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Una crónica sin gente y cuatro entierros sin abrazos

Una crónica sin gente y cuatro entierros sin abrazos

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Al fondo, el castillo coyantino, más solitario que nunca. | FERNANDO BARRIENTOS Ampliar imagen Al fondo, el castillo coyantino, más solitario que nunca. | FERNANDO BARRIENTOS
T. Giganto | 20/03/2020 A A
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Una crónica sin gente y cuatro entierros sin abrazos
Sur de León El estado de alarma se deja sentir en calles totalmente desiertas cuyo silencio solo rompen los tractores que van camino de las fincas
No hay peor crónica que la que no tiene otro protagonista que no sea el silencio, el que estos días se pasea solo por las calles y por los caminos de los pueblos. Aunque muchos están acostumbrados a él por la escasez de vecinos, este enmudecimiento se hace menos llevadero si cabe estos días. Ya no hay corrillo cuando pita el panadero, ya no hay cola cuando llega el pescadero, ya no hay nadie fumando a la puerta del bar, ni tampoco esperas para entrar al consultorio médico. Nadie barre estos días la puerta de la calle. Hay gente refugiada en casa y haciendo más uso del patio que en pleno agosto. "Al menos respiramos". En medio de esa quietud que es la tónica general de los pueblos del sur de León, y de toda la provincia, hay un ruido que no cesa y es el de los tractores que estos días están en pleno apogeo y también el de las ordeñadoras. "El ganado no sabe ni de días de fiesta ni de estados de alarma", comenta un ganadero en una conversación que se corta por la escasa cobertura y con los mugidos de las vacas intentado acallar la tertulia que llega de la radio.

"Si para algo sirve esto es para darnos cuenta de lo bien que se está en el pueblo, que el coronavirus no es más que un problema de masificación de los grandes núcleos de población. Ojalá la gente se dé cuenta para valorarnos y que esto nos deje, cuando todo pase, unas cuantas lecciones aprendidas", comenta por teléfono David, un viticultor de la zona que tampoco puede frenar la actividad de su bodega. "Tenemos un ser vivo en nuestras cubas que debemos cuidar para que cuando todo esto pase podamos brindar", concluye en un tono esperanzador que anima a seguir con las llamadas a los vecinos del sur de León que, a pesar de la frialdad de un teléfono, cuentan gustosos cómo viven estos días de miedo e incertidumbre a través de una línea acostumbrados a que antes fuera con un café de por medio. "No estamos para desperdiciar un ratico de charla".

Los primeros días de estado de alarma la rutina parecía seguir en los pueblos y algunos, aunque tímidos, no perdonaban su paseo en las horas de sol. Pero los muchos paseos de la Guardia Civil estos días por las calles del pueblo informando a los vecinos no animan a la irresponsabilidad que no entiende de ciudades ni de pueblos y alguna multa ha caído por dar una de esas ‘vueltinas’ que llegan después de pensar que "aquí no pasa nada que no me cruzo con nadie". Más picardía demuestran los que pasean estos días al perro con correa aunque lo suyo ha sido, de siempre, andar sueltos por el pueblo.

Como en el resto de España, el coronavirus en el sur de León no pasa desapercibido en las redes sociales ni tampoco en la tan innecesaria difusión de bulos. No hay día que no surja un contagio en el pueblo de al lado, ni día en el que alguna empresa de la zona cierre por cuarentena masiva. "Si te fías de lo que dicen, acaba uno loco". Son días en los que la ventana de casa toma especial relevancia y lo que antes era una guardia activa tras el visillo ahora se convierte en un ver pasar el tiempo. "No me salva las tardes ni la ventana".

No hay aplausos en las ventanas a las ocho de la tarde y si los hay, los escucha el que aplaude porque no quedan demasiados testigos que den fe de ello. Y mientras llegan las noticias del número de contagios, de fallecimientos, de pruebas de vacunas para combatir el Covid-19, de lo que pasa en Italia, de lo que pasó en China, de que habla el presidente del Gobierno, de que ahora es Fernando Simón, después el Rey… Pero hay más vida más allá del coronavirus aunque precisamente sean noticias que traen más ausencias. Es el caso de Edistio, centenario de San Millán de los Caballeros al que su familia y su pueblo hizo una gran fiesta hace unos meses. No faltó nadie a ella. Pero sí han faltado a su despedida como también lo han hecho en el municipio de Fuentes de Carbajal donde han tenido entierros más tristes si cabe de lo que es habitual. La alcaldesa de este municipio, Ana María Ortega, lo lamenta y analiza la situación: "Nuestras localidades tienen poca población, envejecida, con viviendas con un solo miembro y no podemos hacer mucho más que tener controlado cada caso a nivel individual". El médico se ha sustituido también estos días por un teléfono al que llamar en caso de necesidad. "Confiemos que no se prolongue demasiado esta situación, aunque creo que será más oportuno confiar en la capacidad de supervivencia de mis vecinos porque son expertos en superar todo tipo de dificultades", afirma Ana María que reconoce que "en estos tiempos es cuando la España vaciada aventaja al resto de ciudadanos". "Tres funerales en la más profunda soledad en mi municipio, esto es lo peor. Porque si por algo nos caracterizamos en nuestros pueblos es por la solidaridad en los momentos más duros y no poder acompañar a las personas cuando más lo necesitan causa un inmenso dolor", dice esta alcaldesa que concluye con un "todo pasará".

Mientras tanto, el silencio y el nudo en la garganta por todos los abrazos que quedan pendientes de dar.
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