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Profesores eméritos en Educación Secundaria

Profesores eméritos en Educación Secundaria

OPINIóN IR

15/06/2019 A A
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Profesores eméritos en Educación Secundaria
En la universidad el estatus del profesor emérito está totalmente consolidado desde hace mucho tiempo. Con muy pocas variantes entre universidades el «emérito» (ex-meritus) es aquel profesor que se ha jubilado y como «premio a sus méritos» se le permite seguir ejerciendo de un modo parcial y libre alguna de las tareas que anteriormente llevaba a cabo. Las universidades tienen perfectamente regulados los requisitos para ser profesor emérito. Son personas con una trayectoria académica excelente que han logrado un reconocido prestigio en la docencia y en la investigación. Estos profesores aún se sienten con facultades para continuar aprovechando su larga experiencia. Los reglamentos universitarios establecen claramente las condiciones de régimen laboral, duración, tareas que pueden realizar, etc. Como premio al final de su compromiso se les concede el título de Profesores Eméritos Honorarios.

En el curso 2017-2018 la Consejería de Educación de Castilla y León creó la figura del profesor emérito también en la Educación Secundaria con el nombre de «profesores honoríficos colaboradores». Tengo que reconocer que, cuando apareció el curso pasado la normativa con todas las condiciones, a un buen grupo de profesores que podíamos reunir los requisitos nos ilusionó la idea. Queríamos poder seguir participando en actuaciones relacionadas con la formación permanente del profesorado de la Comunidad de Castilla y León después de la jubilación. Nos encantaba el reconocimiento de la Junta a los docentes jubilados de larga trayectoria académica marcada por la excelencia, cuya contribución al sistema educativo ha sido de reconocido valor. Deseábamos seguir aprovechando los conocimientos y la experiencia de toda una vida. Estábamos totalmente de acuerdo en colaborar con carácter voluntario, solidario y altruista.

En las reuniones de constitución de los equipos de docentes jubilados en los que la Junta nos devolvía la ‘venia docendi’ para seguir participando en actuaciones relacionadas con la formación del profesorado pudimos comprobar la ilusión y optimismo del nuevo estatus. Los que acabábamos de jubilarnos, pero llevábamos en el alma la «narcodependencia» de la educación, soñábamos con la idea de seguir siendo útiles mientras gozásemos de salud y fuerza para hacerlo.

La evaluación final no puede ser más negativa y triste. Todo ha quedado en papel mojado. Esta visión pesimista coincide con la de los compañeros que yo he consultado. La mayoría no hemos podido hacer nada porque nada se nos ha pedido. La frustración y el fracaso pueden verse reflejadas en la escasa demanda de solicitudes para el curso actual, apenas diez candidatos seleccionados para toda la Comunidad. Es evidente que algo ha fallado.

En mi opinión este programa es excelente, pero es necesario mejorar el proceso. Si se han seleccionado unos profesores honoríficos con experiencia confirmada y plenas garantías. Si se evalúa cada actividad para asegurar que la salud de los «eméritos» sigue siendo excelente. ¿Por qué no aprovechar tanta experiencia acumulada? ¿Por qué no dar una satisfacción a estos profesores jubilados que desean seguir siendo útiles sin cobrar ni un euro? ¿Por qué no prestigiar a este grupo de profesores que lo han dado todo en su vida laboral y que quieren seguir colaborando de un modo altruista?

Estoy convencido de que si no se mejora todo el proceso es mejor abandonar el programa. «No se puede dejar a estos profesores honoríficos colaboradores con la miel en los labios».
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