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Rogelio Blanco: "La cultura no está con potencia en los discursos"

Rogelio Blanco: "La cultura no está con potencia en los discursos"

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Rogelio Blanco con el escritor argentino Juan Gelman, ganador del Premio Leteo en 2012. | CARLOS S. CAMPILLO (ICAL) Ampliar imagen Rogelio Blanco con el escritor argentino Juan Gelman, ganador del Premio Leteo en 2012. | CARLOS S. CAMPILLO (ICAL)
Joaquín Revuelta | 07/02/2020 A A
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Rogelio Blanco: "La cultura no está con potencia en los discursos"
Sociedad El autor cepedano, principal artífice del reconocimiento por la Unesco de las Cortes de 1188 como ‘Memoria del Mundo’, fue elegido el pasado viernes por unanimidad del jurado presidido por Fernando Suárez ‘Leonés del Año 2019’ , premio que recogerá a finales de abril
El jurado reunido en la tarde del pasado viernes en las dependencias de la Real Colegiata de San Isidoro y presidido por Fernando Suárez decidía a última hora de la tarde por unanimidad otorgar el Premio Leonés del Año 2019, que organiza Radio León, al profesor, escritor, analista, investigador y exalto cargo del Ministerio de Cultura, Rogelio Blanco Martínez, una distinción que viene a reconocer su intensa actividad siempre vinculada a la cultura y muy en especial a la leonesa. Sin duda ha pesado en este justo reconocimiento el apoyo decidido y el trabajo del intelectual cepedano en el reconocimiento a su vez como ‘Memoria del Mundo’ de las Cortes de 1188 y sus Decretos, por parte de la Unesco, que supone a la ciudad ostentar el título de ‘León, cuna del parlamentarismo’. El dossier, presentación y seguimiento del valor de las Cortes de Alfonso IX, disperso por las catedrales de Lugo, Orense, Astorga, León, la Academia de la Historia, la Biblioteca Nacional y la Biblioteca Capitular de Sevilla llevan la firma del Leonés del Año. Uno tiene la impresión de que esta distinción, además de justa, llega un poco tarde. «Tarde, tarde tampoco ha sido. Hace años ya hubo una iniciativa, en concreto fue Máximo Cayón, y ahora se ha activado por parte de José María Hidalgo y Cándido Alonso, de la Casa de León en Madrid; Ángel Muñiz, de la Casa de León en Bilbao; el Colectivo de los Decreta, los amigos de la Asociación Cultural Rey Ordoño I de la Cepeda y mucha otra gente que lo han hecho con mucho afecto, por lo que nunca es tarde», destaca el profesor, escritor y divulgador nacido en 1953 en Morriondo de Cepeda.

Rogelio Blanco reconoce que a lo largo de su vida ha recibido otros reconocimientos, pero la concesión del Premio Leonés del Año 2019 «me ha emocionado, me ha pellizcado fuerte. Quizás sea por el carácter de la tierra, la forma en que es este premio, y luego hay que destacar que antes que yo lo han recibido gente muy reconocida y que han trabajado mucho por León. Este año desconozco qué candidaturas había, pero supongo que había otras leonesas y leoneses con tanto merecimiento como el mío», reconoce Blanco Martínez, a quien el presidente del jurado, Fernando Suárez, llamó para darle la noticia de su elección como Leonés del Año. «Cuando descolgué el teléfono y Fernando Suárez me comunicó que el jurado por unanimidad había acordado concederme la distinción de Leonés del Año 2019 el corazón me dio un vuelco y rápidamente mi pensamiento se fue hacia mis padres, hacia mi pueblo, Morriondo, hacia la Cepeda y hacia toda la provincia». Blanco recuerda que el presidente del jurado le dijo que habitualmente él se encarga de la ‘laudatio’ cuando se da el premio, pero eso no significa que si hay alguien más próximo se delegue en otra persona, por lo que será finalmente Juan Pedro Aparicio quien haga los honores al último Leonés de Año.

