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Ríos de ciencia en el Bierzo

Ríos de ciencia en el Bierzo

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Rocío Rodríguez Herreras | 13/07/2020 A A
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Ríos de ciencia en el Bierzo
Turismo científico Los ríos del Bierzo ofrecen interesantes rutas de Turismo Científico que surgen entre las frondosas tierras y singulares construcciones, recuerdos vivos de otro tiempo que hoy debemos proteger, valorar y disfrutar
La corriente del Río Balboa nos lleva a la localidad del mismo nombre cercana a O Cebreiro, ya en Lugo. Balboa nos enseña sus pallozas llenas de vida, hogares de antaño, arquitectura celta ancestral. Conos de teito de centeno y cilindros de piedra en los que el viajero podrá incluso almorzar.

En Balboa, tierra del legendario descubridor de los Mares del Sur, también habitan los hórreos. En ellos armonizan la madera y la piedra en cuatro pilares de cúbica estructura. Ya en la ‘Cantiga 186’ de Alfonso X el Sabio se muestran los primeros «hórreos gallegos repletos de trigo, después de que los monjes a la Virgen hicieran sus peticiones».
Caminamos hacia el Río Sil. Desde las Médulas hasta A Cubela, en Ribas del Sil, en los valles de Quiroga y en O Courel, durante 250 años fueron explotados grandes yacimientos de oro, noble metal de transición. Los romanos utilizaron la ‘fractura hidraúlica’ y lo que en otra época fue una ruina montis, hoy, en el caso de las Médulas, es Patrimonio de la Humanidad. De las excavaciones realizadas nació el lago de Carucedo, interesante espacio natural protegido como reserva ornitológica.

Nuestro camino nos lleva al Selmo, río de montaña, de cascadas, de flujo turbulento, refugio de ferrerías creadas en su cauce atraídas por su desnivel. Para ellas hematites y magnetita, ‘hierros de Gestoso’(León) y Formigueiros (Lugo). El río Selmo discurre por Oencia, ya cerca de las provincias de Lugo y Ourense, formando un valle conocido durante la II Guerra Mundial por la explotación de las minas de Wólfram, utilizado para mejorar la resistencia de los cañones. Hoy conviven allí castaños y robles, abedules y hayas, con los que cohabita una la impresionante fauna de lobos, nutrias, tejones y corzos .

En el río Cúa, piedras cubiertas de musgo informan de que estamos ante un paraje de gran calidad ambiental. Y sobre sus aguas hallamos más piedras, las de un puente romano en la localidad de Vega de Espinareda, ingeniería realizada 2.000 años atrás, a cuya vera se puede disfrutar de una espectacular playa fluvial.

Y a orillas del Cúa, el impresionante Monasterio de Santa María de Carracedo, fundado en el siglo X por Bermudo II, rey de Galicia y de León. Antigua abadía benedictina y más tarde cisterciense, de interés histórico y arqueológico, ha sido declarado en 1928 Monumento Histórico Artístico. La forja medieval y ¡hasta 7kg de escoria de hierro! fueron encontrados en 2015 y son las pruebas de la explotación del mineral de hierro llevada a cabo en la Chana de Borrenes, de la que el monasterio tenía el usufructo para la extracción.

Convertidos en pescadores, vamos en busca del silencio a las aguas del río Valcarce, cerca ya de la provincia de Lugo, al coto de Pereje, famoso por sus truchas, lugar donde el Camino de Santiago asciende hacia el puerto de Cebreiro. Y dominando el valle que baña el Valcarce, en medio de la Zona de Especial Protección de Aves de Ancares, se alza sobre la localidad de Vega de Valcarce, el Castillo de Sarracín. Fortaleza medieval del sigo XI, declarado Bien de Interés Cultural, es símbolo de arquitectura militar. En 1486 los Reyes Católicos pasaron la noche en el castillo en una parada de su viaje a Santiago de Compostela. Años más tarde, su nieto Carlos, de camino a La Coruña desde donde embarcaría hacia Alemania para ser coronado Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, también estuvo alojado en el impresionante Castillo de Sarracín.

En el río Burbia, afluente del Sil, las aguas silíceas de gran calidad serpentean entre hayas, robles y abedules. Declarado en 2015 Reserva Natural Fluvial, del Burbia llevaban los romanos el agua mediante acueductos a la Mina de oro de La Leitosa, una de las más espectaculares del Bierzo. Y sobre el Burbia , en Villafranca del Bierzo, encontramos un emblemático vestigio de la época romana: un puente que demuestra la maestría de los antiguos ingenieros para estas construcciones en mampostería de piedra. Es el punto de entrada a Villafranca de todos los peregrinos que caminan hacia Santiago de Compostela y da acceso directamente a la Calle del Agua en el centro de la localidad.

El Río Boeza, como la sangre que a las células inunda de vida, nutre con sus aguas al pueblo con el nombre más largo de España: Colinas del Campo de Martín Moro Toledano. Posee suelo fértil, es una zona de gran valor ecológico por sus abedules, acebos, robles, avellanos y flores silvestres y tiene un gran valor histórico , por lo que ha sido declarado Conjunto Histórico-Artístico. Destaca un puente medieval, icono de la arquitectura tradicional, el Arco de Piedra y las cuidadas edificaciones con corredor. Desde Colinas del Campo se realizan interesantes rutas de senderismo al pico Catoute (2.117 m), situado en la maravillosa Sierra de Gistredo y que, no siendo la más elevada cumbre, es considerada el “techo del Bierzo”.

El río Oza baña la Tebaida Berciana, homónima de la desértica región del Alto Egipto, lugar de retiro de cristianos ermitaños donde surgió la tradición cenobítica oriental. En la frontera con Galicia, la Tebaida nos descubre el Valle del Silencio, de terreno silúrico y rocas calizo-marmóreas, recorrido por el arroyo del mismo nombre procedente del río Oza, donde el tiempo se detiene y el viajero encuentra la paz que el silencio le regala. El valle acoge la conocida Cueva de San Genadio, a la que se retiró el santo benedictino eremita del mismo nombre , fundador del monasterio de Peñalba de Santiago, del que se conserva su visitada iglesia, una joya arquitectónica del arte mozárabe, que desde 1931 es Monumento Histórico-Artístico Nacional. A la entrada, una espectacular puerta de doble arco de herradura apoyada en tres columnas de mármol y en su interior una decoración de estilo musulmán, única en un templo cristiano de España, traída de Córdoba por los frailes huidos de la islamización. Impresionan las bóvedas de ladrillo fingido y las rojizas pinturas murales de óxido de hierro, con motivos vegetales y geométricos, muy parecidas a las del Palacio Califal de Medina Azahara , que comenzó su construcción ¡cinco años más tarde que la iglesia mozárabe del Bierzo leonés! Por cierto, San Genadio fue el primer santo aficionado al ajedrez y hay que decir que las piezas de San Genadio ¡son las figuras de ajedrez más antiguas de Europa!
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