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OPINIóN IR

02/03/2020 A A
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«La realidad no está siempre disponible» escribe nuestro gran Antonio Gamoneda en la página 45 de su última entrega: ‘La pobreza’ en Galaxia Gutenberg. Tal vez la realidad no exista más que para los poderosos y los fanáticos, sean religiosos o civiles. Ni siquiera para los filósofos estuvo siempre disponible la realidad, a la que algunos confundieron con la verdad, sabiendo ‘de sobras’ que eran muy diferentes.

Las reflexiones del maestro, mezcladas con sustanciosos datos de su biografía (y de la de algunos paisanos leoneses) resultan estremecedoras por decirlo de alguna forma. Y más para aquellos que, desde siempre, fuimos sus fanáticos seguidores tanto en lo moral como en lo literario. Y que compartimos con él tantos propósitos que parecieran despropósitos. Lo que sucede es que escucharlo ahora de labios de un octogenario tan lúcido resulta casi terrorífico. ¿Todo eso se vivió en aquellos años? ¿Todo eso lo vivimos?

«Se ha hecho ‘natural’ identificar como democracia a lo que lleva dentro una dictadura» dice en la página 25 glosando el régimen político que tenemos ahora en España. Es lo que tienen las mentes que se sienten libres para decir ‘su’ verdad y escribir desde este supuesto. Tal vez porque todo el miedo ya lo pasaron cuando era más peligroso hablar de democracia y dictadura, en una realidad que era la única. Ellos, los poetas aquellos, como Nazim Hikzmet o Vallejo, o Gamoneda mismo, sujetaban la pobreza como única creencia, y esa sí que la tenían al alcance de la mano día y noche.

Cuántos quisieran llegar a octogenarios y proclamar su verdad a los cuatro vientos sin temor alguno. Asumiendo riesgos: como por ejemplo hablar de Alvaro Cunqueiro como: «El fascista gracioso y encubiertamente melancólico» (página 63) o de Aleixandre como: «poeta grande que, afortunadamente, no sabía lo que decía» (página72) Muchos podrán pensar que se trata de los consabidos celos entre artistas que tanto se dan por habituales. Muchos hablarían de la oportunidad; él rompe con todo proclamando su verdad a los cuatro vientos.

La amistad y la veneración, y el reconocimiento a la valía personal y literaria de Gamoneda, hacen que este cronista se alinee a su lado siempre y festeje su existencia, a la vez que admire su valentía. De estos ya no quedan. Ejemplares curtidos en el hambre y la pobreza y afectados hasta la médula por una guerra civil que cada cual encaró con las muchas o pocas fuerzas que tuviera. En todo caso, hoy, para él la realidad no es lo que era. Ni lo es la poesía. Esa realidad que tantas alegrías le tenía reservadas sin que él lo supiera.
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