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Solistas

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OPINIóN IR

24/05/2021 A A
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Solistas
Joan Margarit dejó escrito inmediatamente antes de morir que: «cada cual es el solista de su propio silencio». Lo que quiere decir que cada uno de nosotros somos responsables de nuestras renuncias. Y renunciar a «saber», o renunciar a hablar, es algo que no debería caber en la mente de cualquier ciudadano que tenga como bien supremo la libertad. Al menos, saber lo que está pasando. Pero como, a veces uno puede decir de sí mismo lo que aquel personaje de Luis Mareo: «Estoy hecho unos zorros» de ‘Los ancianos siderales’ lo prudente es estar al loro y escuchar a los sabios. Y hay dos asuntos candentes en nuestro país: Cataluña y España, que dos solistas acometen.

Como solistas hoy podemos escuchar a dos singulares tipos, uno de ellos leonés, de Valderas, Santiago Trancón. Y el otro, periodista de raza, don Antonio Pérez Henares. Ambos acaban de sacar a la palestra sendos libros titulados, el primero ‘La España sentenciada’ y el segundo ‘Tiempo de hormigas’ que no vamos a glosar ahora porque ya lo están siendo ambos en todos los medios y por parte de los más expertos. Pero vaya por delante que se trata de dos casos de abrupta confrontación con la tendencia más extendida hoy de comulgar con las ruedas de molino de andarse con pamplinas con los separatismos, y los populismos, amparados por medios de comunicación y autoridades, como si se tratara de pequeñas pellas en el zapato. Cuando, en realidad se trata de algo mucho más duro y problemático.

El poema de Margarit es el 75 de ‘Animal del bosque’ y se titula ‘Una alegre prudencia’ y hace referencia a la sonata para violoncelo y piano en La mayor de César Franck. «Es tanto lo que he ignorado y lo que he perdido./ Y, en cambio, cómo me salva aquel sonido poderoso/ de Jacqueline du Pré, la violoncelista/ que tan joven murió./ Cada uno es el solista de su propio silencio:/ y ha de saber muy bien cuándo ha de entrar». De eso se trata, pues, de la oportunidad de intervenir. Y es ahora cuando estos dos solistas han entrado, cada cual con su instrumento y su personalidad, dejándose oír en el concierto de voces que se van alzando en esta sinfonía de opinión pública que se estaba viendo descompensada por las trompetas y la percusión cargo del poder desafinado.

Tampoco se trata de que nos pase lo que a aquella señora de la novela de Luis Mateo que decía: «También reconozco haber sido dueña de un coño catastral y de que en la minga de uno de mis maridos actuaba un cuarteto de cuerda».
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