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Sandra Aza: "Quería tratar el tema de la Inquisición sin recurrir al morbo"

Sandra Aza: "Quería tratar el tema de la Inquisición sin recurrir al morbo"

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La abogada y escritora madrileña Sandra Aza debuta en la novela histórica con ‘Libelo de sangre’. | NOVACASA Ampliar imagen La abogada y escritora madrileña Sandra Aza debuta en la novela histórica con ‘Libelo de sangre’. | NOVACASA
Joaquín Revuelta | 20/11/2020 A A
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Sandra Aza: "Quería tratar el tema de la Inquisición sin recurrir al morbo"
Literatura La escritora, abogada y especialista en Derecho procesal hace su primera incursión en la novela histórica con la publicación de ‘Libelo de sangre’ (Editorial Novacasa), donde invita al lector a sumergirse en el Madrid del Siglo de Oro, con sus luces y sombras
'Libelo de sangre’ ha supuesto el debut en el mundo editorial de la abogada y escritora madrileña Sandra Aza, una novela histórica ambientada en el Madrid del Siglo de Oro, «una vibrante pero sombría época en la que, mientras la fe en Dios encendía corazones, los delitos contra ella encendían hogueras», reza la contraportada de esta novela publicada por la Editorial Novacasa que ha permitido a la hoy funcionaria de la Comunidad de Madrid aunar varias de sus grandes pasiones, como son Madrid, el Derecho, la Historia y la Literatura.

La actual situación de crisis sanitaria con motivo del Covid-19 encuentra un cierto paralelismo con las muchas epidemias que se daban en la ciudad donde se sitúa la acción de ‘Libelo de sangre’. «Madrid y otras ciudades sufrieron por aquella época muchas epidemias de peste. El Hospital del Buen Suceso se construyó para atender a enfermos de peste y una de las primitivas puertas de Alcalá que se encontraba entre la calle Alcalá y la calle Cedaceros se la conocía como la ‘puerta de la pestilencia’ porque por allí se sacaban a los fallecidos por causa de la peste. El Siglo de Oro en general es un siglo que de oro para el común de los mortales tenía poco», comenta la autora madrileña, para quien la elección de este periodo histórico para situar la acción de su primera incursión en la novela histórica obedece a su especial interés por el siglo XVII. «Me gusta mucho la Historia, me gusta mucho Madrid y me gusta mucho la historia de Madrid, esa es la verdad. Algo que tenía muy claro cuando empecé a escribir la novela es que el tema era Madrid durante el Siglo de Oro y la Inquisición. El Siglo de Oro tiene un brillo especial. En aquel momento en Madrid estaba la Corte y por allí se movían Quevedo, Lope de Vega, Góngora, Velázquez o Cervantes, que había muerto un poco antes de la fecha en que se sitúa la historia que cuento en ‘Libelo de sangre’. A nivel histórico tenemos a Felipe III, Felipe IV, el duque de Lerma, el conde-duque de Olivares. Cada habitante de Madrid en esa época son Historia con piernas», sostiene Aza, que tenía claro que quería hacer un homenaje a su ciudad.

El apartado relativo a la Inquisición le viene de su largo bagaje como especialista en Derecho procesal. De esta institución que cuenta con una leyenda negra a la autora le interesaba abordarla desde una perspectiva exenta de morbo. «Desde el punto de vista del Derecho me interesaba muchísimo el que hubiera un procedimiento jurídico o amparado por la ley para que te pudieran quemar en la hoguera. En realidad nada tenía que ver con un procedimiento tal y como lo entendemos, un conjunto de normas que garantizan ciertos derechos y sin embargo en el procedimiento que seguía la Inquisición lo que hacía era obviar cualquier tipo de garantía procesal; es decir, te arrestaban y no sabías por qué, no había presunción de inocencia sino que había presunción de culpabilidad, se invertía la carga de la prueba. Ahora quien afirma es quien tiene que probar y en aquel momento no tenía que probar nada quien afirmaba. El reo es quien tenía que probar que era inocente. Muchas veces tenía que probar que era inocente de unos cargos que desconocía por completo. Se trataba de eliminar todas las garantías procesales que hoy conocemos y que se conocían en aquel momento porque había un Derecho común, era un Derecho regio», argumenta la abogada y escritora madrileña, que en ‘Libelo de sangre’ introduce un proceso inquisitorial de principio a fin pero ausente de morbo. «En todos los procesos de la Inquisición había un escribano y todo era muy riguroso. Luego podemos juzgar y decir que era una barbarie, pero lo cierto es que la institución llevaba un registro meticuloso de todo lo que ocurría y cómo ocurría. Todos los procedimientos están transcritos en el Archivo Histórico Nacional, donde hay una sección específicamente dedicada a la Inquisición, y ahí están todos los procedimientos desde el principio hasta el final. Cómo se hacían las amonestaciones, cómo se hacía la acusación, cómo se formulaba la defensa, cómo se hacía una cuestión de tormento, que era algo absolutamente regulado y había normas de cómo había que aplicar la tortura, tenía que haber un médico y dos personas de la iglesia que confirmaban que la cuestión de tormento se llevaba a cabo según el reglamento; es decir, estaba todo absolutamente reglamentado y además está transcrito, porque siempre había un escribano al que obligaban a situarse a un palmo del reo porque tenía que transcribir todo, cualquier susurro, cualquier sollozo, cualquier llanto, un chasquillo de hueso, porque en un susurro el reo podía confesar, que ese era el objetivo último de la cuestión de tormento», señala Aza.

