Cerrar
Utilizamos cookies propias y de terceros para realizar el análisis de la navegación de los usuarios y mejorar nuestros servicios. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Más información.

Sueños de juventud

CULTURASIR

Los hermanos Rubén y Víctor de Prado con los violines construidos por su padre. Ampliar imagen Los hermanos Rubén y Víctor de Prado con los violines construidos por su padre.
Joaquín Revuelta | 13/12/2014 A A
Imprimir
Sueños de juventud
Música Cada día se hace más evidente el progreso de los 65 componentes de la JOL, que asumen de forma natural el reto de la profesionalidad
La ausencia del piano es lo que más está dificultando los ensayos del programa (cinco conciertos, dos de Chopin, dos de Liszt y uno de Schumann) que la Joven Orquesta Leonesa interpretará en la clausura del XI Curso internacional para pianistas, directores y jóvenes orquestas, un año más bajo la supervisión de los maestros Bruno Aprea y Joaquín Soriano, que tendrá lugar los próximos 11 y 12 de septiembre en el Auditorio. «La orquesta está sin la referencia del piano, por lo demás, todo ha ido bastante bien», comenta Raúl Sancho, responsable de la sección de viento de la JOL, que se muestra muy satisfecho del rendimiento de sus alumnos.

La gran exigencia del programa, cinco conciertos para piano y orquesta que entrañan una gran dificultad, ha hecho inviable encontrar pianistas antes del segundo encuentro a celebrar en septiembre y dentro del marco del curso internacional. «Quien puede tocar esto se encuentra en un nivel razonablemente alto», asegura Sancho, que reconoce que lo que está costando es hacer la conjunción, por la ausencia del piano, «que es como tocar a ciegas y aun así lo van sacando».

Raúl Sancho nos presenta a Juan José Gajete Martín, uno de sus más aventajados alumnos que toca la trompeta y que ha visto en su entrada en la JOL una oportunidad de completar la formación que viene desarrollando en el Conservatorio de León. Para Juan José el hecho de poder conocer a dos maestros de la talla de Bruno Aprea y Joaquín Soriano, la convivencia con otros instrumentistas y trabajar en un grupo orquestal de manera profesional son motivos más que suficientes para embarcarse en una aventura que al principio «da algo de miedo, porque es una experiencia nueva, pero que deseas continuar porque los profesores te animan, la familia te apoya y existe un buen ambiente de compañerismo en el grupo», asegura.

El rostro de Georgina Sánchez, directora titular de la Joven Orquesta Leonesa, refleja satisfacción por todo lo que ha ido aconteciendo en este primer encuentro de la JOL, si bien es consciente de la premura de tiempo para preparar un programa exigente para cualquier músico de alto nivel. «No es mucho tiempo, pero estamos amortizándolo a cada minuto», asegura la compositora, violonchelista y directora de orquesta vallisoletana. «En estos cuatro días y una tarde hemos podido ver dos de los cinco conciertos y para septiembre abordaremos los otros tres. El más complejo es el segundo concierto de Liszt, el de Schumann va marchando bastante bien y he querido dejar para septiembre los dos de Chopin porque es principalmente un acompañamiento pianístico y no son tan complejos orquestalmente como los dos conciertos de Liszt», reconoce Georgina, para quien se está sembrando en los alumnos «el espíritu de trabajar y de afrontar los puntos más complicados».

En todo momento los 65 componentes de la JOL se están mostrando muy receptivos a las explicaciones de su directora, hasta el punto de confesar que en realidad no tiene músicos sino «esponjas que absorben todas las enseñanzas y reaccionan siempre a la primera». David Blanco, uno de los pocos violas que hay en León, es consciente de su peso dentro de la JOL. «Te pones un poco a prueba para intentar mejorar, porque aquí aprendes cosas que en las clases del conservatorio no logras».

Su compañero Pablo Alonso toca el violín y reconoce que a pesar del poco tiempo que llevan tocando juntos ya suenan como una orquesta. «La mayoría nos conocemos del conservatorio pero empezamos a tener conciencia de grupo», señala el violinista de la JOL, quien a base de trabajo está logrando superar las dificultades que entraña este programa. David de la Varga, responsable de la sección de cuerda de la Joven Orquesta Leonesa, también está contento de cómo está transcurriendo este primer encuentro. «Cada día se nota el progreso y es algo que con una orquesta de profesionales no se consigue tan pronto, porque los chavales tienen la mente mucho más abierta, están más limpios de todo y carecen de complejos. Quizás partimos de un nivel más bajo, pero podemos llegar al infinito», asegura. Alberto Martínez toca la flauta travesera y es su primera experiencia en una gran orquesta, como sucede también con una pareja de hermanos violinistas cuyos instrumentos han sido construidos por su padre, un funcionario de la agencia tributaria cuyas aficiones son la carpintería y la música.

Con los consejos de un amigo luthier, Manuel Isidoro de Prado invirtió algo más de un año en la construcción del violín de Rubén y algo menos en el de Víctor. Ambos están orgullosos del gesto de su padre y de formar parte de su otra familia musical.
Volver arriba
Cerrar
Iniciales LNC

Editorial

Icono viñeta con el texto Lolo

La Viñeta

Silueta de la escultura La Negrilla

La Negrilla

Carta

A pie de calle