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Silencio, ranas

Silencio, ranas

OPINIóN IR

07/09/2020 A A
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Silencio, ranas
Silencio, ranas, que está la cigüeña en el charco. Nos lo decía Don Marcos, el maestro, que era de Pallide, en la escuela de Vidanes (Las escuelas) cuando el alboroto estaba a punto de convertirse en guirigay y él a menos de un instante de perder la paciencia y echar mano a la vara verde de avellano. Aún no corrían los años cincuenta del pasado siglo, con las guerras, las dos, la nuestra, civil, y la otra, la mundial, envueltas en la humareda de la Bomba Atómica sobre las dos ciudades japonesas, como una llave que cerraba el tiempo antiguo y daba paso a lo que podía ser la Edad de Oro.

Para el cronista, uno de aquellos niños asustados, la admonición de Don Marcos era algo tangible, pues, a pocos metros, en la laguna del cementerio, había multitud de ranas y cigüeñas, y hasta un niño que vivía enfrente y al que apodábamos Ranero. La laguna ya no existe y Ranero se fue, como nos fuimos casi todos. Las escuelas están vacías. No hay maestro. Pero queda el silencio… Y queda también aquella costumbre que aprendimos entonces de llevarnos libros a casa para leerlos cerca del fuego ‘a tierra’ que alimentábamos con las ramas de los robles que íbamos, a buscar al monte. Libros de la conquista de América, de viajes, de geografía, de cuentos…

¿Qué estás leyendo, hijo? Un libro que me dejó el maestro. ¿Y, de qué trata? De los Indios… ¿Y, te gusta?. Claro. Pues, sigue leyendo... Y, ahora, piensa el cronista que tal vez aquello fue el comienzo de una gran amistad con la lectura. Una amistad que persiste después de tanto tiempo y que ayuda a soportar el desesperante abandono en el que nos ha metido la pandemia. «Cuanto más fuerte tengo que ser, más débil me haces sentir» se queja Rosa, la protagonista de ‘Fin de temporada’ de Ignacio Martínez de Pisón, una muchacha de 17 años que tiene un hijo de soltera porque, cuando iban a abortar, en coche, su novio muere en accidente en la carretera y ella, entonces, al salir del hospital decide tener a su hijo ya que se ha quedado sin su hombre. «Vivo en un sueño que se cae a pedazos», se queja el protagonista de ‘El amante bilingüe’ de Juan Marsé, un pobre ‘pijoaparte’ y murciano, que ha sido abandonado por su rica esposa catalana. ¿Qué estás leyendo, hijo? Una de indios.

Ahora las cigüeñas que acechan nuestro canto, para devorarnos, son nuestros propios desánimos. «Mi vida ha sido una mierda, pero no tengo otra», dice Marsé. Silencio, ranas; dice el recuerdo.
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