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Ruta al nacimiento del río Sil

Ruta al nacimiento del río Sil

EL BIERZO IR

Mapa de la ruta. Ampliar imagen Mapa de la ruta.
Francisco A. Ferrero | 06/09/2020 A A
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Ruta al nacimiento del río Sil
Rutas de nueve a una El poderoso río Sil encuentra en La Cueta el primer pueblo de su dilatado recorrido antes de encontrase con las aguas de Miño. Más allá del pueblo, las amplias majadas que albergan
La ruta está pensada para realizarse en cualquier época del año, evitando solamente los rigores del invierno. Se inicia y finaliza en el pueblo de La Cueta que, situado a 1450 m snm, constituye el pueblo leonés de mayor altitud de la provincia. Se describirá la ruta bajo los siguientes aspectos más sobresalientes: botánicos, geológicos/peleontológicos, hidrológicos y el uso ancestral como últimos refugios para los pastos de verano.

La ruta propuesta es muy generalista, pudiéndose finalizar en cualquiera de las majadas mencionadas (Cebolledo, Covalancha y Cuetalvo). No obstante, si lo que se quiere es llegar a las primeras fuentes del río Sil, hay que llegar a la majada de Cuetalvo y, si el caminante se encuentra con fuerzas, ascender a la cumbre de Peña Orniz para iniciar el descenso por el mismo lugar que se ha hecho el ascenso. Los más osados pueden optar por otras rutas alternativas, como descender al paraje de Las Morteras (en terreno asturiano) y volver a tierras leonesas por la collada de Las Morteras. El paisaje dominante en la cabecera del río Sil es rocoso y cubierto de una vegetación rala, lo que permite trazar cualquier itinerario imaginario siempre y cuando no presente dificultades orográficas insalvables. Los pequeños senderos, trazados bien por el hombre o por el ganado, nos servirán para alcanzar cada una de las metas que nos propongamos. En esta primera incursión por la fuentes del Sil, lo mejor es seguir los senderos paralelos al río y a sus tributarios principales hasta que las corrientes de agua desparezcan, momento en el cual podemos asegurar que estamos en las primeras fuentes del río Sil. Bajo una perspectiva botánica, se describen las especies más singulares, tanto las que crecen sobre cobertura vegetal, como las rupícolas, esto es, las que se desarrollan sobre roca.

Debido a la altitud, la vegetación con porte arbóreo empieza a desaparecer en las primera cotas de la majada de Cebolledo,
permaneciendo solamente la vegetación arbustiva sobre suelos con cobertura térrea, destacando por su abundancia las variedades de brezo de montaña, llamada por aquí Brecina (Calluna vulgaris) y la Genista (Genista hispanica) (difícilmente olvidable por su enormes pinchos o espinas en las puntas terminales) de hermosas flores amarillas como las del Tojo (Toxo en gallego) (Ulex gallii), y el té de roca (Sideritis hissopifolia) conocido por la zona como Hisopillo en el lado leonés y Siderita en el lado asturiano, muy popular por sus excelentes valores medicinales. También se puede observar la escasa población del Gillomo  (Amelanchier ovalis), árbol de bajo porte que se encuentra al lado del camino de ascenso a la braña de Cebolledo, cuyas bayas negro-azuladas y del tamaño de un guisante son comestibles y de exquisito sabor. Uno de los pastores trashumantes que atienden los rebaños, nos indica que la Brecina, también se la conoce como Gorbizo (nos menciona que sus flores son comidas por la cabras y ovejas) y a la Genista (Genista hispánica subsp occidentalis), se conoce en el lenguaje pastoril como Argoma o Aulaga.

A finales de verano, también sobre las praderías de estos terrenos calizos, se pueden observar la Merendera (Merendera bulbocodium), de hermosas flores violáceas, que crece rasa sobre el césped. De aspecto parecido al azafrán, tiene raíz bulbosa parecida al ajo y comestible con sabor ligeramente adulzado. También es muy abundante en las zonas húmedas, en los bordes de los arroyos y manantiales, el Matalobos (Aconitum napellus), cuyas flores de un color azul intenso tienen forma de capucha de monje. Conviene conocer esta planta, abundantísima en las praderías de la cabecera del río Sil hasta la braña de Covalancha. Se trata de una planta extremadamente tóxica por contener aconitina, uno de los venenos más potentes que existen en el mundo vegetal. Tres o cuatro gramos del tubérculo fresco pueden matar a un adulto normal, se dice que con tan solo tocarla puede producir prurito en pieles sensibles. Otra planta medicinal muy abundante es la Genciana (Genciana lutea), que se localiza, entre otros muchos lugares, al lado del camino en la subida desde la majada de Cebolledo a Covalancha.

La Gayuba (Arctotaphylos uva-ursi), con sus hermosas bayas rojas, es una planta rastrera y abundante sobre los roquedos calizos que lo cubren a modo de alfombras siempre verdes, al igual que el Enebro rastrero (Juniperus communis) con sus bayas comestibles cuando presentan un color azul-negruzco y que se emplean para fabricar la ginebra. Al romperlas, y olerlas, recuerdan el olor característico de este licor rectificado con bayas de enebro.

