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Quedarse para progresar

Quedarse para progresar

OPINIóN IR

16/09/2020 A A
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Quedarse para progresar
Mira, aquí estaba la escuela». «Allá al final de la calle, íbamos el colegio. Ahora es un velatorio». «Ahí está, la escuela. Ahora es la sede de la Asociación de Jubilados». «Sí, hombre. Yo fui aquí a clase. Estaba allí, donde esa tapia de adobe caída». «Antes de ir a los frailes iba aquí a la escuela, es donde está el bar ahora». A la pregunta de cuándo cerró aquí la escuela ya hay muchos pueblos que perdieron la cuenta de cuándo dejaron de tener un maestro pero ninguno ha olvidado dónde estaban sus puertas ni tampoco el nombre de aquellos que les enseñaron a hacer cuentas. Eran años en los que el eco del progreso llegaba desde el corazón de hormigón de las ciudades a donde todas las familias querían que fuesen a parar sus hijos buscando un porvenir alejado del ordeño y del arado. «Irse era triunfar, nos educaban para que dejásemos el pueblo, para que nos fuésemos».

Pero no hace falta retroceder décadas para ver cerrar escuelas. Muchos pueblos dejaron de ver mandilones paseándose a la hora de entrar a clase hace no tanto tiempo y en la provincia de León raro es un inicio de curso sin clausura. «Cada vez somos menos y más viejos». Pero al discurso agorero de que el medio rural se muere no se le combate con nostalgias, sino sabiendo de dónde venimos y mirando a aquellos pueblos, que los hay, que aún mantienen abiertos sus colegios, con niños más allá del fin de semana y de las vacaciones. A ellos llegan cada día maestros que cruzan la provincia cargados con la ilusión de impartir una educación de cercanía, con edades diferentes y cursos mezclados en una misma aula. Es fácil enseñar allí las partes de una flor, el ecosistema de un río o los movimientos migratorios de las aves. Bastará con mirar por la ventana para ilustrar algunas de estas lecciones. Todos en el pueblo saben cuál es el nombre del profesor y su relación con las familias fluye a diario.

La pandemia ha llegado para dar la vuelta a la tortilla y que ahora sea el eco de la calidad de vida de los pueblos el que llega hasta las ciudades. «En realidad quedarse en el pueblo hoy en día es progresar», me dijeron el otro día. Y la escuela rural es progreso. Y futuro.
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