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Serendipia

Serendipia

OPINIóN IR

28/03/2016 A A
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Serendipia
La palabra serendipia está de moda por culpa del novísimo Félix de Azúa, nuevo compañero en la Academia de tres de nuestros escritores leoneses. La glosó el otro día en su discurso de investidura. Por serendipia (de chiripa) encuentra uno, a veces, algo que no era lo que andaba buscando.

Y así le sucedió a este cronista al leer el discurso de ingreso en la Real Academia pronunciado la semana pasada por el escritor mentado en el que afirma: «En mi círculo de amigos hubo más bajas que en la generación de mi padre por la guerra civil». ¿Tantos fueron los caídos? ¿A tantos se llevó la droga, aquello que por entonces se nos trataba de presentar como inequívoca señal de rebeldía? Muchos no fuimos rebeldes, ni modernos, ni post modernos, ni siquiera novísimos, pero seguimos vivos. Tal vez por serendipia.

También ‘de chiripa’ había encontrado en la tercera de ABC del 27-9-2015 un artículo de Juan Eslava Galán, escritor al que sigo y admiro. Eslava venía a resolver un enigma suscitado por el hecho de que en mi ciudad de Rubí, Barcelona, de 75.000 habitantes, abundan los emigrantes marroquíes y son tan visibles que hasta parecieran superar a los nativos. Cuenta que fue una ocurrencia del honorable presidente don Jordi Pujol y su delfín, don Artur Mas, quienes en 2003 abrieron una oficina de contratación de emigrantes en Rabat. El éxito fue tal que Cataluña pasó de 50.000 musulmanes al medio millón (el 40 % del total de los emigrantes) y de una docena de mezquitas a doscientas catorce (el 50 % controladas por clérigos salafistas, los más integristas del Islam). Las razones eran claras: los magrebíes no hablan español y, por lo tanto, necesitan aprender catalán por necesidad, como los españoles que iban Alemania aprendían alemán, cosa que no ocurre con los inmigrantes de otras regiones, ni con los hispanos.

También por chiripa (o por serendipia) ya que andaba buscando noticias sobre el fin de la minería leonesa, me topo (día 13 en este mismo medio) con la estupenda y completísima narración que hace Julio Cayón sobre las dos espinas de la corona de Cristo, custodiadas en la Iglesia del Mercado. Aunque esas dos reliquias nos sitúan en parangón nada menos que con la abadía de Montserrat, nos dejan muy por debajo de El Escorial, que custodia 11, y de San Marcos y Santa Práxedes, en Roma, que tienen la mayoría. La corona, sin espinas, se encuentra en poder de la Santa Capilla de París.

Decididamente, mola la serendipia. Habrá que buscar más a menudo entre la basura de la política a ver si salta la liebre..
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