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Pueblos con.finados

Pueblos con.finados

OPINIóN IR

03/07/2020 A A
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Pueblos con.finados
Incluso ahora, cuando los ciudadanos han puesto en valor el mundo rural, convirtiéndolo en objeto de deseo y en su refugio favorito, ese maldito virus sin vacuna, llamado capitalismo, sigue activo y matando impunemente. Empresas que ya no ven negocio en pueblos semivacíos, escapan por el callejón de atrás, ajenas al daño que provocan. Y ya están lejos cuando su fuga protagoniza titulares: «El Banco Santander cierra su sucursal en Puente Almuhey dejando sin servicio al Alto Cea, eliminando hasta el cajero automático. Ahora sus clientes deben desplazarse a Guardo o Cistierna». Y a la par: «Feve-Renfe anula trayectos que comunicaban Guardo con Cistierna, cancelados por la pandemia, que ya no restablece, dejando al Alto Cea sin viajes». Demasiado maltrato a una comarca que han dejado embalsada en el vacío, con billetes de todo tipo en la mano, sin salida. Y mientras, los de la atalaya hablan y hablan de reunirse para hablar de rescatar pueblos, y ya de estar, hablan de hacer… y dicen… pero sin mover un dedo, que se nos metió el calor y no es plan de sudar el traje. Ante tanto agravio, apetece gritar a esos señores que basta ya de cuento. Basta de despreciar todo lo que esté detrás de un monte (monte: lugar de cacería).

Los pueblos no necesitan ser rescatados, con que no les roben sus servicios básicos les basta. Vergonzosa su labor si consiste en retroceder, en restar y destruir lo que otros construyeron para que las zonas rurales tuvieran escuelas, transporte, bancos y consultorios médicos. Si, ésos que el Sr. Mañueco, con un cóctel de cinismo y eufemismos, asegura que están abiertos, mientras se dan diagnósticos por teléfono y con más burocracia para conseguir cita con un médico que audiencia en el Vaticano.

Y por buscar alivio a tanto despropósito en la crónica rural reciente, uno se recrea con la noticia del reparto de libros a las bibliotecas rurales, por el ILC de la Diputación de León, en su campaña ‘Libros pueblo a pueblo’. Parece que el papel sí ha sobrevolado los montes. Libros de ida y vuelta, muchos de ellos, porque albergan tradiciones, culturas y cancioneros que ahora regresan a su tierra, con el valor añadido de la solera, gracias a la mimada selección de Emilio Gancedo, teniendo en cuenta la etnografía, historia y literatura de cada comarca. Un gesto precioso que alimenta el alma de esos pueblos tan castigados. Si como dijo Francis de Croisset, «la lectura es el viaje de los que no pueden tomar el tren», esos libros han llegado al lugar perfecto.
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