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«También sería, pero… déjate sorprender»

«También sería, pero… déjate sorprender»

OPINIóN IR

22/07/2021 A A
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«También sería, pero… déjate sorprender»
Los que de pequeños tuvimos el privilegio de estudiar latín sabemos que ‘docente’ es el participio de presente activo del verbo latino docere que significa «el que enseña». Toda la prensa ha colgado a la nueva ministra de Educación, Pilar Alegría, el distintivo de ‘docente’ y no se le debería atribuir ese título si apenas ha pisado las aulas. Comenta el dirigente de IU, Antonio Maíllo: «no hay rastro de que haya ejercido como profesora antes de dar su salto definitivo a la política». Ella sí puede presumir de maestra porque realmente es diplomada en Magisterio y mis amigos de Zaragoza me dicen que empezó a ejercer como interina en la zona de La Zaida y al finalizar el primer curso huyó de la tiza. En todo caso, no parece que pueda alardear de experiencia docente. De lo que realmente puede presumir la nueva ministra es de ‘política’. El Diario ‘Público’ el día de su nombramiento, 10 de julio, destaca su marcado perfil político. Pilar Alegría nació en 1977, se afilió a UGT a finales de los 90 y al poco tiempo, hizo lo propio en el PSOE. En una entrevista en julio de 2018, la nueva Ministra de Educación y Formación Profesional reconocía: «Fue en mi época de estudiante universitaria. Al llegar a la universidad, es cuando empiezas a sentir curiosidad por el funcionamiento de las cosas y conoces más de cerca el tejido asociativo y los movimientos estudiantiles. Así fue en mi caso ya que no provengo de una familia de tradición política». La universidad le sirvió de trampolín para llegar muy rápido y muy alto en política. Sigue comentando el Diario Público: La «histórica militante feminista del PSOE», según apuntan fuentes de su entorno más cercano, fue diputada por Zaragoza en el Congreso de los Diputados entre 2008 y 2015. Ese prestigio político resalta en la mayoría de los periódicos y se deja entrever que su entrada en el Consejo de Ministros esconde otro mensaje implícito: «Esa será la lanzadera para tomar el relevo de Javier Lambán en el PSOE aragonés en el futuro».

La primera gran polémica que ha tenido que lidiar la ministra Alegría es su coincidencia con la exministra Celaá en «no predicar con el ejemplo». Las dos comparten el ataque a la educación concertada en favor de la pública, pero eso debe ser una recomendación para ‘los demás’ y no para ellas que eligen para sus hijos los colegios más exclusivos a los que parece despreciar su partido: La exministra vasca llevó a sus hijas a un colegio religioso y que segregaba a los niños por sexos y la nueva ministra aragonesa lleva a su único hijo al Liceo Francés Molière de Zaragoza, un colegio superprivado e internacional que, según su página web ronda los 7000 euros por curso. «Es difícil lograr que alguien te crea si haces lo contrario de lo que predicas».

‘Pelillos a la mar’. Vamos a lo que nos interesa. La nueva ministra de Educación y Formación Profesional, Pilar Alegría, recogió el lunes pasado la cartera de manos de Isabel Celaá, su antecesora, y en ese acto la aragonesa ha destacado que espera «estar a la altura» en su desempeño como nueva ministra e intentará hacerlo mediante «el diálogo y la búsqueda de consenso». ¡Qué bien suenan esas palabras, Pilar! Alumnos y profesores hemos soñado tanto con ese consenso... No creo en los milagros, pero ‘haberlos haylos’. Algo debe de tener la nueva ministra para lograr este ascenso tan fulgurante en política. Los sindicatos le achacaban a la exministra Celaá su poco diálogo social y esperan que la nueva responsable impulse estas negociaciones y el diálogo para lograr el necesario consenso. La empresa es complicada y la ministra Alegría tiene una gran faena por delante, aunque su predecesora le dejó aprobada la Lomloe, ella tendrá que completarla. El principal melón que tiene abierto ahora es continuar la labor de reforma del currículo que Celaá ha dejado a medias en el momento más complicado porque el currículum es fundamental en el sistema educativo y la intención del ministerio es rebajar los contenidos y pasar a una formación «por competencias», con todo lo que ello supone y con la oposición de gran parte del profesorado.

Señora ministra de Educación, es verdad que le han hecho un regalo envenenado. Dice el refranero popular que el que empieza el bollo debe terminarlo. A usted se lo han dejado empezado y con demasiados problemas. Le agradecemos su valentía al meterse en este fregado. Tendrá que desarrollar la ley Celaá y afrontar un curso, no se sabe si pandémico aún o postpandémico, y además con prisas. Cuando aterrice en el ministerio ya le esperan reuniones del Gobierno y comunidades autónomas para debatir el decreto de evaluación y promoción. Y después una larga cola de problemas que ya están sobre su mesa. Voy a destacar uno solo: «el profesorado, después de la experiencia de la pandemia, se acostumbró a los grupos pequeños y ahora echa en falta una rebaja por ley de las ratios de alumnos por clase». Es lógico, a lo bueno nos acostumbramos fácilmente. Doña Pilar Alegría, ojalá tenga suerte en su ministerio porque la necesitamos. Usted es ‘maña’ y llega con la aureola de ‘diálogo y consenso’. Está en juego, nada menos, que la educación futura de millones de alumnos españoles. Demasiada responsabilidad. Pero no se preocupe, realmente tiene muy poco que perder y mucho que ganar. El listón de la educación en España en este momento sólo puede mejorar porque está por los suelos y sería muy difícil continuar bajando aún más. Por otra parte, ya no me sorprende nada. Últimamente hemos asumido sorpresas increíbles. ‘También sería’ que, la diplomada con la especialidad en Educación Primaria y sin apenas experiencia docente, consiguiera el soñado ‘pacto educativo’ que no lograron sus antecesores, con fama de lumbreras, como Javier Solana, Pérez Rubalcaba, Esperanza Aguirre, Mariano Rajoy o Ángel Gabilondo. Vamos a esperar, estimado lector, y ‘déjate sorprender’.
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