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Queridos sanitarios

Queridos sanitarios

EL BIERZO IR

Una sanitaria ayuda a una anciana en Ponferrada. | ICAL Ampliar imagen Una sanitaria ayuda a una anciana en Ponferrada. | ICAL
Apolinar Suárez | 06/06/2020 A A
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Queridos sanitarios
Opinión Llegué a maldecir tanta información y decidí quedarme exclusivamente con las cifras de contagios y fallecidos a través de un periódico digital. Hoy, por fin, alguien me dio un tortazo de realidad, un sopapo de humanidad...
Qué peso me quito de encima. La noticia de que os van a dar el premio Princesa de Asturias viene en mi ayuda porque confieso haberme portado de forma egoísta. Muchas tardes me agobiaban las paredes de mi habitación, se estrechaba más el espacio y el techo estaba más bajo. Los noticias de la radio eran menos entendibles y el tono de voz de Fernando Simón más monótono y menos comunicativo. Me asomaba al balcón y miraba, con recelo, a mi vecina en su larguísimo paseo con sus perros, a aquellos que paseaban mañana y tarde la bolsa de la compra y hasta aquellos que elegían el contenedor mas lejano para ir a tirar la basura. Sí, yo fui policía de balcón. No se me escapaba nadie.

Tenía todo el barrio controlado. Incluso llegué a controlar a los soldados de la UME que patrullaban marcialmente por las aceras vacías. Todo cambió cuando un sanitario, amigo mío, me llamó para contarme que había dado positivo en un test que había tenido que exigir por estar muy expuesto y sospechar que podía estar contagiado.

Comencé a aplaudir con más energía todos los días a las 8 de la tarde. Imaginaba a los que salían de casa para hacer el turno de noche en el hospital de El Bierzo. Y os juro que me sobresaltaba sólo con imaginaros. Me asustaba el número de fallecidos pero sobre todo me impresionaban las imágenes de aquellos trabajadores forrados de plásticos verdes o azules, incluso con bolsas de basura. A veces su puesto de trabajo era una tienda de campaña o un tendejón del aparcamiento. Las imágenes del interior de los hospitales nos estaban vetadas, quizás para no alarmarnos en exceso o quizás para alejar la cruda realidad de nuestras comidas y sobremesas.

Todo esto hoy son obviedades, pero nos las hemos forjado telediario a telediario, informativo a informativo tras las múltiples comparecencias anodinas de Illa y Simón. Llegué a maldecir tanta información y decidí quedarme exclusivamente con las cifras de contagios y fallecidos a través de un periódico digital. Hoy, por fin, alguien me dio un tortazo de realidad, un sopapo de humanidad. El presidente de la Fundación Princesa de Asturias comunicó el fallo del jurado, otorgando el premio de la Concordia a todos los sanitarios. A los profesionales, a los voluntarios, a los que tenían Epis y mascarillas FPP3 y a los que se fabricaban sus pantallas en casa. A los que abandonaron su hogar para no correr riesgo de contagiar a sus familias. A los que se contagiaron y lo pasaron mal, a los asintomáticos y a los que siguen contagiados o fallecieron a causa del COVID19. Yo incluiría a todos los trabajadores de los centros sanitarios, residencias de ancianos, personal de ambulancias, incluso policías y militares que colaboraron en superar la pandemia.

Gracias a todos. Pero gracias inmensas a la Fundación Princesa de Asturias por daros las gracias, unas gracias inmensas e impagables en nombre de todos los asturianos y españoles.

Apolinar Suárez es ex-trabajador minero asturiano y vecino de Ponferrada
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