una de las ediciones. «Mytho’s tenía que entrar porque organizó muchos conciertos».

Sobre el funcionamiento interno de este binomio musical que responde al nombre de Tambor, Luis Miguel Díez reconoce que «somos un dúo que se entiende mucho mejor que si fuésemos tres, cuatro o cinco. Hasta hace diez años ambos habíamos tocado bajo el concepto de grupo de cuatro o cinco componentes, con un local donde reunirse para ensayar para luego dar conciertos. Pero siempre he dicho que el grupo pop, punk o rock, como formato clásico, es ideal para un adolescente, para la época del instituto, porque tu puedes juntar cuatro chicos que tienen las mismas ilusiones, las mismas responsabilidades, el mismo dinero y el mismo tiempo, pero pasando éste ya dejas de tener las mismas ilusiones, las mismas responsabilidades, el mismo tiempo y seguramente el mismo poder adquisitivo. Entonces es muy complicado reunir a la misma hora a cuatro o cinco personas, porque van teniendo familia, porque los trabajos se separan, porque son ya otros turnos... Ir manteniendo lo que es una rutina como grupo se nos hacía muy pesado, por lo que hace diez años salimos de las bandas en las que estábamos y decidimos que lo que nos rescataría sería la tecnología. Decidimos que más allá de las actuaciones en directo nos interesaba hacer canciones, que es lo que nos gustaba. Es más adecuado para determinada edad porque es más compatible con un cierto sedentarismo. Lo puedes hacer desde casa gracias a la tecnología. Hoy es posible grabar un disco en casa que suene como un disco profesional de hace 30 o 40 años. Hubo que aprender a manejar la tecnología, algo de lo que se encarga Heliodoro porque para eso está bastante mejor capacitado que yo, y comenzamos a hacer canciones. No había ninguna pretensión, nos daba igual ocho que ochenta, pero siempre partiendo de la base del sonido pop-rock en el que siempre nos hemos movido. Como aprendimos en los 80s dicen que sonamos a esa época, pero yo no lo sé, porque es muy difícil captar tu propio sonido», reconoce.

(Este miércoles se publica la segunda parte de la entrevista, que se complementa con un artículo de Carlos del Riego sobre las históricas discotecas de la capital).
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