En opinión de la escritora las víctimas fundamentales de la Inquisición eran los conversos. «La institución no tenía jurisdicción sobre los judíos, pero el problema era cuando un judío se convertía y se bautizaba. A partir de ahí entraba en el ámbito jurisdiccional de la Inquisición y básicamente los perseguidos en España eran los conversos mientras que en el resto de Europa eran los herejes», sostiene la autora, que ha invertido cuatro años en la creación de ‘Libelo de sangre’. «Lo que tiene la novela histórica es que siempre es una especie de coreografía entre la Historia con mayúscula y la historia con minúscula. No estás escribiendo un ensayo, estás escribiendo una historia. Lo que pasa es que la historia con minúscula lo primero que tiene que tener es ese marco de la época en la que estás y segundo tiene que ser verosímil, y ahí tienes que echar un poco mano de la imaginación para crear personajes, para hacerlos verídicos, para hacerlos reales y que el lector se pueda comunicar con el personaje hasta el punto de vivir lo que él vive, sufrir lo que él sufre, alegrarse por lo que se alegra. En esto tienes que echar mano de la imaginación porque al fin y al cabo son personajes que salen de ti, que los estás creando tú. Pero luego tienes que tener ese equilibrio con la Historia, y eso implica un estudio muy grande porque en la novela histórica no puedes poner expresiones del siglo XXI, tienes que cambiar tu lenguaje completamente. Mi experiencia al respecto ha pasado por sumergirte en la época hasta abismarte, hasta pensar que vives allí. A mí lo que me sucedió es que llegué a tratar de vuestra merced a la gente de mi entorno porque estaba totalmente metida en la época», reconoce Aza, para quien la descripción de ambientes es una faceta fundamental del proceso creativo. «Mi manera de abordarlo ha sido estudiando mucho la literatura del Siglo de Oro. Hay muchísima literatura que te habla de todas las costumbres que había y sobre todo de Madrid, porque aquí estaban muchos de los grandes escritores de la época. Eso me ha ayudado mucho para trasladarme al lugar. En cualquier novela las descripciones son importantes y el lenguaje también. Pero en una novela histórica tienes que ahondar muchísimo en las descripciones porque cuando hablas de jubón y basquiña lo haces de una indumentaria muy diferente de la actual, sin olvidar la manera de comer, de hablar, de moverse o de comportarse. Además está el tema de los oficios, pues en Madrid están las lavanderas, los esportilleros, los buhoneros, los alquimistas, los predicadores, los pregoneros... un montón de profesiones que ya no existen y a las que tienes que dar vida. La mayor parte del proceso de documentación ha tenido que ver con las descripciones y el lenguaje porque es la manera de activar los sentidos del lector, hacer ver sin ver, oler sin oler, tocar sin tocar».

Sandra Aza se encuentra ya inmersa en una segunda novela que será continuación de ‘Libelo de sangre’. «Estoy en ello. La verdad es que no tenía en mente que fuera una continuación de la anterior, pero yo creo que la historia vivía ya dentro de mí y simplemente lo que hice fue darle luz. Puede decirse que la segunda parte se ha dado prácticamente sola y ha surgido de una manera muy natural. Yo creo que el libro tiene vida propia, toma sus propias decisiones y entonces decidió que yo no quedase con esa sensación de cómo te sientes cuando terminas una novela, pues esta sensación todavía no la tengo porque no la he terminado», reconoce la escritora madrileña, que todavía le llevará un tiempo pulir la redacción porque por suerte los dos años de documentación que precisó para ‘Libelo de sangre’ le han permitido ahora acometer con más premura esta continuación. «Yo creo que más pronto que tarde ‘Libelo de sangre’ tendrá un hermanito», asegura Aza, cuya idea es poder contar de nuevo con el apoyo de la misma editorial en este nuevo alumbramiento. «Sin la Editorial Novacasa ‘Libelo de sangre’ no existiría. Ellos apostaron por mí con unos pocos capítulos y fue gracias a ese contrato de edición que yo encontré la fuerza y el estímulo necesarios para continuar y para concluir, porque yo sabía que tenía alguien que me estaba esperando. Es uno de los grandes óbices en un escritor principiante porque escribe sin saber en qué puerto va a arribar ese libro. Novacasa confió en mí desde el principio, no me metió ninguna prisa, no me apremió de ninguna manera. Tener ese puerto de aguas tranquilas, saber que existía es un flotador que te lleva a donde tú quieras».
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