Sobre los roquedos y prados pedregosos, se desarrolla el Pudio (Rhamnus alpina), la Siemprejunta (Globularia repens) y la Corona del Rey (Saxígrafa longifolia) que se localiza sobre el acantilado calizo de La Paredina –ver amplio trabajo sobre las especies de esta formación rocosa en la revista Instituto de Estudios Bercianos números 30-31, de junio 2006- y la Saxifraga babiana o Rompepiedras, especie endémica de esta zona de la cordillera cantábrica y difícil de localizar e identificar.
En los aspectos geológicos y/o paleontológicos, la caliza del sinclinal de La Cueta pertenece a un mar primigenio formado en el devónico medio, hace unos 380 millones de años. La orogenia alpina –la misma que levantó los Pirineos- elevó los sedimentos marinos hace unos 50 millones de años –durante la primera mitad del terciario-. El glaciarismo posterior del cuaternario modeló los relieves terciarios y rellenó las zonas bajas con los sedimentos arrancados de las cordilleras. Las importantes estructuras arrecifales que se conservan (con espesores entre 100-200 metros) contienen una importante fauna marina: Segmentos o Artejos de crinoideo, Corales y Briozoos, Bivalvos y Braquiópodos, y otros muchos fósiles inidentificables para el profano, que se localizan a lo largo de todo el recorrido sobre los canchales y pedrizas que descienden por erosión desde los crestones rocosos, especialmente en el ascenso y descenso de la cumbre a Peña Orniz se observan a simple vista, donde la erosión consigue liberar los fósiles de la matriz calcárea que los acompaña. La parte central del sinclinal -el valle plano de Las Morteras- está compuesto por calizas del carbonífero, con conglomerados de areniscas calcáreas y cuarcíticas y ocasionalmente pizarras –en los bordes del Lago del Valle-, en donde se pueden encontrar cuñas ferruginosas de hematites como único mineral visible.

En el collado de la Cueña, con vistas a la laguna de las Verdes, se localizan nódulos de sílex embebidos en la caliza devónica. Sílex de origen orgánico procedente de seres vivos que se han silicificado por procesos metamórficos. El clima tiene gran influencia en la configuración de estos paisajes de carácter calizo. Tanto la situación como la altitud de la Sierra de la Mortera da origen a efecto Foëhn, por el cual, el aire saturado de humedad procedente del Mar Cantábrico crea un mar de nubes que al ascender y enfriarse no rebasa la sierra, quedándose en el lado asturiano, precipitando finalmente en forma de lluvia que descarga sobre la cuenca asturiana. Esto hace que el lado asturiano sea más lluvioso que el leonés, lo que no sólo propicia la abundancia y el desarrollo de vegetación en un lado frente al otro, sino también modela la morfología del paisaje.

Las borrascas procedentes del Noroeste son las que realmente aportan agua y sobre todo nieve a la cabecera del río Sil, donde las precipitaciones en forma de lluvia superan los 1.400 litros/m2 al año. Es notorio observar desde Peña Orniz como el lado asturiano presenta unos valles profundos y fuertemente excavados, debido al elevado tirante hídrico de las corrientes de agua que representan la típica personalidad de los ríos Cantábricos: cortos y rápidos. En cambio, en el lado leonés los valles son más altos, con brañas y páramos planos, donde el río circula de forma meandriforme y anastomosada, salvando con pequeños rápidos los escalones topográficos y, por tanto, con menor poder erosivo. Con la división de la antigua Confederación Hidrográfica del Norte, en la Confederación Hidrográfica del Cantábrico (Oriental y Occidental) y la Confederación Hidrográfica del Miño-Sil, Peña Orniz ostenta la particularidad de ser la divisoria de aguas de tres cuencas hidrográficas distintas, los ríos Somedanos pertenecen a la del Cantábrico, los vertientes al río Luna a la Confederación Hidrográfica del Duero y el río Sil y sus afluentes a la Confederación Hidrográfica de Miño-Sil. Las majadas leonesas, las brañas del lado asturiano, durante el verano están ocupadas por enormes rebaños de ovejas merinas que comparten los pastizales con los numerosos rebecos y corzos que son fáciles de otear si se está atento. Un cortejo de aves carroñeras, y ocasionalmente el lobo y el oso, están atentos a las bajas causadas en los rebaños que aquí no son de menos de 1.200 cabezas.

Las majadas y turberas que configuran la cabecera del río Sil, especialmente la de Cavalancha, son tan amplias que puede caber en ellas una ciudad de tamaño medio. Solo hay que imaginarlas cargadas con varios metros de nieve para comprender los reservorios de agua que suponen las mismas. Durante el estío, las turberas que se han formado a los largo de miles de años, funcionan como esponjas que van soltando, poco a poco, su valioso contenido en agua. De esta manera, mientras se mantengan las condiciones meteorológicas actuales, es difícil comprender que el poderoso río Sil pueda desabastecernos de su agua algún día.
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