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OPINIóN IR

23/09/2021 A A
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Se montó la de dios es cristo a cuenta de la subida del Salario Mínimo Interprofesional. A tiros acabaron los empresarios y el Gobierno, con un silencio atronador de los sindicatos… que rompieron para darle la razón a la Ministra de Trabajo. Todo a cuento de una subida de quince euros, ¡quince!, en la nómina de los más desprotegidos. Que los empresarios hayan puesto el grito en el cielo por la subida de una cantidad tan ridícula (0,50 céntimos al día) es para que se lo hagan mirar. La sociedad les tiene muy mal acostumbrados; no es de recibo que se nieguen en redondo a que un pobre trabajador (sí, pobre, que este salario lo reciben los menos preparados de los currelas, los que hacen el trabajo que nadie quiere, los últimos de la fila) con la excusa de que la subida les descuadrará las cuentas. ¡Por muy poco se quejan! 0,50 céntimos al día no da ni para comprar una barra de pan, ni mucho menos para tomar un café o una caña a la hora del descanso. Es, se mire como se mire, una subida simbólica, para quedar bien, para demostrar que el Gobierno se preocupa de los trabajadores.

Hay estadísticas circulando por ahí que afirman que hacen falta peones en la construcción, camareros en la hostelería y obreros en las granjas. Justo la gente que tendría que cobrar ese Salario Mínimo. La cuadratura del círculo pasa por que vengan más y más emigrantes, gente que en sus países no cobran ese salario ni hartos de grifa, y que aquí se sentirían «casi millonarios» en caso de que alguien los contratara. Los españoles somos señoritos de vermú al mediodía y chocolate en la merienda y no queremos ensuciarnos las manos haciendo esos trabajos. Queremos, ¡y hacemos bien!, currar poco o nada y cobrar como el gerente de la empresa. ¿La solución para revertir el problema?, pues muy sencilla: que los patronos paguen como deberían pagar. Si no hay camareros es porque los horarios en la hostelería son demenciales y a nadie le gusta trabajar diez o doce horas al día para cobrar menos de mil euros al mes. Lo mismo sucede en las obras o en las tiendas de cualquier centro comercial. Muchas horas doblando el lomo para tan poco sueldo. Lo irritante del asunto, además, es que muchos de esos que trabajan las diez o doce horas al día, tienen un contrato de media jornada, lo que es, seamos sinceros y digamos la verdad, una estafa, se mire por donde se mire. Pero nadie quiere meter mano al problema, ¡vaya uno a saber por qué!, y esa injusticia llegará a ser crónica.

Además, hay cosas que no tienen ningún sentido. Un país donde un funcionario público cobra más que el trabajador de una empresa privada, tiene un futuro negro, negrísimo. Pues es lo que sucede en España, con una administración sobredimensionada hasta el paroxismo.

Los empresarios lloran mucho, a veces con razón. Pero ellos no pagan el pato: lo pagan sus empleados. Todos esos contratos que hay en el mercado laboral (media jornada, por dos o tres horas al día, de formación, etc.) lo único que hacen es destrozar el tejido productivo de un país. Todos los gobiernos, en los últimos diez años, como mínimo, han ayudado a los empresarios, permitiéndoles hacer poco menos que lo que les da la gana. El despido de un currela, actualmente, les sale gratis, por lo que lo acometen sin ningún pudor siempre que a ellos les interesa. El asunto es que ellos puedan seguir cobrando sus sueldos y obteniendo beneficios. Sí, sé que estoy generalizando y que no es justo hacerlo. Muchas empresas familiares, muy pequeñas, se las ven y se las desean para sobrevivir. Pero las medianas y las grandes hacen de su capa un sayo y nadie las pone coloradas ni las exige que cuiden de sus empleados y de sus obreros. Estos, por desgracia, son prescindibles, carne de cañón.

El liberalismo actual es egoísta y solo le preocupa el beneficio que obtiene. Lo demás, les da igual, cuando no debería ser así. Hemos retrocedido décadas en los asuntos sociales, las mismas décadas en que se ha implantado ese liberalismo económico que no tiene ningún sentido. Además, esos empresarios no tienen ni puta idea de lo que se traen entre manos. Si tienes a un empleado al que pagas con justicia, este te responderá trabajando más y mejor, porque sentirá la empresa como algo suyo. Si tardas un año en formar a un obrero para que te resulte rentable, es estúpido despedirlo para ahorrarte cuatro perras, que gastarás, con creces, volviendo a formar al obrero que le sustituya, y así hasta el infinito.

El Gobierno y los sindicatos, que deberían vigilar el cumplimiento estricto de la ley, no lo hacen o lo hacen muy torpemente. Ya no hablo si el gobierno es de derechas… aunque, la verdad, los otros tampoco es que lo hagan infinitamente mejor… Salud y anarquía.
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