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Tachi: "La caza casi me quita la vida y ahora me la da"

Tachi: "La caza casi me quita la vida y ahora me la da"

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Fulgencio Fernández | 03/03/2019 A A
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Tachi: "La caza casi me quita la vida y ahora me la da"
LNC Domingo José Manuel Suárez, ‘Tachi’, sufrió hace 4 años un grave accidente de caza que le dejó en silla de ruedas
Tachi desprende energía y regala sonrisas con cada frase, en cada respuesta. Si le miras a la cara encuentras a un chaval cargado de vitalidad y ganas de hacer cosas, siempre planeando ir al rececho, organizar los puestos de caza, diciendo dónde están las piezas de caza pues los tiene muy vigilados, son muchas horas en el monte.
Si le miras a las piernas descubres que este joven de La Valcueva, vecino de Robles, apasionado de la caza y el deporte, está en una silla de ruedas, desde hace cinco años, desde el 26 de septiembre de 2015 el día que cumplía 24 años.

Aquel día La Nueva Crónica publicaba que "un joven de 24 años ha sido trasladado al Hospital de León después de que se despeñara en una roca en las inmediaciones del pico Gallo, en Almuzara, mientras practicaba la caza". Añadía que lo complicado del lugar impedía llegar hasta él con vehículos de emergencia y que estaba consciente, con lesiones en una pierna y en la zona lumbar.

Esa herida de la zona lumbar fue la causante de la lesión más grave, la que ha dejado a José Manuel Suárez en silla de ruedas. Conociendo los detalles del accidente extraña aún más la señalada pasión por la caza, un deporte que había practicado desde niño. "Con siete años ya salía al monte con mi padre y con los cazadores de La Valcueva".

- Pero, después del accidente y sus consecuencias, ¿no te planteaste dejar la caza para siempre?
- Ni por un segundo. Te voy a contar dos anécdotas para que lo entiendas. Nada más volver del hospital, aquella misma semana, le dije a mi hermano que no me aguantaba sin salir al monte, a cazar el jabalí. No era temporada pero salimos, me puse tan pesado...
- ¿Y cazaste el jabalí?

No hace falta que conteste, pero la amplia sonrisa con la que te lo cuenta y la cara de pillo que que pone son una respuesta evidente.
- ¿Y la segunda anécdota?
- La primera vez que ya pude salir a cazar, ¿sabes a dónde fui?
- ¿A Pico Gallo, al lugar donde tuviste el accidente?
- Exactamente, allí. Lo necesitaba y te diría más, nada me gustaría más que poder volver a cazar e ir allí, a aquel paso angosto en el que me agarré a una roca que cedió y me despeñé, primero varios metros de cabeza y después ya caí en un barranco, paré el golpe con la espalda...

No hace falta que explique más. Solo recordar que siempre fue un accidentado atípico, que sorprendió a todo el personal del hospital por su optimismo... "Mi habitación siempre era una verbena, ¿qué iba a hacer si iba mucha gente a verme? Tengo muchos amigos, una familia larga...".

Pasó por Toledo, regresó con muchas ganas de vivir y no dejar hacer nada, sobre todo cazar. "A la semana de llegar ya fuimos a Asturias a comprar un quad con el que recorre el monte, adaptó a todoterreno que lleva todos los ‘pedales’ en las manos, y con ellos ha hecho muchas horas en el monte, al rececho, siguiendo huellas de animales, vigilando con los prismáticos..." "Cazar es mucho más que pegar tiros, eso no lo entienden los que se meten con la caza... Hay que madrugar, hay que desayunar con los amigos, patear montes —o como se llame lo que hago yo, que no es patear— comer, comentar; un día de caza dura desde el amanecer hasta el oscurecer".

- ¿Y si prohíben la caza?

Tarda en contestar. Esta en la cresta de la carretera que da a dos valles, te dice que mires la cruz de La Valcueva, comenta que en los días claros "desde aquí se ve León" y después ya contesta: "Me parece que los que quieren acabar con la caza no saben lo que dicen, los puestos de trabajo que desaparecen, las Junta Vecinales que se arruinarían, cómo nos invadirían especies como el jabalí... pero te digo una cosa, pueden acabar con la caza pero lo que no me podrán prohibir es subir hasta aquí arriba, ver estos paisajes, respirar, seguir a los bichos, vigilarlos... y eso es mucho".

Parece que nada se le resiste, pero sí reconoce una ‘pérdida’ que le duele, el fútbol sala. "Jugaba, no se me daba mal, me gustaba. Quise matar el gusanillo entrenando a los chavales de Matallana pero fue peor, no me aguantaba. No puedo ni ir a verlo, no sirvo para estar mirando".

Su único ‘lamento’ pues su carácter le lleva a en vez de lamentar nada celebrar lo que encontró: "un grupo de amigos que se volcaron conmigo, lo de mis hermanos ya ni te lo cuento...".

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