Quemados

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OPINIóN IR

23/06/2022 A A
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Quemados
Pocas situaciones más angustiosas puede haber para cualquier paisano que la de contemplar con impotencia cómo las llamas cercan su pueblo. Ocurrió una vez en el paraíso redipollejo cuando quien junta estas letras apenas levantaba dos palmos del suelo y vio las llamas a unos metros de su casa, en la ladera del Pando. Asustado y al mismo tiempo cabreado porque no me dejaron ayudar (en realidad habría sido estorbar), me tuve que conformar con otear desde la ventana cómo los vecinos se organizaban con calderos y mangueras para frenar el avance del incendio. No llegó a una hectárea de pasto seco y escobas, pero creo que fue la primera vez que la impotencia me hizo sentir miedo. Entiendo por tanto cómo se han sentido nuestros paisanos zamoranos ante la devastación de una sierra con irreparables pérdidas naturales y varios pueblos amenazados.

Parece claro que la administración de esta nuestra comunidad subestimó el riesgo que suponían las llamas, pero es igual de cierto que la mayor presencia de medios no habría servido para apagarlas antes debido a su virulencia y a un viento que se aliaba en todo momento con su propagación. Todos los medios habrían sido pocos, pero es muy goloso predicar y predicar cuando no tienes que dar trigo, cuando todo es parlar como si el dinero manara de una fuente. Es fácil pedir que haya equipos de extinción todo el año, pero para eso tenemos ya una Unidad Militar de Emergencias, para actuar cuando las cosas se tuercen de manera inesperada.

Lo que sí hay que exigir es una política forestal que vaya más allá de ponerse un chaleco de explorador para ver las repoblaciones en las zonas devastadas por el fuego, que de verdad apueste por la limpieza de los montes mediante desbroces, presencia de rebaños de ovejas o incluso quemas controladas en zonas sin excesivo valor medioambiental.

En cualquier caso, entiendo que nuestros paisanos zamoranos estén quemados y se sientan abandonados, al ver cómo se racanea en la prevención y extinción de incendios mientras las caravanas de coches oficiales llegan para que los políticos se hagan fotos y aparenten estar preocupados mientras el monte arde o abran la chequera cuando afortunadamente todo ha pasado.
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