La figura de Juan Pedro Aparicio también ha sido determinante en el antes mencionado reconocimiento por parte de la Unesco a las Cortes de 1188 como ‘Memoria del Mundo’. «Juan Pedro hizo una labor inconmensurable y además, él desde Londres, cuando estaba de director del Instituto Cervantes, constantemente hizo referencia y activó la obra de John Keane. Juan Pedro ha sido un activador total y además con amplios conocimientos, estudios y contactos en Inglaterra. Es más, cuando elaboramos el expediente intentamos que se realizara con referencias bibliográficas del ámbito anglosajón, que no estaba dispuesto a perder ese paradigma, esa referencia histórica de ser las primeras cortes parlamentarias. De alguna manera dejamos a un lado a los historiadores y estudiosos españoles para ir hacia su espacio, sin olvidar los nuestros, de cómo este reconocimiento no solo es propio de un espacio local o jugando de parte, sino que por parte de importantes historiadores de Inglaterra, Australia e incluso de Estados Unidos hacen este reconocimiento a las Cortes de León», destaca Blanco.

El investigador cepedano señala que tanto en la obra recientemente presentada en la Real Colegiata de San Isidoro, ‘Las Cortes Leonesas de 1188: Primeras Cortes Parlamentarias’, como en su próxima publicación, ‘Tierra de libertades’, se hace eco del hecho de que no es comprensible que la tierra de los fueros, de las ordenanzas, de los concejos, de las asambleas, esa tierra foral por excelencia de cartas puebla, de cartas otorgadas, como es el espacio del viejo Reino de León, llegados a la democracia, haya quedado en ese vacío, en esa usurpación al confundir las cortes leonesas con otras denominaciones. «Por poner un ejemplo, hay un estudioso portorriqueño que estudia la Constitución de Estados Unidos y hace referencia al preámbulo de los Decreta de León. El primer artículo de la Constitución de Cádiz, con la impronta de Muñoz-Torrero, hace pensar en los Decreta, que quien fuera rector de la Universidad de Salamanca conocía muy bien. Hay un sustrato de fortaleza en el espacio del noroeste que ha quedado oculto –eso habría que estudiarlo con más detenimiento– y que no justifica que lleguemos a esta altura donde consideramos que la democracia es el modelo político mejor de los conocidos y que no se vuelva la mirada hacia atrás. Hay que recuperar la memoria porque la memoria, como diría San Agustín, es necesaria para no avanzar a ciegas».

El recuperado debate sobre la pretendida autonomía leonesa también es motivo de reflexión por parte de Rogelio Blanco como profundo conocedor de la historia de esta tierra. «Claro que tengo una opinión al respecto y he firmado el manifiesto. Y en el libro también lo expreso. Si hay que hablar de territorios históricos no hay ninguno en la península ibérica más histórico que el territorio leonés. Es un territorio germinal del cual nacen dos reinos, Castilla y Portugal. Es un territorio germinal de democracias, por lo que hemos visto de los Decreta, de las ordenanzas concejiles o de los fueros. Es un territorio de una significación que no justifica, tras esa generosidad de nuestro territorio en la creación de otros espacios, de las diversas Españas hablando en términos de Américo Castro, que no tuviera la oportunidad, como tuvieron en su momento otras regiones, para decidir si tenía una autonomía propia o no autonomía», sostiene Blanco, que no entiende que se cuestione esta libertad de opinar casi como si fuera una traición a grupos políticos. «Opinar, criticar, cuestionar, reflexionar, advertir en democracia es un acto de lo más noble. También se está produciendo una confusión tremenda. A mí la palabra ‘lexit’ me resulta insultante. Ni el objetivo ni la finalidad tiene que ver con palabras homónimas ni tampoco guarda relación con el procés catalán. Este proceso de integración de León en Castilla ya viene desde la I República, donde la burguesía federalística y ganadera de Castilla forzó esa unidad, a lo que se opuso el presidente de la Diputación de León escribiendo una carta radical a aquellas Cortes. No se trata de ir contra Castilla, tierra hermana y de mucha singularidad, pero tampoco se justifica que el reino más antiguo de la península ibérica, germinal en libertades y en creación de entidades, no tenga la posibilidad de opinar. Ha creado una especie de sobresalto incomprensible. Esto no es algo momentáneo. Desde el inicio ha habido manifestaciones que no se han querido oír. Por lo tanto cuando dicen que no es el momento, me pregunto ¿cuándo es el momento?», asevera.

