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Salvar el mundo

Salvar el mundo

OPINIóN IR

21/03/2021 A A
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Salvar el mundo
Mesías, salvador, superman… ¿Con qué más palabras se os ocurre que podemos definir el concepto que Pablo Iglesias tiene de sí mismo? En alguna ocasión, todos hemos considerado que los políticos creen que son el ombligo del mundo o que solo piensan en sí mismos, pero en el caso del madrileño parece cumplirse con creces, al menos la primera premisa. El pasado lunes todos recibimos la noticia: Pablo Iglesias sale del Gobierno para enfrentarse a Ayuso en Madrid. Tras dos elecciones, numerosas reuniones e infinitos debates y polémicas para alcanzar la vicepresidencia, Iglesias deja el puesto un año y medio después de jurar el cargo. Sin entrar en las decisiones políticas que ha tomado durante estos meses, me gustaría saber qué significa para él el compromiso con la ciudadanía. Aparentemente, su fidelidad es solo chiste y mentira.

Su decisión trastoca la política de la totalidad del territorio español y no va a suponer ningún cambio en la Comunidad de Madrid. De hecho, puede incluso dar más fuerza a la victoria de Isabel Díaz Ayuso. Hagan caso a estas líneas: hay ínfimas posibilidades de que no renueve la presidencia de la región. Y si lo hace, que así será, volverá de la mano de una ultraderecha revitalizada que obtendrá aún más escaños. ¿De verdad alguien desea que eso suceda? ¿En serio Iglesias cree que su candidatura revertirá esa futura realidad?

La Comunidad de Madrid lleva gobernada por el Partido Popular desde 1995. Veintiséis años de mandato azul que demuestran lo fragmentada que está la izquierda y la falta de un candidato que pueda unir a todos los votantes de este espectro político. Sin embargo, los tres principales líderes de la izquierda para las próximas elecciones son Mónica García, a quien Errejón se dedica a opacar, Ángel Gabilondo, el actual líder de la oposición que no ha aparecido en dos años, y Pablo Iglesias, de quien mucha gente se ha cansado a nivel nacional y no le quiere como líder regional. El futuro de Madrid es negro –más bien azul y verde– y esto no va a cambiar, del mismo modo que tampoco cambiará que Iglesias se crea el salvador de un mundo que automáticamente destruye.
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