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Primavera feroz para Úrsula Rodríguez Hesles

Primavera feroz para Úrsula Rodríguez Hesles

OPINIóN IR

24/05/2019 A A
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Primavera feroz para Úrsula Rodríguez Hesles
Conocí su enfermedad por sus propios labios. Esta andaluza jienense, culta, traductora de Daudet, Óscar Wilde o J. M. Barrie se casó con el villafranquino Antonio Pereira a quien conoció en la cola del leonés Cine Crucero al haber puesto ambos los ojos en Casablanca y ésta haber leído su destino en la misma dirección a los veinte años. Hospitalizada escasas fechas atrás en el Monte San Isidro me comunicó su tremenda enfermedad con calma, desde una serenidad contagiosa, sin esperanza de proseguir mucho en esta orilla ni tampoco desearlo, tal vez reclamada por Antonio, fallecido hace una década. Lo cierto es que prefería irse en paz al encuentro con el gran amor de su vida, el hijo del ferretero, el viajante, el fundador de la tan exitosa como leonesa Organización Pereira, escritor sin remisión hasta su muerte cuya memoria ella ha honrado con ahínco ante todo mediante su trabajo en la Fundación Antonio Pereira de la que era vicepresidenta desde su fallecimiento, convocando, realizando variados actos, incluidos congresos nacionales e internacionales, exposiciones y publicaciones en torno a su obra que llevarán también su impronta andaluza. El mismo homenaje celebrado en Madrid, en el Instituto Internacional atestado de público perteneciente a todos los ámbitos para presentar su libro ‘Todos los cuentos’, en septiembre de 2012, día 26, o el habido el 25 de este mes abrileño en el Auditorio Ciudad de León, ‘Mucho cuento. Diez años con Antonio Pereira’ con motivo del décimo aniversario de la muerte del poeta o el fijado para el venidero 13 de junio, día de su nacimiento y santo, en Villafranca lo atestiguan con enorme asombro, dado que en estos últimos a diario, aunque recogido en silencio, Úrsula o Talula, como le llamaban los amigos, ya amanecía diariamente con la herida del vivir a cuestas.

Me comunicó su grave dolencia mientras merendaba unas apetitosas galletas con mermelada, despacio, el habla ya no era fluida. Yo había subido a visitarla por indicación de dos personas muy queridas tanto para ella como para mí , pues yo no me atrevía, dado que los médicos le indicaban reposo y hablar poco. Pero se trataba de proporcionarle una alegre sorpresa. Pues ese día, martes 28, en curso abril, se había publicado mi columna en La Nueva Crónica ‘Antonio Pereira entre la luz portuguesa y la española’ dirigida a ambos. Le gustó, sí. Conversamos de otros asuntos también y de vez en vez mirábamos por una hermosa ventana a un frondoso pinar por el que correteaban juguetonas, felices las ardillas. Estuvimos charlando despacio una hora. Luego me fui. Ella misma, en confianza, con su habitual cariño me lo ‘ordenó’. Volví a hablar otro día con ella por teléfono, muy poco, obedeciendo la pauta médica, otro me contestó a un Whatsapp. Lo demás fueron ya Whatsapp sin respuesta, el último viene firmado por la muerte. El reloj de Antonio que ella tenía muy apretado en su muñeca derecha el día de mi visita no se ha parado como su feble pulso, probablemente dure mucho, Úrsula, por el contrario se nos ha ido, rodeada de familia y amigos. Entre flores cuyo aroma triste expande un viento desde su soleada terraza por toda Papalaguinda sin poder explicar esta realidad ni su reverso hasta el río Bernesga con sus pasarelas enlutadas. Mientras un vuelo de mariposas monarca se dirige a las ventanas (ojalá pase pronto este tiempo de emociones a la deriva). Al otro lado del puerto, en Villafranca , en lo alto, realza el silencio la pena en un panteón en el cual beben luz tordos y pardales que antes cantaban con desparpajo. Alguien multiplicado por muchos que desconozco riega con llanto los tiestos en distintos lugares. Alguien multiplicado por muchos cuya fugacidad en el amor no existe. Samuel Rubio solemne, elegíaco y celestial como hizo en el funeral de Antonio en La Colegiata villafranquina solo que en la iglesia leonesa de San Claudio, obedeciéndote, ha tocado y cantado para ti. Hermosa ceremonia la del fin.
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