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Resistencia

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OPINIóN IR

13/11/2019 A A
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Resistencia
Incluso, admitiendo –cínicamente– que la mentira pueda formar parte de las relaciones humanas, admitiendo que tenga más cabida en la cosa política (ya lo dijo Maquiavelo, quien sea un escrupuloso moral, que se quede en su casa), es precisamente la mentira la que me aparta de la política, la mentira descarada, impune, sin rubor, sin consecuencias cuando es sorprendida al cojear.

Digo yo, que lo mínimo que se podría pedir sería disimular, cierto arte o artesanía en la elaboración de la mentira y alguna disculpa si te pillan. Pero ni esto. La mentira campa a sus anchas sin antifaz. Tal es así, que han proliferado en los medios de comunicación los analistas del lenguaje corporal. Lo que me resulta muy sintomático, ya que, al dar por descontado que los políticos nos habrán de mentir en sus discursos, buscamos algún consuelo en que al menos nos mientan con sinceridad, analizando la franqueza de sus gestos y expresiones que, en principio, deberían ser más espontáneas y es más difícil someterlas al imperio de la falsedad. Aunque todo es trabajarlo.

Estando así las cosas, esta campaña electoral he seguido el camino que llevó a Quevedo a la paz de sus desiertos y me he refugiado en los libros. La lectura tiene entre otras muchas virtudes la de crear soledad, incluso en medio de la multitud. Uno de los senderos que he seguido ha sido el de la novela de J.R. Moehringer ‘A plena luz’, en la que recorre en un solo día la vida de Willie Sutton, el mayor atracador de bancos de los Estados Unidos. La relación entre ladrones y políticos, ha sido totalmente azarosa en este caso. En una de sus prolongadas estancias en prisión el protagonista conoce a otro recluso, quien le anima a la lectura: «Debes aprovechar este tiempo para leer. Para educarte tú solo. La ignorancia te ha traído hasta aquí. La ignorancia te mantendrá aquí. Y la ignorancia te devolverá aquí».

Por supuesto que la lectura no nos libra de ser malas personas, pero, como dice Daniel Pennac en su delicioso librito ‘Como una novela’: «Cada lectura es un acto de resistencia a todas las contingencias: sociales, profesionales, psicológicas, afectivas, climáticas, domésticas, patológicas, pecuniarias, ideológicas o umbilicales. Una lectura bien llevada salva de todo, incluso de uno mismo».

Y la semana que viene, hablaremos de León.
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