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San Sebastián, el guerrero de Laguna de Negrillos que espera a que acabe la batalla

San Sebastián, el guerrero de Laguna de Negrillos que espera a que acabe la batalla

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T. Giganto | 14/06/2020 A A
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San Sebastián, el guerrero de Laguna de Negrillos que espera a que acabe la batalla
Páramo Laguna de Negrillos se queda sin su tradicional procesión del San Sebastián por el coronavirus. Paco Peláez, que iba a salir este domingo a la calle representando al popular guerrero, contiene la emoción y espera al Corpus Christi del año que viene para cumplir la promesa que hizo a su madre Pilar, acompañarla en su papel de mayordoma
"Barbilla arriba. Quieto firme. No dobles las rodillas. Saca pecho. Estira el brazo. Mete culo". Demasiadas órdenes para un solo movimiento, pero de ellas depende la perfección a la hora de interpretar al San Sebastián, ese guerrero que protagoniza el auto sacramental que cada año representan por la fiesta del Corpus Christi en Laguna de Negrillos. Las órdenes se las daba Jose a Paco hace unos meses para que este se pudiera encargar de salir detrás de la careta en la procesión, con ese andar parsimonioso a base de punta y talón que requiere de un arduo ensayo físico un tiempo antes. Este domingo hubiera sido ese día que Paco Peláez llevaba esperando un año con la promesa hecha a su madre, pero también toda la vida, haciendo acopio del valor necesario para dar el paso. Con el arrojo y el ánimo a punto, la preparación física solo duró cuatro días. La pandemia del coronavirus irrumpió con fuerza y con ella se suspendieron todos los planes previstos, incluida esta tradición paramesa de la que no hay constancia documental alguna de haber dejado de celebrarse antes. No pudo con ella ni la Guerra Civil, pero sí la pandemia y ahora el guerrero se mantiene a la espera de que acabe esta batalla. "Es un chasco por la ilusión, pero después de todo lo vivido en estas últimas semanas hay que reconocer que tener que suspender la fiesta es lo de menos. Además, guardo la ilusión para ser San Sebastián el año que viene", explica Paco con emoción contenida.

San Sebastián es el protagonista del auto sacramental que se representa en el Corpus de Laguna de Negrillos desde al menos el año 1648. Él es un guerrero que se pasea arrogante ante todo el pueblo negando su fe cristiana, ataviado con ropajes de estilo militar y escondido tras una rígida máscara. Tras dar la espalda al Santísimo en repetidas ocasiones durante el recorrido, acaba arrepintiéndose. Y echa a correr a casa despavorido y acompañado de los danzantes que tras él van bailando sin perder el paso. «Yo creo que ese tiene que ser el momento de máxima liberación de todo lo que se vive en la procesión porque te descubren la cara, es el arrepentimiento, la gente aplaude... Ahí te tienes que descomponer», prevé Paco que, a sus 49 años, ha sido birria en varias ocasiones pero nunca San Sebastián. El impulso se lo dio su madre Pilar que iba a ser en estas fiestas la mayordoma de la Cofradía del Señor Sacramentado, mantenedora de la tradición. «Estábamos preparando hace un año el Corpus anterior y le pregunté si ya se le había ofrecido alguien para ir de San Sebastián y me dijo que no, con que le dije: no busques más que lo tienes aquí», cuenta Paco transmitiendo la ilusión que tuvo que sentir Pilar en ese momento. «Ella es incombustible y tiene una vitalidad envidiable pero esto de suspender la fiesta no lo ha llevado bien porque a sus 84 años está siempre con la cosa de si este va a ser su último año en las fiestas del Voto, su último viaje, sus últimas fiestas del Corpus... Y se pregunta si estará el año que viene para vivirlo pero es que nadie sabe lo que va a pasar el año que viene y podemos faltar cualquiera, que la vida da muchas vueltas, ya ves...», comenta Paco para quien lo de ir de San Sebastián queda todo en casa, pues tanto su madre como la familia de su mujer están muy involucrados con la Cofradía y contribuyen cada año a conservar la tradición como en su día hizo su suegro, Fidel, que se encargaba de ensayar siempre al San Sebastián. De haber sido este quien le hubiera preparado, Paco está seguro de que le hubiera dado «mucha caña». «Era duro porque nunca quería que fallase nada», recuerda Paco que ahora tiene como preparador a su cuñado Jose.

Tanta ilusión pone Paco en relatar en qué consiste el auto sacramental que cualquiera diría que ya sabe lo que es ponerse detrás de la careta. «Llevo toda la vida queriendo ir pero me ha faltado el valor. Si es que me ponía nervioso yo solo de ver a otros hacerlo», reconoce él, que sabe que todo el que es de Laguna siente una «emoción inexplicable por dentro» con esta tradición. «Mira tiene que haber muchos momentos bonitos para vivir en la procesión pero hay dos que veo como muy especiales. Uno tiene que ser, por lo que cuentan los que ya lo han sido, cuando van los danzantes a buscarte a casa para ir a la iglesia y el otro tiene que ser cuando sales del coro a cara descubierta para empezar la procesión, ahí cuando te bajan la careta y echas a andar con toda la iglesia a tope después de haber entrado en ella cuando estaba vacía... ¡Buf!», imagina este paramés. Es aquí cuando todos tienen puesta la vista en San Sebastián, en sus pies, en la fuerza con la que empuña la espada y la saeta, en el brío de cada zancada, en el baile de los flecos del faldón, en los primeros pasos de la tradición... Pero este domingo nadie escuchará el taconeo del guerrero en Laguna de Negrillos donde la tradición quedará tan solo en la celebración de una misa para pedirle al Santísimo que los mismos que están este año estén el próximo para vivir «esa cosa que los de Laguna saben que se vive estos días». Por eso todos han jugado a ser San Sebastián con el palo de una escoba como saeta, todos han hecho el paso aunque lo que sonase de fondo no fuese la dulzaina y fuese un merengue en cualquier fiesta o reunión con amigos. «¡Uy, Dios! ¡Muchas veces he hecho yo eso! No creo que haya nadie en Laguna que no lo haya hecho alguna vez, fíjate lo que te digo. Pero claro, te pones a ensayar y la cosa cambia. Todo son órdenes y eso ya va en serio. Imitar es fácil pero cuando te tienes que sostener con la puntera de un pie y el talón del otro con esos tacones...», dice riendo él que ya sabe un poco que es ese «algo» que sienten quienes han mamado la tradición: «Ya cuando ensayé, aunque fue poco, que te calzas los zapatos, empuñas la espada, con las instrucciones del ensayador en frente... No es que me valiera solo con eso, pero he sentido algo de lo que seguramente sienta cuando sea la procesión». De lo que seguramente sienta el guerrero cuando acabe esta batalla.

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