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Resurge la idea de resucitar el castillo de San Blas y protegerlo como BIC

Resurge la idea de resucitar el castillo de San Blas y protegerlo como BIC

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Imagen bucólica del castillo de San Blas a la entrada del pueblo ponferradino de Campo. Ampliar imagen Imagen bucólica del castillo de San Blas a la entrada del pueblo ponferradino de Campo.
M.I. | 23/02/2020 A A
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Resurge la idea de resucitar el castillo de San Blas y protegerlo como BIC
Patrimonio La Plataforma ciudadana en su defensa ha publicado un libro recordando su historia y pidiendo que se le de utilidad como zona de paseo, cultural o como parada en el Camino
Puede ser el momento del castillo de San Blas, en Campo. El cambio en la Alcaldía de Ponferrada, con la entrada en el gobierno del PSOE y el de la presidencia de la Fundación Fustegueras, encargada de la gestión del patrimonio de los Valdés, a los que perteneció este inmueble encantado, es para los miembros de la Plataforma ciudadana ‘Salvemos el Castillo de San Blas y su entorno’, un atisbo de esperanza.

Llevan funcionando desde 2014 «trabajando desinteresadamente para que se reconozca como Bien de Interés Cultural, que se proteja y que se aproveche» como lugar de recreo, de visita o de parada para el peregrino ese castillo escondido a la orilla del río, explica desde la Plataforma su portavoz, Julio Vila.

Esa petición se engorda ahora con la publicación de un libro que bajo el título «El Castillo de San Blas, un sueño dormido», pretende recuperar esa reivindicación con la que iniciaron su camino por las redes sociales y que les trajo algún disgusto. Recuerda Vila que desde que se constituyeron en Facebook y consiguieron tener pronto 2.500 seguidores, la Fundación respondió construyendo una valla alrededor de la parcela del castillo «una construcción ilegal», dice , que vieron colocarse en 2016 y que puso freno a las reivindicaciones de la Plataforma, que solo quería que se sacara de 60 años de abandono un enclave mágico. Fue entonces cuando formaron la agrupación formalmente «con un grupo de personas que querían seguir con el sueño», de esa rehabilitación.

Se pusieron en contacto con los párrocos que formaban parte de la Fundación Fustegueras, encargada de los bienes de los Valdés, quejándose de esa valla y pidiendo a la Junta que considerara BIC ese espacio «estamos a la espera de que haya un expediente sancionador por parte del Ayuntamiento por esa valla por invadir terreno público», apuntaba Vila en la presentación del libro. La Fundación, liderada durante 20 años por el párroco de San Ignacio, está compuesta por los 11 párrocos de Ponferrada y por el alcalde de la ciudad. Asegura Vila que no han encontrado la complicidad de la parte eclesiástica con sus fines, sino todo lo contrario, algo que espera que comience a cambiar.

Esa Fundación cobró vida tras la muerte del último heredero de la herencia de los Valdés, Miguel Fustegueras, la mayor fortuna del Bierzo en el siglo pasado llamada «la herencia de los millones». La fortuna la inició Antonio Valdés, por eso el castillo también lleva ese apellido (el de San Blas por el patrón de Campo o el de Valdés por la herencia que le dio vida). Fue Antonio Valdés quien compró la finca de San Blas y la adecuó, para después, a su muerte, que pasara a sus hijos Daniel y Mesiste. A esta última fue a la que le tocó la finca. En la fase final pasa a Miguel Fustegueras, soltero sin descendencia.

A su fallecimiento, en 1961, su intención era dejar a una Fundación el encargo de que vendiera sus bienes, a excepción de su casa en la calle Paraisín de Ponferrada y la finca de San Blas, que debían gestionar y crear una residencia destinada a cuidado de ancianos en la ubicación ponferradina. Pero apareció un nuevo testamento, en el que se incluían criados, amigos y un sinfín de herederos. Eso abrió un litigio que concluyó 15 años después de su fallecimiento, dando por bueno el primer testamento. En 1998 se abre la Residencia Virgen de La Encina en la zona de Campo, 37 años después de que Fustegueras falleciera.

La Fundación se creó y en sus estatutos incluye que será la que gestione la residencia. El patrimonio de los Fustegueras era de 594 millones de pesetas en patrimonio tanto en el Bierzo como en Madrid. Aquí tenía 450 fincas rústicas en toda la comarca y otras tantas en Ponferrada. La Fundación la componían 12 miembros, 11 párrocos de la ciudad y el alcalde de Ponferrada que, en principio, era quien lideraba esa agrupación, hasta el año 95 en el que se cambió a un párroco.

Poesía natural


El castillo contaba con un molino, un embarcadero y un estanque con patos y cisnes. Era una mansión solariega con árboles monumentales. Durante 20 años, hasta que se creó la Fundación «fue maltratado y saqueado» y el abandono le hizo daño. Incluso el Ayuntamiento se apropió de parcelas como las del polígono de las Huertas o las de las piscinas del Plantío, que eran de la herencia Valdés.

El castillo tenía mil variedades de flores y de árboles a su alrededor y tres torres, dos palomares y la otra residencia. Vila critica el «empeño» que existe en mantener que es una finca privada «pero es un bien a administrar, a mantener y a dar utilidad» como rezan los Estatutos de la Fundación.

La utilidad por la que opta la plataforma es una parada para el peregrino, porque está ubicada en el Camino Francés o darle un aprovechamiento cultural para que se conozca su historia y la de una familia que tiene calles y estatuas incluso en la ciudad. La Fundación, en su pretensión de mantener la finca como privada, ha querido quitarle importancia calificando sus torres como palomares. Pero la magia sigue en esa estructura hechizante que se hizo por capricho y que ha resistido a graffitis, a grietas y al desgaste de los años.

Hoy sus dependencias están vacías y bajo llave, pero sin vigilancia y a pesar de todo «estamos ante una joya histórica que pide a gritos una intervención para no acabar siendo una ruina más», reclama Vila. Pide un cambio de actitud de la Fundación «que sepa escuchar al pueblo».

Socialmente admite que hay un empuje por la recuperación del castillo «pero hace falta más» y espera que llegue con el libro que quiere despertar ese «sueño dormido, metáfora de su origen». Además de ser un documento histórico, ese libro pretende ser una reivindicación abierta, como lo ha sido la limpieza efectuada por voluntarios en las orillas del río que da paso a , la edificación, donde recogieron más de 100 kilos de basuras. O como pretende ser un abrazo emotivo a la fortaleza, como han planteado seguidores de la Plataforma. Ahora queda esperar a que las autoridades locales muevan ficha.
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