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OPINIóN IR

17/03/2020 A A
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Sin duda nunca como ahora estamos en tiempos de respuestas y no de preguntas. La respuesta del Gobierno, con la declaración del estado de alarma, ha sido necesaria y oportuna. La respuesta de la sociedad, clara y consecuente. La respuesta de las empresas, conscientes de la necesidad de mantener activo el tejido productivo y salvaguardar al mismo tiempo la salud de los trabajadores y trabajadoras, buena en términos generales, aunque la avaricia siempre ha sido una lacra que desarrolla sus raíces y crece con ímpetu aprovechando los labrantíos de los males generales. La respuesta de los agentes sociales y políticos, salvo excepciones que cabrá valorar en su momento, prudente y responsable.

La respuesta principal ha sido repartirnos, entre todas y todos, la responsabilidad de cómo se frena la propagación de la epidemia. Todas y todos hemos coincidido en que nuestro comportamiento individual enfocado como acción de comunidad es la más importante de las respuestas. Queda pendiente todavía la respuesta de cómo vamos a repartirnos las consecuencias económicas de esta empresa colectiva. Queda por saber si, como en otras crisis, será la fuerza de trabajo la que soporte la mayor parte, o si habrá un reparto proporcional en relación con el capital y la propiedad.

Esa es la respuesta que hemos echado de menos en el decreto. Hubiera hecho falta alguna mención clara a cómo se articularían medidas de mantenimiento del empleo o a cómo harán frente los autónomos al pago de sus obligaciones habiendo prescindido de sus fuentes de ingreso. Habríamos necesitado una respuesta que, con sentido de Estado, pusiera en valor los artículos 33 y 128 de la Constitución Española. ¿O es que mientras la fuerza del trabajo vuelva a depreciarse por razón de la contracción en la demanda forzada por las necesidades de salud pública, no va a producirse ninguna depreciación en el valor de la propiedad, por ejemplo, en el precio de los alquileres? Porque si la salud y el bienestar público esta por encima de todo, menos de la propiedad, entonces hablamos de otra cosa.
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