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Semana Santa

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OPINIóN IR

08/03/2021 A A
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Semana Santa
La pandemia que tiene secuestrados nuestros ánimos, llegado el tiempo de la Semana Santa, la secuestra también a ella, pero nos invita a reflexionar sobre este mito de la cristiandad. Gran Mistero de esta religión Cristiana que viene marcando y enmarcando nuestra cultura occidental desde hace 20 siglos, lo que concede el calificativo de trivialidad el tratar de minusvalorarla, se cada cual creyente o no, que eso no hace al caso.

Lo queramos o no, creamos o no, mezclemos los fallos con los aciertos, respiremos por el alma o por la herida, lo cierto es que somos herederos de una cultura de dioses mediterráneos, griegos, romanos, egipcios, y de los mitos que la civilización iba creando como modo de añadir la trascendencia a la vida humana, enriqueciéndola y separándola cada vez más de la mera existencia material cerrada en la mera subsistencia animal y rastrera. Los misterios vinieron como algo absolutamente apropiado para ayudarnos a comprender el mundo.

La Semana Santa es el periodo mítico más completo creado por la imaginación humana, y no por casualidad ocurre al comienzo a la primavera como símbolo de la resurrección después de la muerte, que es como admitir que sería terrible admitir que los humanos, no vamos a encontrar nada, enterrados o quemados nuestros cuerpos. Comienza con la entrada triunfal del Dios Nuevo/Viejo en la gran ciudad sagrada, a lomos de una borrica entre los aplausos de la multitud del pueblo. Sólo Él sabe que es el comienzo de un proceso completo en el cual se entregará voluntariamente a la muerte, una muerte dura, en sacrificio por todos los humanos, y que, al resucitar, conseguirá que su Padre, el dios todopoderoso, deje abierta una posibilidad de salvación a todos los hombres. Eso es nada más y nada menos, lo que representa el mito de la Semana Santa.

No se trata de creer, se trata de admitirlo como mito inaugural en el que se ha basado una civilización tan duradera y completa como la cristiana y que ha condicionado veinte siglos de la historia, para bien y para mal, y que sin ella no se entiende ni nuestro devenir, ni el arte, ni la literatura, ni la música, ni nada que nos concierna como humanos en este mundo. De ahí la importancia de la Semana Santa, muerte y resurrección, desaparición y renacimiento. «Nosotros somos uno más de aquellos vecinos que salieron a tender sus pañuelos al paso de una borrica cargada con un Dios, llegado para salvarnos a todos. Hölderlin creía ser un antiguo ateniense trasplantado a la inhóspita Alemania» nos asegura Irene Vallejo en su ‘El universo en un junco’.
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