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Quiero una de normalidad, pero a secas

Quiero una de normalidad, pero a secas

OPINIóN IR

01/09/2020 A A
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Quiero una de normalidad, pero a secas
¿Se acuerdan de aquellos veranos en los que las noticias más relevantes eran el posado de la Obregón, las fiestas de Gunilla von Bismarck o la foto de familia en Marivent? Cuánto se echan de menos ahora aquellas frívolas noticias, ¿no creen?

Ni hay posados, ni hay fiestas, ni casi queda familia en Marivent a la que sacar fotos… El escenario actual, que se esconde bajo un hipócrita apodo de ‘nueva normalidad’ nos está dejando noticias bastante más amargas y difíciles de digerir que las que la ‘antigua normalidad’ nos tenía acostumbrados.

Por un lado, como ya vaticinábamos en nuestro artículo del pasado 17 de marzo, titulado ‘Corona y Corina virus’, por desgracia, el ‘Corina’ virus iba a estar coleando en nuestro país tanto o más que el ‘Corona’ virus, y tal es así, que nuestro Rey emérito se ha cogido las de Villadiego y ha puesto tierra de por medio en un afán de salvar la monarquía que con acierto, tino y responsabilidad se volvió a instaurar en nuestro país en la década de los setenta. Y es que, como dice el refrán, «al César lo que es el César y a Dios lo que es de Dios», pues en aquellos momentos de la historia la figura del hoy huido Rey emérito no sólo gustaba a su mayoría, sino que fue una suerte de fuente de serenidad para aquella época.

Ahora, más de cuarenta años después de aquello, las cosas han cambiado y mucho, y no sólo existe una ‘nueva normalidad’ instaurada post-covid, sino que en el fondo me atrevería a decir que hay un cierto poso de ‘nueva normalidad’ desde hace tiempo, que se huele, se siente y se padece en nuestro territorio, y se ha venido apoderando tanto de la información (a veces sin filtro y sin escrúpulos), de las posturas socio políticas (cada vez más radicalizadas) y de los enfrentamientos ciudadanos (casi impensables hace pocos años).

¿Qué pasará con el monarca? Nadie lo sabe… A decir verdad, a día de hoy, no existe imputación judicial sobre él, tampoco tiene vetada su salida del país, y cabe recordar que el mismo día de su hégira, su abogado aseguraba que el Rey emérito permanecía a disposición de la justicia, luego… no parece que nadie vaya a tener que salir corriendo detrás de él…

Sin embargo, la pregunta que colea en estos días es el alcance de la inviolabilidad de la persona del Rey que nuestra Constitución contempla. Por el tenor del art. 56.3 CE que vincula la inviolabilidad a ‘la persona del Rey’ y por la propia función institucional de la inviolabilidad, de protección del propio Estado, parece que desde el momento en que el monarca tomo la decisión de abdicar, y por tanto, no siendo ya símbolo ni representación del Estado, difícilmente podrá evitar una eventual persecución judicial, pues el Preámbulo de la LO 4/2014, de 11 de julio, por la que se modifica la Ley Orgánica 6/1985, de 1 de julio, del Poder Judicial establece que quedan amparados por la inviolabilidad y están exentos de responsabilidad los actos realizados por el Rey o la Reina durante el tiempo en que ostentare la jefatura del Estado. El quid de la cuestión radica, por tanto, en el momento en el que se hubieran perpetrado esas presuntas acusaciones que circulan por los informativos, pues ¿qué ocurrirá con las que se hubieran llevado a cabo durante su jefatura del Estado? Por otro lado, y como no podía ser de otra manera en esta ‘nueva normalidad’ también informativa, la prensa de este verano se ha hecho eco permanente de la situación sanitaria que nos ocupa. Minuto a minuto, día a día, municipio a municipio, hemos tenido la información del número de contagios, con y sin síntomas, hospitalizados no hospitalizados, graves no graves… Pero la noticia que más ha sonado las últimas semanas, ha sido la ausencia de noticias sobre la ‘vuelta al cole’, los más avanzados de la clase han conseguido por fin dar las primeras directrices a comienzos de la pasada semana, es decir, apenas quince días antes del inminente regreso a las aulas. No estoy segura de si los gobiernos autonómicos han estado esperando a que el gobierno central hiciera siquiera ‘algo’, de si los unos estaban esperando a haber que hacían los de la comunidad vecina para copiar o no sus medidas en función de la reacción de la ciudadanía, o si simplemente es que a nuestros políticos les importa bien poco la educación de las generaciones venideras.

La educación, un derecho fundamental y universal, permite no sólo un desarrollo intelectual y del conocimiento, sino transmitir principios comunes a las nuevas generaciones, conservando y perpetuando así los valores de toda una sociedad. Ver a unas crías hace apenas unos días vejando a una anciana en la residencia en la que desarrollaban sus prácticas del módulo que estaban cursando, nos hace preguntarnos qué demonios estamos haciendo con la educación de estas nuevas generaciones, pero lo más alarmante es preguntarnos qué pasará con las generaciones que no reciban una educación cómo es debido, porque no sólo tendrá su poso a nivel personal de aquellos pobres desafortunados, sino sobre toda la sociedad.

Con semejante panorama, ¿quién no va a anhelar las noticias del pasado y desear volver a las portadas veraniegas de años atrás?, el objetivo tiene que ser volver a la normalidad, pero a secas, por favor.
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