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Si no te quieres mojar... ponte a cubierto

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Fulgencio Fernández | 05/08/2018 A A
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Si no te quieres mojar... ponte a cubierto
Verano Los surtimientos son un método tradicional de predicción del tiempo que se conserva en la montaña leonesa de Los Argüellos y que tiene los 24 primeros días del mes de agosto como protagonistas
Los pastores lo huelen, los curiosos lo anotan, los que quieren saber miran al cielo y la dirección de los aires, los animales avisan, el Zaragozano es un clásico de las casas de los pueblos, el arquitecto Paco Alonso nos regala cada año su calendario de saberes, en cada pueblo hay uno que entiende el tiempo, las revistas especializadas hablan de las cabañuelas...

Cada maestrillo tiene su librillo para desvelar el mayor arcano de la historia : ¿qué tiempo va a hacer? Saberlo para mañana es complicado, para un mes una quimera, ¿para un año?

En la montaña leonesa, especialmente en la montaña central, hay un sistema del que cada vez se habla menos pero que fue conversación diaria y obligada durante siglos en los 12 primeros días de agosto, en los que los vecinos se preguntaban al encontrarse: «¿Qué mes surte hoy?». Cada mañana entraba en el bar el irrepetible Juanito y decía antes de nada: «Hole buenes, hoy surte noviembre y mira cómo está».

Esta tradición sólo está documentada con ese nombre y sus características   en Los ArgüellosEl «hole buenes», tradicional suyo, fue una fórmula que adoptó de buena convivencia con los asturianos veraneantes y les hablaba en ‘su idioma’. El «hoy surte noviembre» nos lleva a la vieja tradición de estas tierras: Los surtimientos, un sistema por el cual el cielo nos avisa en los 12 primeros días del mes de agosto cómo van a ser los doce meses del año siguiente, y completa la información con ‘desurtimientos’, que van de forma inversa (ver tabla).

¿Son los surtimientos una versión local de las más conocidas cabañuelas? Parece incuestionable que el fundamento es el mismo, la sabiduría y la tradición popular. Pero hay diferencias, a veces parecen insalvables, pues las cabañuelas (más típicas del Sur del país e, incluso, de los países hispanos en América) tienen diferentes versiones y la más repetida ofrece una tabla muy diferente, pues el día 1 no sería agosto si no que empezaría el año natural, es decir, enero. Eso nos lleva a predicciones difíciles de conciliar pues hoy, 5 de agosto, las cabañuelas nos ofrecen las previsiones de mayo y los surtimientos las de diciembre. Meses que parecen difíciles de conciliar en cuanto a meteorología se refiere ¿Lo arreglarán las cabañuelas retorneras y los desurtimientos? Los expertos coinciden en darle un papel preponderante a los especialistas locales en interpretarlas. Así ocurría con los surtimientos, que interpretaba y seguía con atención Tomasín y cuando le preguntabas la predicción no te regalaba una respuesta simple pues incorporaba conceptos «como el burgalés, el utano, el cierzo...».

En los surtimientos los 12 primeros días del mes de agosto avanzan el tiempo que hará cada mes Sistemas tradicionales que tenían otras muchas variantes y signos para interpretarlos o ayudar en las predicciones. Por ejemplo, a los pastores y ganaderos les da mucha información sobre cuando llegarán las nevadas la colocación de las vacas en el campo, si se juntan unas con otras como para combatir el frío, aquello de que año de muchas avispas en verano... nevada segura... Enrique Zapico, de Canseco, decía tener un método infalible para la primera nevada. «Tienes que pasear por un camino que tenga espinos en los que hayan quedado caraculos. Cuando de repente desaparezcan en las ramas más bajas... en una semana nieva». Yofrecía un argumento sólido: «Los topillos y otros animales de campo huelen antes la nevada y como pueden estar muchos días sin poder salir a por comida van haciendo despensa en sus madrigueras». «No falla», remataba.

Lo que es evidente es el origen antiquísimo de estas tradiciones. El poeta José Antonio Llamas conoció el fenómeno de los surtimientos, le extrañó y lo estudió. Vincula esta tradición de Los Argüellos con el pueblo judío, con la fiesta de los tabernáculos en la que se decidía la cantidad de agua asignada a cada mes del año.

Las cabañuelas tienen variantes, algunas también siguen las asignaciones de meses como las de los surtimientos, pero las hay también de Santa Lucía (empiezan el 13 de diciembre), de San Simón, de San Martín, de la luna de octubre... Tal vez la más curiosa la recoge Vaquero Olmos y es el método de la cebolla: «la noche del día de San Juan (solsticio de verano), se ponen 12 cuencos de cebolla y a cada uno se le pone un puñado de sal. A cada cuenco, le corresponde un mes de enero a diciembre del siguiente año. Se deja al relente. A la mañana siguiente se mira y según la cantidad de agua que tenga el cuenco, así será el mes que le corresponde del año siguiente».

Pero todos los estudiosos coinciden en la importancia de la figura del intérprete, el lugareño que hace la lectura. Y vienen muy a cuento en este momento unos versos que aclaran todo: «Un año más / aquí el cabañuelero / para poderos informar / de lluvia y tempero. // Según el día de San Juan / ya empezó diciendo, / que llovería mucho más / y tendremos frío invierno. // Agosto a observar / tierra, mar y cielo / y así poder informar / que pasara en suelo. // Primeros días a controlar / para poder predecir el tiempo / mucho hay que apuntar / para predicar con acierto. // San Agustín y San Juan / todo casi completo, / las previsiones ahí van: / De lluvia, calor y viento. / Llegado ya el final / aquí está el cabañuelero / San Agustín para cerrar / se nos despide tronero. / Pues otoño lloverá más / y será más frío el invierno / en primavera mucho tronar / y el verano muy seco. / Me despido sin más / resumiendo el tiempo / si no te quieres mojar / ponte a cubierto». Pues eso.



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