Preguntado cómo valora su paso por la Dirección General del Libro, Archivos y Blibliotecas, Rogelio Blanco considera que fue una gran oportunidad. «Creo que se lograron bastantes cosas, mucho contenido legislativo, se construyeron muchas bibliotecas, se reformaron y se construyeron nuevos archivos, se crearon programas de digitalización. Para mí fue una satisfacción los ocho años que estuve ahí, gracias también a los maravillosos profesionales con los que trabajé y a la libertad de acción que me dejaron los tres ministras y ministros que tuve. Dicho esto, ahora vienen los dolores. Los dolores son que yo sigo siendo el último director general del Libro, Archivos y Bibliotecas, porque luego con el PP desaparece el Ministerio, desaparece la Dirección General, ni se llegó a ocupar mi despacho, hasta que no llega nuevamente el gobierno del PSOE que crea la Dirección General del Libro y Fomento de la Lectura. Yo creo que se quedó corto, porque el sector ecosistemático de la industria del libro también tenía que estar vinculado ahí con toda su fuerza y también los archivos, porque son espacios de documentación, no de Bellas Artes».

El exalto cargo del Ministerio de Cultura también se muestra crítico con el papel que la cultura ha jugado en estos últimos años. «La cultura no está con potencia en los discursos. En el último Debate sobre el estado de la nación la cultura no se expresó con fuerza en los diversos discursos. Es un ministerio con mucho desprestigio, se quita y se pone y no se atiende a la cultura con lo que significa para el PIB de España, para nuestra fortaleza y nuestra imagen. La imagen de España a nivel internacional pasa por los elementos culturales. Me da pena que la cultura termine siendo la guinda roja de un pastel multipisos de boda, que cuando llega un partido conservador la hunde en el merengue y no se ve y cuando llega un partido progresista la saca del merengue, se ve rojilla y brillando pero sigue siendo una guinda arriba en el pastel y no es un elemento estructurador del pastel sino un elemento ornamental. A mi juicio falta una reflexión potente de la cultura», asegura Blanco.

El Leonés del Año 2019 está retirado de la primera línea de la actividad profesional, que le llevó a rechazar hace algunos meses la oferta de la Diputación Provincial de dirigir el Instituto Leonés de Cultura, plaza que todavía permanece vacante. «Me reuní con el presidente de la Diputación, Eduardo Morán, y a la vez con Javier Cendón, secretario provincial del Partido Socialista, y me lo ofrecieron con mucho cariño. La verdad es que no lo pasé bien en aquellos momentos porque a mí se me ofrecía una oportunidad de seguir trabajando por mi tierra desde lo que creo, que es la cultura, pero estaba en una circunstancia crítica en aquellos momentos. No solo porque tuviera que dejar mi residencia en Madrid, porque tengo casa en mi pueblo, Morriondo, tampoco porque tuviera que dejar ciertos quehaceres en universidades, en fundaciones, incluso ciertas actividades de desarrollo en África, sino que también se complicaba en aquellos momentos por unas situaciones familiares. De alguna manera el cáncer decidió habitar en varios familiares y no estaba yo en el mejor momento para aceptar el cargo. No era el momento y bien que lo siento porque era una oportunidad de hacer lo que creía y donde quería. Bien que lo pensé pero era una situación muy complicada que sigue estando ahí», reconoce el escritor, que recogerá el galardón que le distingue como Leonés del Año 2019 después de Semana Santa y en una fecha por concretar. «A mediados de mayo tengo un curso en una universidad madrileña y después tengo que viajar a otra francesa. Así que a finales de abril serían las fechas más propicias para recoger este premio».
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