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Series de pago

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12/11/2017 A A
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Series de pago
A la espera de que el próximo 21 de diciembre se estrene una nueva temporada de ‘Desafío independentista’, van perdiendo audiencia los capítulos emitidos después del 155. Casi todos los actores están huidos o entre rejas, así que los guionistas tendrán que hilar fino para volver a despertar nuestro interés, que con estos culebrones tipo ‘La trama Gürtel’ o ‘La fusión de Caja España y Caja Duero’ ocurre lo mismo que me pasaba siempre en el mes de junio con los partidos de Roland Garros: cuando tenía que estudiar, era capaz de tragarme un partido de dieciseisavos de final para no tocar los apuntes, pero, luego, acababa los exámenes y ya no me importaba quién ganaba la final por épica que fuera. Viendo a Correa y a El Bigotes decir que «todo esto no es más que un montaje» al conocer sus posibles condenas sucede un poco lo mismo: resultaban mucho más interesantes los registros y las detenciones y los maletines llenos de fajos. Por eso, ahora, la gente habla de sus series favoritas como opina también de política, pasando de lo cutre que resulta la secuela de ‘Narcos’ sin Pablo Escobar a afirmaciones del tipo «yo no he seguido ‘Púnica’, pero sí me he enganchado a ‘Lezo’». Cualquier día escucharemos «a ver si vuelve ‘Curro Jiménez y los ERE en Andalucía», «menudo final el de ‘Pokemon’» o «‘El saqueo de Caja Castilla La Mancha’ no es más que una copia mala de ‘El caso Bankia’». La oferta de series españolas en torno al mismo tema resulta demoledora. Se contraprograman tanto que el telediario hoy no es más que un resumen de los últimos capítulos de cada una de ellas, para que puedas seguir enganchado a todas. Cuando la opinión pública se desinfla, ya no reponen ‘Verano azul’, sino ‘Venezuela y la democracia’. Entre las series españolas, ha recibido numerosos reconocimientos ‘Crematorio’, que refleja de forma magistral la avaricia de empresarios y políticos a los que corromper la construcción se les queda pronto pequeño y tienen que diversificar su negocio de mordidas y extorsiones a otros sectores como la compraventa de futbolistas o las funerarias. Con esos temas, lo raro es que el Ministerio de Cultura no haya incluido esa serie dentro del género de la ciencia ficción, en un país en el que el jefe de la policía afirma ante el Congreso de los Diputados que el presidente del Gobierno cobró sobresueldos y no sólo no le ocurre nada (en caso de ocurrirle algo a alguien, visto lo visto, sería al jefe de la policía por decir cosas así) sino que la noticia ni siquiera aparece en las portadas de los principales periódicos. Los creadores de ‘Crematorio’ son los hermanos Sánchez Cabezudo, que ahora acaban de estrenar ‘La zona’, algo así como lo que ocurriría en Asturias después de un accidente nuclear como el de Fukushima. La trama, por la evidente capacidad profética de los guionistas, acojona. Pero, sobre todo, lo que acojona es la facilidad que han tenido para localizar exteriores aptos para el rodaje de esta serie apocalíptica, con muchos escenarios a elegir entre patrimonio minero oxidado y pueblos abandonados. Podrían rodar también en esta provincia y prácticamente en media España, esa España vacía en la que no hace falta gastar en decorados para simular que ha caído una bomba nuclear. Antes el debate se centraba en establecer el límite entre la realidad y la ficción, pero ahora resulta todo mucho más complicado porque, en medio de ellas, se ha situado la actualidad.
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